LA ODISEA DEL ENVEJECIMIENTO

* Las cosas que no se hacen con amor y voluntad, carecen de sentido.

“Una persona que se preocupa por otra

representa el valor más significativo de la vida” .

Jim Rohn


En las últimas semanas me he visto atrapado en una serie de reflexiones sobre el tema del envejecimiento, tal vez, por encontrarme a unos pasos de ascender al tercer escalón de la vida, en donde el primer regalo que se recibe, es una crisis existencial, acompañada de dudas, preguntas sin respuesta, cambios de prioridades y un reencuentro generalizado con uno mismo. Sé que es un fenómeno emocional que ocurre, por mi propia experiencia, porque observo a mis amistades en las mismas circunstancias y por las llamadas interminables que compartimos, en un intento por ayudarnos a reestablecer el orden de nuestro interior.


O tal vez, estos pensamientos recurrentes, obedezcan a las actividades laborales que desempeño desde hace más de dos años y medio, para restituir los derechos humanos de niñas, niños, adolescentes, personas mayores y/o con alguna discapacidad; pues el número de atenciones a personas mayores en situación de abandono o maltrato, se ha incrementado de manera significativa durante los últimos meses.


Cualquiera que sea el detonante, sin duda, influyen de manera conjunta, para observar con tristeza, la odisea que debemos enfrentar como seres humanos al envejecer, en especial, en aquellas situaciones en las que no se cuenta con redes de apoyo, que contribuyan a nuestros cuidados.


De todos los sujetos de asistencia social a los que me corresponde atender, las personas mayores, personalmente, representan el mayor desgaste emocional; pues al encontrarse en una situación de desamparo, la única alternativa posible, es gestionar su ingreso a un Centro de Asistencia Social, con la esperanza de brindarles un envejecimiento digno.


Al recibir una denuncia de esta naturaleza, lo primero que me preocupo por conocer es la identidad de la persona, indagar sobre la existencia de familia, contactarla, informarles la situación en la que se encuentra y valorar su disposición para brindarle el apoyo que requiere. En algunos casos, me enfrento con negativas sin explicaciones, en otros con excusas injustificadas, otros más refieren desapego, hay hijos e hijas que manifiestan su indignación por la llamada o visita, pues alegan ausencia o abandono por parte de la persona mayor, durante su niñez y crianza.


Sin importar cuál sea la causa de impedimento que manifiesten, no insisto, ni busco la manera de obligarles a cumplir con una misión que requiere iniciativa, pues tengo la firme convicción, de que las cosas que no se hacen con amor y voluntad, carecen de sentido. En especial, en este tipo de situaciones, en donde resulta evidente que la imposición para cuidar a una persona vulnerable, podría implicar su exposición a hechos de violencia familiar.


Además de este principio lógico, no presiono, porque observo la falta de atención y seguimiento que brinda la institución encargada de la investigación y persecución de delitos de esta índole; pues ninguna de las denuncias formales que he interpuesto, han prosperado para llegar a una instancia judicial.


A pesar de que, considero que en estos casos es más efectiva la sensibilización y prevención, en lugar de la atención y la búsqueda de una posible sanción, es probable que esta circunstancia, pueda ser parte de un ciclo sin fin; pues al observar la impunidad que impera en los hechos victimizantes de esta naturaleza, no genera mayor preocupación social, ni contribuye a inhibir este tipo de comportamientos.


En contraste con la postura de rechazo, encontramos la de una aparente disposición y buena voluntad para hacerse cargo de los cuidados de las personas mayores, pero que en realidad esconde intereses y motivaciones económicas. Esto ocurre cuando la persona posee propiedades, alguna pensión o un seguro de vida. Entre más sean las posesiones, implicarán mayores desacuerdos entre los familiares y desgaste emocional para la persona mayor, al verse involucrada en una lucha de poder e hipocresía, en donde su bienestar es lo último que importa. ¿Imaginan cuánta pobreza emocional, han de tener los individuos que asumen este tipo de actitudes?


Ante esto, me atrevo a asegurar que son nulas las acciones institucionales y de gobernanza, cuando la sociedad se convierte en una masa de seres insensibles, apáticos y sin humanidad, en donde importa más el dinero, que la dignidad y la gratitud. No por ello, se debe pasar por alto, la necesidad de fortalecer a las dependencias encargadas de atender a este grupo en situación de vulnerabilidad y exigir un compromiso real, para el impulso de acciones que contribuyan a generar un cambio cultural, educativo y de cuidados dignos que se alejen de la simulación.


¿Cómo lograrlo? A nivel individual, bastaría con comenzar a responsabilizarnos de nuestras propias acciones: ejercer una crianza positiva en la niñez que existe a nuestro alrededor, mostrarles con el ejemplo, el camino que nos gustaría que recorrieran, empezar a forjar redes de convivencia, humanizar la perspectiva y el trato que tenemos hacía las personas mayores; pues, aunque esto no garantizará al cien por ciento una respuesta de gratitud y reciprocidad, reduce las posibilidades de pasar nuestros últimos días alejados de las personas que amamos.

Son nulas las acciones institucionales y de gobernanza, cuando la sociedad se convierte en una masa de seres insensibles, apáticos y sin humanidad, en donde importa más el dinero, que la dignidad y la gratitud.

Considero importante aclarar, que no se trata de manera estricta de un proyecto de inversión, como lo piensa aquella señora que acudió un día a mi oficina y frente a su hija, externó que la principal causa de desamparo de las personas mayores, obedece a que no tienen descendencia que se ocupe de sus cuidados. Sin dudarlo, me atreví a contradecirla, explicándole que me parece una visión egoísta el pensar en procrear hijos e hijas, con el propósito exclusivo de formarlos como cuidadores.


En esta responsabilidad coordinada entre familia, sociedad y gobierno, una alternativa que me resulta viable a nivel educativo, implica el fortalecer los programas de estudio, en especial aquellas materias que involucren la formación cívica y de valores. Buscar estrategias que permitan a la comunidad estudiantil, involucrarse en los problemas sociales de nuestra actualidad: organizar visitas a asilos, realizar actividades recreativas y de interacción familiar con las personas mayores a su alrededor, que contribuyan a fortalecer su sensibilidad y humanización.


Uno de los principales reclamos que las personas mayores nos realizan, es la falta de atención. Hace un par de semanas, recibí una llamada de una señora que entre lágrimas me manifestaba su deseo de volver a casa, refería que actualmente vivía con una de sus hijas, pero se sentía sola. Al acudir a visitarla, físicamente se encontraba bien, sus hijos e hijas habían organizado una dinámica familiar que les permitía estar al pendiente de sus necesidades físicas, pero dejaron de lado las emocionales. Ella veía como una obligación por parte de sus hijos, el que acudieran a bañarla, recostarla y alimentarla. Lo único que pedía, eran diez minutos de conversación entre cada actividad.


Es una exigencia que no requiere mayor esfuerzo, por las prisas diarias, no debemos olvidarnos de los pequeños detalles que pueden representar un motivo de felicidad para alguien más, en especial si se trata de nuestra familia. Tomar una pausa para sentarnos a escuchar, así sea la historia que se repite una y otra vez, regalarles un abrazo, hacerles sentir útiles y que son parte de…


Institucionalmente, se requiere hacer efectivas las “leyes perfectas” y los compromisos internacionales que poseemos. Investigar y sancionar el incumplimiento social de estas normas. Vigilar de una manera estricta los establecimientos que resguardan a las personas mayores. Incluir en la atención programas que contemplen no solo sus necesidades básicas, sino también, actividades de carácter ocupacional.


Si nos encontramos en una edad, en la que tenemos la posibilidad de planificar nuestro proyecto final de vida, ¡hay que hacerlo! No dejemos que se agoten las fuerzas y el tiempo; aunque el ámbito laboral no ayude, con el rechazo en contratación por razones de edad, el aumento de requisitos de jubilación y la falta de prestaciones laborales, que hacen que cada día resulte más incierto nuestro futuro. ¡Alguna alternativa tenemos que encontrar! ¿Usted cómo piensa envejecer y a quién está ayudando en este proceso?