VIOLENCIAS CONTRA LA NIÑEZ


En época de Covid-19, hay temas que son invisibles para el país.

Todos estamos tratando de sobrevivir, buscando cómo nos salvaguardamos de un virus que se ha llevado la vida de personas cercanas a nosotros. Es por esto que la violencia intrafamiliar se ha convertido en un secreto a voces. Mujeres, niñas y niños están en sus casas conviviendo a diario con sus agresores, ya sea a causa de violencias físicas o de violencias sexuales.

Durante el primer trimestre de la pandemia se evidenciaron cifras escalofriantes que demuestran que la atención de violencias al interior de los hogares, por parte de las entidades competentes, se ha incrementado de manera inusual.

Entre marzo y abril del presente año se recibieron 2.964 (en promedio 128 diarias), –valga la pena mencionar las cifras suministradas por la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer–, mientras que en el mismo período de 2019 se recibieron 1.201 llamadas efectivas a la línea de orientación a mujeres víctimas de violencia (en promedio 52 diarias), demostrando que el número de llamadas aumentó en un 147 por ciento, según indica la Consejera Presidencial.

De igual manera, según el Bienestar Familiar (ICBF), 28 menores de edad son víctimas de violencia sexual cada día. La mayoría son agredidos por personas de su núcleo familiar cercano. Si en épocas de ‘normalidad’ estos casos son difíciles de prevenir o de intervenir, en época de pandemia se agrava situación porque ya es difícil suplir los mínimos vitales como alimentación y vivienda, para arriesgarse a denunciar en épocas de pandemia arriesgando el sustento diario. Además, cuando se atreven a denunciar, el sistema revictimiza y no realiza una protección efectiva y restablecimiento de los derechos a las víctimas de estos delitos, que a mi parecer son atroces e imperdonables. Lo sostengo, como madre, como abogada y como defensora de derechos humanos.

Uno de los espacios seguros que tenían los niños agredidos física y sexualmente eran las escuelas, pero el acceso a estas no es viable por la pandemia. Es importante exaltar la labor de los maestros que suelen ser sus referentes sociales, emocionales y de protección. Hoy, por la distancia, la falta de acceso a la tecnología y el temor que tienen a sus agresores los hacen aún más vulnerables.

Muchos de los mayores problemas de violencias están en los estratos tres, cuatro y cinco, en los que se desarrollan violencias ocultas detrás de pobrezas ocultas.

Hoy los exhorto a apoyar a comunidades y a las familias, a que denuncien, a que llamen a los agentes estatales, a las líneas dispuestas para tal fin. Es mejor pecar por exceso, por sospecha, a esperar una agresión que no tenga solución.

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