URGE CONSTRUIR CULTURA DE PAZ

* El principio de la no violencia propone incentivar la tolerancia y el respeto por las diferencias.

"La no violencia es un arma de los fuertes”, afirmó Mahatma Gandhi, en honor a quien Naciones Unidas designó el dos de octubre como el Día Internacional de la No Violencia. Gandhi, nacido ese día de 1869, se comprometió a combatir toda forma de violencia al liderar el movimiento de independencia de la India. La premisa de la filosofía de la no violencia explica que quien es fuerte espiritual, ideológica y socialmente no debe recurrir a la violencia para validar sus argumentos o conseguir un objetivo.


El principio de la no violencia propone la divulgación de la cultura de paz, incentivar la tolerancia y el respeto por las diferencias, lograr consensos y entendimiento como fórmula a las desavenencias y practicar la no violencia en toda actividad.


Ello implica que la no violencia no sólo se refiere a hechos físicos o a enfrentamientos bélicos entre adversarios o enemigos. No. Urge entender que la no violencia también es indispensable en la vida cotidiana, para que no se siga reproduciendo la violencia verbal, particularmente en escenarios públicos o masivos, como son los medios de comunicación o las redes sociales. Para que las Fake News, los agravios y los insultos sean desterrados de la forma de comunicar mensajes -políticos o no- a través de las redes. Precisamente, decía Gandhi que “la verdad y la no violencia son inseparables y se presuponen mutuamente”, cuando aún el internet no masificaba los discursos.


Igualmente se trata de una máxima de extraordinaria vigencia cuando seguimos encontrando en los medios de comunicación y las redes sociales palabras y mensajes ofensivos en contra de oponentes, en contra de periodistas, gobernantes y políticos, en contra de quienes opinan diferente. Construir paz exige que los colombianos reflexionemos respecto de lo que queremos ser como nación, para superar décadas de violencia armada, de odios desenfrenados, de rabias y deseos de venganza aunados, en no pocas ocasiones, a la financiación procedente de los turbios negocios del narcotráfico.


El principio de la no violencia descarta totalmente, sin excepción posible, el uso de la violencia física como camino para lograr un cambio social o político. Pero, insisto, no sólo debemos referirnos a la urgencia de erradicar la violencia física, pues no debemos olvidar que las violencias verbales o psicológicas incitan y promueven la violencia física, e incluso, la violencia bélica.

Construir una cultura de paz que conlleve al desarrollo sostenible de la población es y debe ser deber de todo colombiano, no solo de quienes ejercen los gobiernos.

La no violencia, en oposición a los conflictos armados, enfrenta los conflictos por medios pacíficos. Según Naciones Unidas, entre las categorías de acciones de no violencia se hallan las protestas y actos de persuasión contra hechos que generan tensión social o conflictos. Es decir, marchas y plantones, entre otras manifestaciones colectivas.


La historia del siglo pasado nos deja, entre muchos otros, cuatro eventos que ejemplifican la práctica de la no violencia: las 17 huelgas de hambre que desarrolló Gandhi (siendo la más importante la que realizó durante seis días logrando que el gobierno ingles derogara las normas que limitaban las libertades civiles de los ciudadanos indios); la Marcha de la Sal, adelantada por Gandhi el 12 de marzo de 1930 en contra del monopolio británico sobre ese elemento; la Marcha del silencio, liderada por Jorge Eliécer Gaitán y realizada el siete de febrero de 1948 en Bogotá (denunció en su discurso ‘Oración por la Paz’ la violencia ejercida contra miembros del Partido Liberal); y la marcha a Washington, convocada por Martin Luther King en 1963, quien pronunció su famoso discurso ‘Tengo un sueño’ (a favor de los derechos civiles de Estados Unidos, particularmente en contra de la segregación entre blancos y negros).


El principio de No Violencia no busca ni propone que la ciudadanía sea pasiva o sumisa ante las decisiones de quienes gobiernen, sino que participe activamente en la propuesta y búsqueda de soluciones a los problemas sociales sin propiciar actos que impliquen violencia, o afecten la integridad de las demás personas. Construir una cultura de paz que conlleve al desarrollo sostenible de la población es y debe ser deber de todo colombiano, no solo de quienes ejercen los gobiernos.


Sin embargo, al Gobierno, por cuanto posee el monopolio de las armas establecido por el artículo 223 de la Constitución Política de Colombia, le compete hacer uso legal de las mismas. Dicha norma de la Carta Magna ordena que “Sólo el Gobierno puede introducir y fabricar armas, municiones de guerra y explosivos. Nadie podrá poseerlos ni portarlos sin permiso de la autoridad competente”. En consecuencia, los agentes legalmente instituidos del Estado están obligados a dar uso necesario, proporcional, racional y controlado de las armas u municiones que las han entregado para garantizar la vida de los colombianos, la democracia y la institucionalidad. Es decir, las armas de la República siempre deberán estar al servicio del pueblo, jamás para incentivar violencia a través del exceso en el uso de la fuerza.