UN AÑO DE DESAFÍOS MENTALES

* Urge diseñar programas para evitar mayores daños que los causados por la pandemia.

En estos días se cumple un año del inicio de la pandemia en China. Ha sido un tiempo lleno de incertidumbres y desafíos para todos.


Estos meses han transcurrido de una manera mucho más extraña de lo que cualquiera hubiera imaginado. Hemos afrontado largos días de una nueva vida que no acabamos de entender del todo, y donde los obstáculos para realizar las actividades más elementales no parecen detenerse mientras se causan grandes estragos económicos en todo el mundo.


Es un hecho que el confinamiento prolongado ha traído problemas sicológicos derivados de este cambio de forma de vida tan abrupto. El miedo domina a muchos. Hay suficientes razones para ello: inseguridad frente al futuro, las graves consecuencias que se derivan a la enfermedad, temor a la miseria y a la pérdida del trabajo. Hasta es entendible que un gran número de individuos se resistan a creer el efecto devastador del virus y se nieguen a aceptar que se trate de una pandemia de las proporciones que hemos visto. Igualmente es frecuente que aparezca la depresión, con los riesgos de suicidio, consecuencias lógicas de los encierros prolongados. Muchas familias han perdido parientes y amigos cercanos y evidentemente no han recibido asesoría y orientación para elaborar sus duelos y, por lo tanto, subsiste en sus mentes la sensación de orfandad y abandono. Por otra parte, se ha vuelto habitual la intolerancia y agresividad incontrolable. Todas estas respuestas sicológicas no van a desaparecer, por arte de magia, cuando se vuelva a una nueva 'normalidad' que se parezca más a la que siempre se tuvo hasta antes del 2020.


Quedando claro que la salud mental de gran parte de la población mundial se ha visto afectada los organismos de salud internacionales vienen hablando de la urgencia de diseñar programas específicos y muy efectivos para evitar aún mayores daños de los que el Covid-19 que ya ha matado a millones de personas en el mundo.


Sin embargo, en Colombia, país donde es casi considerado normal tener problemas sicológicos graves, como consecuencia de una guerra interna política y social que lleva casi dos siglos. Parece ser que el actual gobierno no tiene ningún plan serio y eficiente para enfrentar la crisis de la salud mental que se viene sobre toda la población a pasos agigantados.

Muchos no han recobrado sus trabajos y además la clase media no ha recibido ningún tipo de auxilio, cayendo muchas familias en lo que se denomina 'Pobreza oculta'.

Las ya conocidas desigualdades sociales se han incrementado. Esta situación es preocupante, dado el hecho de que este es un país donde cerca del 70% de población vive en la pobreza y subsiste gracias a lo que se denomina el 'rebusque'. Adicionalmente, es frecuente que por estos días sólo un miembro de una familia sea productivo. En contraste sólo recibieron auxilios y prebendas los grandes grupos financieros y los empresarios multimillonarias y el resultado es que el hambre se ha disparado. Muchos no han recobrado sus trabajos y además la clase media no ha recibido ningún tipo de auxilio, cayendo muchas familias en lo que se denomina 'Pobreza oculta'. La situación crea aún más caos mental en los ciudadanos colombianos.


Los psiquiatras y sicólogos saben muy bien que los tratamientos a esos problemas mentales, no se solucionan con dos o tres horas de terapia. Ni aún en tiempos menos caóticos que los actuales las soluciones se consiguen en meses y menos en días. Pero las políticas de salud pública no lo han contemplado así jamás. Las EPS, solo permiten unas pocas sesiones muy espaciadas, de tal forma que sólo tienen posibilidades de mejoría quienes están en capacidad de pagar un tratamiento privado. Por lo tanto, si no se modifican estas condiciones creadas desde hace décadas es muy posible que se vuelvan más graves.


Es un hecho que la violencia de los colombianos está fuera de control desde hace años. Es claro que eso proviene, en alto porcentaje de la zozobra constante por la desigualdad social y los abusos del poder sistemáticos. La pandemia incrementaría esta situación de manera exponencial. Ya es hora de que exijamos que se proteja no sólo la salud física sino también el bienestar mental. No olvidemos que estamos hablando de un derecho fundamental que está consagrado en nuestra Constitución y, por lo tanto, es obligación del Presidente y todos sus funcionarios garantizar que las leyes que nos protegen se cumplan. No da espera cumplir con este mandato para en verdad este sea un Estado Social de Derecho y en verdad seamos un país democrático.


Cartagena, 9 de febrero de 2021