SOBRE EL CONFLICTO ARMENIO-AZERÍ


Pocos escenarios geopolíticos despiertan hoy tanto interés como el conflicto entre Azerbaiyán y Armenia, no solo por la violencia y frontalidad con que se viene desarrollando y la escalada que promete en corto tiempo, por la historia cultural religiosa y étnica que arrastra, por sus implicaciones en todo el territorio en donde tiene lugar, sino por los actores con gran influencia regional que están detrás, de una u otra manera.


Armenia cuenta con un aliado estratégico importante que es Rusia, y aunque es bien sabido que Moscú vende armas a toda la región, incluido Azerbaiyán, se sabe también del compromiso que ha forjado Rusia a través de sus acuerdos militares y sus posiciones diplomáticas, bien conocidas en escenarios internacionales como la ONU a favor de los armenios. Incluso en el año 2015 el presidente Putin en Ereván afirmo que el genocidio de este pueblo, perpetrado por los Otomanos, había sido una tragedia que Rusia había asumido como propia. De allí que se espere en todo momento que la posición de este aliado armenio se manifieste en algún sentido.


El problema para Rusia a la hora de asumir una postura clara frente este conflicto radica precisamente en el pacto explicito e implícito que existe entre Azerbaiyán y Turquía. El país otomano ha establecido una alianza tan profunda con los azeríes que permite el desplazamiento abierto de tropas y equipamiento militar turco para enfrentar a Armenia. El punto es que Rusia, pese a todo lo que se diga, e incluso pese a lo ocurrido en noviembre de 2015 cuando los turcos derribaron un Su 27 ruso en la frontera con Siria, mantiene una alianza estratégica con Turquía que se ha hecho evidente en dos hechos puntuales: la venta de los sistemas antiaéreas S400 y el llamado Turkish streams, gasoducto que permitirá el transporte de gas ruso a Europa desafiando abiertamente los intereses norteamericanos y de paso la estabilidad de la OTAN.


Lo más interesante es que Turquía, siendo parte de este último organismo, y siendo también el tapón geográfico de buena parte de las migraciones que se dan desde el Medio Oriente a Europa, ha sido arrastrado por el juego ruso a una posición en la que ha empezado a actuar paulatinamente en contra de Occidente. En estas condiciones no parece factible un enfrentamiento entre las dos potencias regionales más importantes que rodean el Cáucaso, menos cuando Turquía enfrenta problemas serios en Siria, Irak y Libia, tomando parte directa de los conflictos que allí se desarrollan. Sin embargo, es menos probable aun que alguno de los dos este dispuesto a ceder por la importancia del territorio que esta en juego y por la necesidad de mostrar dominio y fortaleza en la guerra más importante que se haya dado entre dos naciones en el último tiempo.

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