LOS MICROMACHISMOS

* Obedecen a predisposiciones sociales y hábitos frente a las mujeres, normalizados y permeados por la sociedad.


Esta columna se ha convertido en un medio de expresión maravilloso para hablar, a través de mi cotidianidad y mi visión como mujer, sobre el mundo que me rodea. Gracias Carmen Peña Visbal, porque con amor, sin censura, sin sesgo, me has permitido expresarme de manera libre. A ti, Carmen, mi agradecimiento infinito, porque nos cruzamos en la vida por micromachismos, violencias laborales ejercidas en contra de la mujer . Gracias a tu ayuda, bondad y fortaleza logré zafarme de un jefe machista y misógino que ejercía el poder de manera autoritaria en contra de las mujeres de su entorno.

No había escrito nada feminista en mi columna. Obvio soy feminista. Como dijo Maya Angelou, “Claro que soy feminista. Llevo bastante tiempo siendo mujer, sería estúpido no estar de mi propio lado”.


Esta historia nace por la animadversión de un profesor a mi hija, porque ella se ha defendido enfáticamente de posturas discriminatorias. Lo digo con orgullo desmedido por mi hija quien, a pesar de su corta edad, es consciente de la responsabilidad con su género.


No me cansaré de pelear contra el machismo en cualquiera de sus formas. Pero hoy quiero abordar un tema que es invisible, imperceptible, generalizado, normalizado y aceptado. Los MICROMACHISMOS.


Cuando tienes el placer de trabajar con mujeres en el sector social, te das cuenta de que la sociedad normaliza conductas diarias e invisibles que pueden producir un efecto dominó. A mi hija, en el colegio, un profesor le expresó que las mujeres debemos estar arregladas y de cierta manera (preconcepciones sociales), mientras los varones tienen menos presión social por su apariencia. “Entre ustedes, las mujeres se miran tres veces y se critican…” A quienes piensan eso, quiero contarles que no es cierto. Las mujeres no nos odiamos entre nosotras. No chismoseamos una de la otra. No nos juzgamos, ni nos maltratamos. No nos robamos los maridos, los novios, ni estamos en constante rivalidad. Que sigamos ‘vendiendo’ la idea que las mujeres estamos en constante lucha entre nosotras y juzgándonos unas a la otras, es continuar difundiendo los preconceptos del sistema machista y patriarcal que nos han ‘impuesto’ históricamente.


No nacimos para roles específicos. No debemos comportarnos de cierta manera. No tenemos que vestirnos con un estándar creado por la sociedad. Esa ha sido una apología histórica, para justificar las violencias en contra de las mujeres.


Mi hija me ha acompañado por el país dictando charlas a mujeres. Me acompaña en procesos de restitución de derechos y asiste a mis charlas feministas. Llevo 12 años enseñándole que las mujeres son sororas, son resilientes, son solidarias y son amorosas. Le he enseñado el respeto por la otra, la solidaridad de género y el respeto por lo que somos. Le he enseñado que el feminismo es el único movimiento, qué sin un solo muerto, ha realizado una revolución. Le explico a diario que gracias a mujeres que lucharon por nosotras, hoy, ella puede estudiar, votar, tener la pareja que decida, que puede o no tener hijos, que tiene derechos civiles, reproductivos, laborales (aunque en este punto nos falta mucho, para conseguir: ‘a trabajo igual, salario igual’), y que, a diario, nosotras debemos propender por la igualdad formal y material de nuestros derechos. Ella sabe que es parte del cambio.


El colegio, la universidad y cualquier institución educativa deben ser partícipes de este empoderamiento. Debemos dar un paso adelante en la inclusión y la igualdad a partir de la academia.

No nacimos para roles específicos. No debemos comportarnos de cierta manera. No tenemos que vestirnos con un estándar creado por la sociedad.

Esas actitudes descritas se denominan MICROMACHISMOS. Estos se definen como actitudes de denominación suave o de ‘bajísima intensidad’. Son comportamientos sutiles, incómodos, odiosos, reiterados y que casi no se evidencian. Actitudes que los hombres ejecutan permanentemente, sin darse cuenta. Cuando Foucault habla del tipo micro, lo define como algo imperceptible, que está en los límites de la evidencia. En tal caso, podemos decir que tiene como finalidad el dominio e imposición de las verdades masculinas y forzar a que la mujer tenga la disposición elegida por el hombre.


Muchos de estos micromachismos no suponen la mala intención, la mala voluntad, ni planificación. Obedecen a predisposiciones sociales y hábitos frente a las mujeres, normalizados y permeados por la sociedad.


Al reforzar los vínculos igualitarios y saludables debemos erradicar los comportamientos malsanos. No basta con que hablemos de ideologías machistas y de igualdad de géneros. Es importante visibilizarlos y erradicarlos de la cotidianidad. Solo así lograremos un mundo más justo e igualitario para las mujeres. Nombrar esos comportamientos y hacerlos visibles es un primer paso para el cambio.


Aunque no parezca, esos comportamientos en mujeres no formadas para detectarlos y combatirlos, tendrán efectos muy fuertes a largo plazo. Menciono algunos que, para mí, son importantes.


- El clima tóxico genera en las mujeres, agobio y mortificación. Sucede cuando se propicia que unas mujeres se enfrenten a otras. Esa situación agota.


- Esfuerzo sicofísico. Persiste una limitación de la libertad y genera un bloqueo de la valentía. A largo plazo, habrá deterioro de la autoestima. Genera desbalance en el ejercicio de poderes, etiquetamiento de la mujer y, lo peor, propicia un encarrilamiento paulatino de la relación, en dirección de los intereses del varón -en todas las relaciones, de poder, sociales o afectivas-.


Es un buen momento para cambiar el chip. No deben amar el feminismo, no deben creer que las feministas somos de un modo o de otro. Abandonemos las preconcepciones, implementemos el respeto a las mujeres, a las posturas ideológicas -aunque no gusten-; aceptemos sin palabras de juzgamiento las diversas personalidades, las distintas formas de vestir y, en especial, practiquemos la libertad de expresión para que las mujeres tengamos una voz que nos permita decir lo que sentimos y pensamos.


A diario, mi grano de arena a este mundo desigual será seguir empoderando a mi hija para que no le tenga miedo al ejercicio del poder ejercido por un hombre. Que no tenga miedo a ninguna relación. Que luche por decir lo que piensa, sin necesidad de tener miedo.