MENORES ANTE EL USO Y ABUSO EN INTERNET

* Francisco Javier Vera, un niño de 11 años, fue terriblemente amenazado a través de redes sociales.

Francisco Javier Vera, niño de 11 años que hoy es catalogado como “niño ambientalista colombiano” recibió amenazas en una red social. Acto absolutamente reprochable y que debe ser investigado de manera inmediata, individualizando al responsable y judicializándolo. Además de ser un acto que exalta la violencia en contra de niños, niñas y adolescentes, está penalizado en Colombia. El comentario, además de fuerte, es explícito: "qué ganas de desollar al hijo de puta este. Tengo un deseo de escucharlo gritar mientras le corto los dedos para ver si va a seguir hablando de ambientalismo y dignidad". Este mensaje no debe ser dirigido ni a un niño, a un adulto, a nadie. Dejo en claro que rechazo rotundamente estos hechos e insto a las autoridades que lo esclarezcan con celeridad.


Pero el tema que quiero abordar hoy, es por qué un niño de once años tiene ese fácil acceso a la red, y cuál es nuestra responsabilidad como padres en estas situaciones. Mi hija tiene la misma edad y, obvio, hay pelea diaria por el uso de las redes sociales, su autonomía y responsabilidad –al día de hoy no maneja ninguna red social y su navegación en el internet tiene tiempos y está supervisada– . Aún así, soy una mamá con una intensidad absoluta en este tema.


Existen muchos estudios sobre la edad en la que los menores pueden acceder a celulares –de 10 a 12 años–, a las redes sociales –debe tener más de 14 años– porque internet, las redes sociales, generan riesgos graves. En las redes existen pedófilos al acecho para poder atrapar niños y niñas. En este caso es importante recordar que cuando se publica una foto en internet se pierde el control sobre su difusión y duración, y aunque se borre, no desaparecerá de la red. A los once años, –edad de Francisco– los niños están entrando en la preadolescencia, es decir, su parte social es indispensable, la necesidad aceptación en entornos sociales determinados, la vergüenza se hace más notoria y se está configurando individualmente el concepto de amigos –cómo quiero que sean mis amigos–. Por eso, en esta edad es tan importante tener claro que, a quienes se conoce por internet no son amigos, son desconocidos en la vida real y pueden llegar a alabar tus acciones o acabarte con palabras e improperios.

Existen muchos estudios sobre la edad en la que los menores pueden acceder a celulares –de 10 a 12 años–, a las redes sociales –debe tener más de 14 años– porque internet, las redes sociales, generan riesgos graves. En las redes existen pedófilos al acecho para poder atrapar niños y niñas.

Han surgido muchas formas de violencia y acoso en las redes: el ‘Ciberbullying’, palabra que ya es de uso normal en nuestro vocabulario. Es el acoso entre niños, niñas y adolescentes y, como se ha documentado, causa efectos terribles no solo a ellos, si no a la familia y su entorno social. Muchos jóvenes, cada vez con menos edad, han optado por el suicidio por casos como este. El ‘Grooming’, por su parte, es una práctica en la que un adulto se gana la confianza de un menor con propósitos exclusivamente sexuales. Muchos padres creen que sus hijos están capacitados –porque ellos los han entrenado– para ver este tipo de acciones, pero déjenme decirles, que quienes practican esas dolosas conductas han creado redes exclusivas de manejo y estudio en el comportamiento de los menores. El ‘Sexting’ es muy común en jóvenes. Es el intercambio de fotografías y/o videos de contenido erótico o sexual, que luego usan para extorsionarse entre ellos. Los efectos sicológicos son muy grandes y han llegado a intentos de suicidio y a acabar la vida social y la salud mental de muchos jóvenes víctimas. El ‘trolling’ (o ataque online) es una manifestación que se ha popularizado en foros de internet, páginas de Facebook y en los comentarios en las versiones digitales de revistas y periódicos, que son bombardeados con insultos, provocaciones y amenazas. En muchas ocasiones el ataque deriva por su género, orientación sexual o manera de ver la vida.


Además, quiero contarles que cada vez es más fuerte y grande la red de prostitución infantil, que usa la red como medio para alcanzar sus fines. Se ha sabido por medios de comunicación que algunas de las redes que han sido detectadas –y tal como lo narran– son escabrosas. La virginidad de niños y niñas es vendida desde los seis o siete años y de ahí en adelante es un suplicio de drogas, esclavitud y vejámenes inimaginables.


La trata de personas es un delito que se ha expandido por el mundo entero. Por medio de las redes internacionales buscan niños y niñas –ellos ya conocen los perfiles más vulnerables, ya sea por temas socioeconómicos o por vanidad–, les ofrecen lo que esos niños, niñas y adolescentes están anhelando y ahí extienden sus esfuerzos para llevárselos.


Pero no solo nos centremos en los menores. A los adultos mayores los estafan por medio de la red, les roban sus claves, los vinculan a negocios que no existen, a las personas de mediana edad también nos jaquean las cuentas e intentan extorsionar a nuestros amigos y familia –en mi núcleo familiar ya ha pasado– con situaciones cercanas a lo que están viviendo, las personas dueñas de los perfiles.


Se me viene a la cabeza Greta Thunberg, una niña –aunque era más grande para ese tiempo que Francisco– a quien pusieron como la imagen de una lucha ambientalista mundial. Le generó un cambio estructural en su vida, privarse de la escuela, los amigos, los juegos, el baile del colegio, los enamorados... lo que es normal en una joven. Pero, cada vez que pienso en ella, recuerdo los insultos que recibe a diario en la red, los más usados son: 'estúpida', 'histérica', 'puta', 'majareta', 'loca', 'patética' y 'marioneta'. Otros tantos la critican por su ausencia al colegio, por el síndrome de Asperger que sufre y por su modo de viajar por el mundo. Si lejos del foco mundial, las criticas nos afectan a las personas del común, debe haber una gran afectación en este tipo de insultos constantes, permanentes, reiterados e hirientes en una adolescente. Es preciso anotar que niñas y mujeres que realizan denuncias o expresan opiniones, a menudo son atacadas en internet, con la intención de intimidarlas y silenciarlas.


En un país como Colombia donde los defensores de Derechos Humanos, los Ambientalistas, los Firmantes de la Paz, los líderes y quienes expresan opiniones políticas específicas están siendo asesinados y los que no, somos amenazados, es importante hacer un alto en el camino y replantear la necesidad de involucrar a un niño tan pequeño en este turbio mundo de las redes sociales.


No justifico el hecho. No debería pasar ni un solo asesinato por estas causas, pero pasa a diario y nos siguen matando. Si a mí, con los 44 años que tengo, trabajando en Derechos Humanos, viendo lo que he visto en esta carrera, me amenazaran de la forma que lo hicieron con Francisco, estoy segura que el temor se apoderaría de mí y me afectaría terriblemente en mi diario vivir, en mi comportamiento, en mi parte sicológica. No me imagino que ha hecho con un niño de once años, que insisto está en edad de disfrutar parques, paseos, reuniones con sus amigos, creciendo sano física y emocionalmente.


Obvio, la internet nos ha facilitado la vida desde su invención. No quiero satanizar en este escrito sus beneficios, quiero que seamos conscientes que igual, existen graves peligros en su uso. Es por eso que exhorto no solo a los padres de Francisco, si no a todos los papás del mundo, para que dejen a sus hijos disfrutar de la niñez, que no los expongan de esta manera a la red, a lo oscuro, a la agresión y que en caso de no hacerlo de manera absoluta, sí minimicen los riesgos.


A los once años, los niños deben estar divirtiéndose, riendo, buscando amigos reales, tratando de encajar –paso normal en la preadolescencia–. En este momento de pandemia en el que la virtualidad es la normalidad de todos, incluyendo los niños y niñas, debemos exacerbar esfuerzos por protegerlos aún más de la internet y eliminar el uso de las redes sociales de los menores hasta que cumplan, al menos, 14 años, como dice la legislación.

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