Breve Crónica de las Tertulias y Cafés

* En Cartagena de Indias y en otras regiones del Mundo.

En mis tiempos de estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena existían algunas cafeterías en el centro amurallado, entre ellas recuerdo la Cafetería Sucre, en la Calle de San Agustín Chiquito y la Cafetería Colombia, ubicada en la Calle Estanco del Aguardiente, al lado de la Residencia Ensueños, uno de los más famosos celestinaje de aquellos días memorables. Eran tertuliaderos especiales de Maestros y estudiantes, a donde se iba a defender las ideas de cada grupo político mientras bebíamos tintos y agua, agua y tinto, se hablaba del Tuerto López y de su grupo de intelectuales reunidos en el Bodegón, de la Historia de Cartagena, se armaban discusiones acerca del imperialismo norteamericano, de la Unión Soviética de Lenín, de la revolución cubana, de la China de Mao y de los movimientos revolucionarios del país, hasta que los administradores de aquellos lugares memorables, que también participaban en las discusiones, nos echaban porque consideraban que esas reuniones le daban pérdida al negocio.


Es importante anotar que cafés y tertuliaderos,[1] sitios preferidos para comerciantes, políticos, amantes, empresarios, estudiantes y toda clase de persona que desean intercambiar opiniones, discutir temas científicos, hacer negocios de cualquier índole, planear robos al erario, realizar estafas, leer gacetillas y periódicos, estudiar temas, acordar infidelidades y perpetrar toda clase de tratos, existen desde hace más cinco (5) siglos, de acuerdo con informaciones y datos de los libros de Historia, pues la costumbre de beber café y hablar de comercio y guerra, guerra y comercio, amores y trampas, trampas y amores, aparece más o menos a partir del siglo XV por un Mollak,[2] llamado Cadalli, que era protegido por media docena de dervires que bebían el café con ansias infatigables.


En tiempos de la colonización, en Cartagena de Indias, existieron las Pulperías y los Estanquillos, la más famosa fue la Pulpería del Corsario, sitio predilectos para gobernantes, piratas, filibusteros, y en especial para el inquisidor del momento, siendo Don Juan de Mañozca,[3] uno de los más asiduos visitantes, ya que de tarde en tarde iba acompañado de su séquito de palafreneros a beber café, aguamiel, sidra, pulque y otras bebidas que se servían en esos locales, mientras urdía las trampas para cazar brujas y zánganos en la región de Santiago de Tolú. Algunas Crónicas de aquellos días, mencionan La Pulpería del Corsario,[4] estaba ubicada muy cerca de la factoría de los esclavos, y era sitio obligado de reunión de españoles y franceses, bucaneros y filibusteros activos, mercaderes y comerciantes, ñustas y naborías, prostitutas y meretrices, esclavistas y ladrones, muchos de los cuales holgazaneaban, otros hablaban de las guerras que sostenía España contra las potencias europeas de esos días, mientras la gran mayoría de aquella prole de holgazanes fumaba tabaco y jugaba al albur, un juego de cartas muy practicado entre los europeos, y que también dominaban ciertos criollos de la ciudad.


Según se conoce a través de la historiografía del Café, fue la ciudad de la Meca la que inauguró esta clase de negocios públicos, en donde se reunían sus habitantes, especialmente mercaderes a beber café, jugar, analizar y discutir lo que sucedía en el mundo, disfrutar del canto de alguna joven zagala y de la armonía de algunos instrumentos musicales. De la Meca pasaron a Medina y de allí siguieron su recorrido a la ciudad del Cairo.


Aunque se desconoce el año de su aparición, el primer cultivo de Café se produjo en Arabia, no obstante, también se ignora su fecha como su uso para la bebida. Es importante anotar en esta Crónica, que en la antigüedad los abisinios se pelearon la tutela del café y atribuían su descubrimiento al Abad de uno de sus monasterios, que al observar que sus cabras cuando comían el fruto de la planta de café estaban más agiles, despiertas y juguetonas, eso lo llevó a darle la fruta cocida a su prole de monje holgazanes, obteniendo buenos resultados.


Acerca de la llegada a Europa y posterior traída a América, fueron los comerciantes holandeses los primeros que llevaron el café á Batavia,[5] y de allí lo trajeron a América, primero a las Islas de las Antillas y después se regó por todo el Continente. Para esos días el mejor café era el que se cultivaba en Moka, una ciudad de la Arabia feliz.

Según se conoce a través de la historiografía del Café, fue la ciudad de la Meca la que inauguró esta clase de negocios públicos, en donde se reunían sus habitantes, especialmente mercaderes a beber café, jugar, analizar y discutir lo que sucedía en el mundo.

En 1554 comerciantes de Siria hicieron conocer en Constantinopla por primera vez las admirables propiedades del café. Se establecieron ventas de dicha bebida al público, que comenzaron a distinguirse por las atenciones, la prontitud con que se servía el café y el precio módico de un aspre[6] que se exigía por cada taza, lo que atrajo rápidamente a más visitantes, es especial literatos, poetas y otra gente bien acomodadas.


El café en esos tiempos desató la más notable fiebre por beberlo por las personas y familias más adineradas, pero también fue penalizado por un Gobernador de la Meca, que prohibió su consumo y quien lo hiciera violaba la ley del Profeta. Con el paso del tiempo, bebida se hizo popular en las caravanas que iban a la Meca y cruzaban el mar Rojo.


En Constantinopla y otras ciudades del imperio Otomano, la proliferación de estas casas llamó la atención del Gobierno, y el gran Solimán hijo de Selim II, consideró que era necesario que el Muphti,[7] declarara que el café estaba comprendido entre los licores privados por la ley de Mahoma.


En la antigua Grecia, en tiempos de Homero y Hesíodo, los sitios de reunión, además del Ágora, eran unos edificios públicos que se llamaban Lesches, construidos para que las personas se reunieran, y mientras tomaban alguna bebida, hablaban de lo que acontecía en el Mundo. En algunas ciudades, había Lesches,[8] para personas jóvenes y para personas mayores. En Lacedemonia, había un Lesches para la reunión de magistrados donde tomaban toda clase de bebidas. Pero los griegos de esta época no conocieron el café.


Tertuliano[9] iniciaba sus conversaciones, que la historia ha llamado Tertulias, con la palabra SCYTALOSAGITTlPELTIGER, que está formada con los tributos de Hércules: Skitalon, mata; agita, flecha; pella, escudo.


Antiguamente eran llamadas Basílicas,[10] algunos edificios públicos, a donde acudían hombres de negocios, literatos, clérigos, pensadores, gobernantes a hablar de sus temas en particular que comenzaron a construirse bajo el mandato del emperador Basilio. Las Basílicas se dieron especialmente en las ciudades portuarias. En Italia se llamaban Logia, en Francia Logge y en España Lonja. Los antiguos las llamaron basílicas por ser edificios reales y llamarse el rey Basilio en lengua griega Basilicus. Había a veces en el extremo de las mismas basílicas una especie de salones con asientos y otras comodidades, a semejanza a los cafés y fondas de la época, llamados calcídicos, nombre cuyo significado se ignora, allí entraban los comerciantes y otra gente ávida de noticias. Estos edificios tenían tres secciones, la primera para los Magistrados, la segunda para los jueces y la tercera para reunión del público. En Roma las Basílicas, inicialmente fueron sitios de comercio o de Bolsa.[11]


Son famosas las reuniones de los Adamitas,[12] herejes que andaban desnudos como Adán y Eva en el Paraíso, creyéndose restablecidos en el primitivo Estado de la inocencia original, a la que combatió Tertuliano con su séquito de obispos.


Entre los tertuliaderos famosos de la Europa palaciega se encuentra el de Ana Luisa Germana Necker, Baronesa de Stael-Holstein, siendo ella una de las personas que más influyó en el reinado de Luis XVI, ya que en su casa se realizaban las tertulias del Directorio para defender al monarca de los ataques del Club de Clichy.


Las ciudades colombianas no han sido ajenas a esta clase de negocios, en Cali hasta hace poco existió el Café de los Turcos, que desató una polémica cuando fue cerrado y luego demolido. El Automático de Bogotá es famoso porque durante varios años fue el tertuliadero de grandes personalidades, entre ellas el Poeta León De Greiff, Juan Lozano y Lozano y Leo Matiz.


En Montería -según se desprende de algunos escritos, cedidos gentilmente por el Historiador Alexis Jattin- hubo una proliferación de cafés selectos, entre ellos Tosca, una cafetería famosa porque fue la primera que puso de moda poner las sillas en la acera de la calle. En ella se realizaban toda clase de negocios, desde la venta de un pastel, hasta la compra de un hato de ganado cebú. Y La Paridad, sitio habitual de reuniones de los intelectuales de la ciudad, cuyos temas de la tertulia eran la creación entre los escritores del momento.


Con la navegación en el Río Grande de la Magdalena, los pueblos de su ribera también tuvieron su época dorada con la llegada de la navegación fluvial. Barranquilla, Calamar, Plato, Zambrano, Magangué, Talaigua, Mompox, El Banco, Barrancabermeja, Girardot y Honda, entre otras fueron conglomerados que se hicieron famosas por sus fondas y café tinto endulzado muchas veces con turrón de panela.


Aunque hoy se anuncian y se mencionan los más famosos cafés del mundo y en la mayoría de ciudades y pueblo hay un café o tertuliadero, quizás ninguno se iguala a los que surgieron en el siglo XV, cuando en tropel los habitantes de las ciudades de La Meca y de Moka, y de otras Urbes ubicadas a orillas del Mar Negro, se lanzaban en tropel en las horas de la mañana antes de que Aurora, la de los dedos de rosa unciera los caballos al carro de Helios y mucho menos a la Gloriosa Cafetería Sucre y tampoco la Cafetería Colombia, ambas atendidas por eminentes personajes que antes de echarnos de esos lugares maravillosos intervenían como grandes palabreros en el ameno tertuliadero.


Cartagena de Indias, 24 del mes del Bifronte Jano, 2 año de la Pandemia



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[1] Reuniones que realizaba Tertuliano con sus obispos para analizar temas relacionados con los milagros de Jesús y avances del naciente cristianismo. Por antonomasia a algunos sitios de reuniones se les llama tertuliaderos.

[2] Dignidad religiosa muy considerada entre los mahometanos. Los Mollaks, eran elegidos por el Gran Señor entre los muderis.

[3] Inició la persecución a los cristianos nuevos en Cartagena. Fue el fundador del Santo Oficio (1610) e inició la persecución a muchos comerciantes y mercaderes para apropiarse de sus bienes. [4] Tema no comprobado.

[5] Nombre que los romanos daban a los países bajos.

[6] Moneda antigua que circuló en algunas regiones de Asia y de Europa.

[7] Llamado también Vicario de le ley, jefe de la religión y soberano pontífice los soberanos

[8] Diccionario Histórico Enciclopédico – Tomo II – Por D.V.F y C. – Barcelona, 1831.

[9] Tertuliano, (Quintus Septimius Florens Tertullianus), Cartago, hoy desaparecida, actual Túnez, h. 160 - id., h. 220) Apologista cristiano considerado el máximo representante de la literatura cristiana anterior a San Agustín.

[10] Diccionario Histórico Enciclopédico, Tomo I – 1828, página 279.

[11] En Turquía, en la antigüedad, suma de 500 Ducados. Nombre que dieron en Brujas, ciudad de Flandes, al lugar sonde los banqueros realizaban sus operaciones.

[12] Diccionario Nacional o Gran Diccionario de la Lengua Española - Tomo I, Don Ramón Joaquín Domínguez, Madrid, 1818.

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