SIN PERDERSE EN EL CAMINO

* Invitación a no ceder a las presiones sociales.

En estos días regresó a mí, un video hermoso en el que se habla de la búsqueda de la pareja.


La entrevistadora inicia su intervención preguntando por los errores que cometemos cuando buscamos pareja. Muy sabiamente, la entrevistada contesta: “la pareja no se busca ni se encuentra. Las parejas se construyen, y se construyen en el largo plazo”. La forma de relacionarse es nutriéndose uno al otro. No debemos cambiar nada, no se debe esperar nada, no se debe ceder en nada -no es una competencia-. En las relaciones debemos ser nosotros mismos, no lo que esperan de mí, o en lo que quieren que me convierta.


Esto se aplica en todo tipo de relaciones, amorosas, familiares, sociales, laborales, académicas y de amistad. El primer espacio es el hogar. En este siempre hay peticiones a las que cedemos para hacer más llevable la convivencia. Nuestros padres, hermanos, parejas y hasta nuestros hijos quieren que cambiemos.


Cuando observamos a nuestro alrededor, los preceptos sociales y culturales nos obligan a cambiar nuestra vestimenta, el escote, el largo de la falda, lo apretado de nuestros pantalones, los pasatiempos y hasta la forma de reír.

Para las mujeres es un poco más difícil porque debemos ocultar la panza, las estrías, subirnos los senos, ocultar las arrugas y que las canas no se noten. Si nos gusta alguien debemos disimular y evitar ser ‘coquetas’. Si se desea a alguien, hay que ocultar las ganas, porque podría terminar como ‘vagabunda’, entre otros adjetivos. Si bebemos mucho, no lo hagamos en público, intentemos que no se note, hacerlo en privado y ojalá que nadie se dé cuenta, ni el círculo cercano, porque “eso no es de damas”. Si tenemos hijos debemos cambiar las actitudes, porque ellos están viendo nuestros actuares. Si trabajamos, cambiamos porque podríamos perder el empleo por ser como somos. “Calladita te ves más bonita”, dicen por ahí. Y así, poco a poco, nos vamos ocultando tanto, que un día -sin pensarlo- no nos reconocemos.


Ya no eres tú, ese ser maravilloso y perfecto que te demoraste en construir, deconstruir y volver a armar una y otra vez.


Para todo está la justificación perfecta. No quiero estar sola, necesito una pareja. Necesito el trabajo. Es que mis hijos están de por medio. Vamos perdiéndonos en el camino, justificándonos para no lastimar a los otros, sin darnos cuenta que los más lastimados somos nosotros mismos.


En estos días, durante los cuales las relaciones son aún más difíciles, durante el día a día entre el encierro, el temor y la incertidumbre que nos abruma a causa de la pandemia generada por el Covid-19, debemos volver a nosotros mismos, a defender nuestro ser, nuestro yo, a crecer nuevamente en la libertad de ser quienes somos, de reconstruirnos.

Las relaciones deben estar construidas a largo plazo, de manera conjunta. Una relación humana simplemente.

Enamorémonos de nosotros mismos. No nos perdamos en la necesidad social de encajar, de pretender que el amor está condicionado a lo que el otro quiere que nos convirtamos, vivamos como somos y disfrutemos a quienes nos rodean.


Las relaciones deben estar construidas a largo plazo, de manera conjunta. Una relación humana simplemente.


Formada siempre en los valores e intereses de ambas personas. Sin apocar al otro. En mi diario vivir, las relaciones funcionan de esta manera, en especial la que tengo con mi hija, a quien admiro y apoyo, porque a pesar de su corta edad, entiende que no debe ceder ni castrarse por complacer.


Quiero hacer un llamado especial a todas las mujeres que ceden su esencia, por sus parejas, sus familias, sus hijos, la sociedad o por su trabajo. Que sepan que cada vez que ceden se hacen más pequeñas, que su ser se pierde y que cuando se miren nuevamente, posiblemente no se reconozcan. Se puede triunfar sin necesidad de perderse en el camino. 'Para la muestra un botón', decía mi abuelita.