EL REMEDIO INFALIBLE PARA TODOS LOS MALES

* No hemos aprendido a debatir con altura, con ideas, con programas.

La risa es, tal vez, el remedio infalible para todos los males. Dicen que la gente que se ríe tiene larga vida. Esa, tal vez, es la razón por la que tantas personas mueren. Vivimos en una sociedad llena de amargura. El resentimiento, el odio y la envidia llevan más gente a la tumba que el cáncer y los ataques al corazón.

Basta mirar las campañas políticas para ver reflejados los odios viscerales, los resentimientos enraizados hasta la médula y los pueblos polarizados por la diferencia de opiniones. Lamentablemente, no hemos aprendido a debatir con altura, con ideas, con programas. Las contiendas electorales en nuestros países están cargadas de odios y juego sucio.

Pero no solo son las campañas políticas las que reflejan nuestra 'mala leche', como diría un amigo madrileño, basta mirar a nuestro alrededor para ver cuánta falta nos hace una pizca de buen humor en nuestra rutina diaria. La cosa parece ir de esta manera: “tú me gritas, yo te grito, nosotros gritamos”. Y al final, todos amargados.

Es paradójico, pero en muchos lugares de atención al cliente en vez de recibir amabilidad y sonrisa a flor de piel, lo que recibimos –muchísimas veces— es una descarga de agresión frustrante. Me causa mucha curiosidad que a veces voy a una tienda desde la que envío dinero a Colombia, y la señora que me atiende parece haber desayunado alacranes. Me pregunto: “¿No soy yo el cliente?”. Pago por el servicio, pero salgo frustrado de ese lugar.

Yo sé que muchas veces, como diría mi abuela, el palo no está para cuchara. Entiendo que la vida por sí sola no es fácil. Sé que la crisis global, el cambio climático, la pandemia, la corrupción galopante y todos los males de nuestro tiempo nos roban la sonrisa de la cara, pero ¿no sería más fácil si enfrentáramos la vida con buen humor y una actitud positiva? Estoy seguro que sí. Una buena dosis de alegría, sonrisas y carcajadas pueden hacer una gran diferencia en nuestro día.

¡Ríase! No cuesta nada y trae muchos beneficios para la salud. En vez de ahogar las penas en licor, desaparézcalas con una sonora y potente carcajada.

Hace más de dos décadas atrás, cuando todavía trabajaba como periodista en Colombia, mientras degustaba un rico café en Barranquilla con un famoso cirujano plástico, me decía –entre broma y verdad— que, si la gente riera más y disfrutara los momentos simples de la vida, tendríamos menos líneas de expresión (eufemismo utilizado para reemplazar la palabra arrugas y ‘patas de gallina’). Lo cierto es que la gente alegre y positiva tiene menos posibilidades de enfermarse.

Y es que medio de tanto religioso cara larga y aburrido, me gusta una canción de la brasilera Aline Barros, titulada “Mi Dios es alegre”. La letra nos recuerda lo que dice la Biblia en Sofonías 3:17: “Pues el Señor tu Dios vive en medio de ti. Él es un poderoso salvador. Se deleitará en ti con alegría. Con su amor calmará todos tus temores. Se gozará por ti con cantos de alegría”.

¡Ríase! No cuesta nada y trae muchos beneficios para la salud. En vez de ahogar las penas en licor, desaparézcalas con una sonora y potente carcajada. Aleje a los amargados y aburridos con una sonrisa marcada en su rostro. Destierre a los negativos con frases positivas. Cuénteles chistes a los problemas diarios y de vez en cuando, con algo de sátira, haga una caricatura de usted mismo.

Ahora, esto no significa que no tome la vida en serio. Todo lo contrario, tomar la vida en serio significa reconocer que cada día trae su propio afán, es entender que, si Dios alimenta las aves del cielo, Él cuidará también de nosotros. Significa que por mucho que me afane no puedo añadir un centímetro a mi estatura.

La risa ayuda a que las personas tengan mejor calidad de vida y es utilizada, en muchos casos, como terapia para combatir algunas enfermedades. La risa proporciona diferentes beneficios, tanto físicos como psicológicos. Así que aprender a reír es una de las mejores formas de percibir las cosas desde un punto de vista más positivo y saludable.

Me causa mucha curiosidad que mientras escribo este artículo tengo un fuerte dolor en la mano derecha, producto de una infección severa. Al tocar las teclas de mi computador mi dedo inflamado no sonríe, pero –aunque no lo crean—mi cara sí. Qué mejor momento para poner en práctica lo que estoy recomendando.

La risa, el buen humor y la actitud jovial son como medicina. La risa ayuda a la producción y liberación de sustancias bioquímicas tales como: dopamina (se encarga de incrementar el estado de ánimo), serotonina (proporciona efectos calmantes y analgésicos) y adrenalina (ayuda a mantener a las personas despiertas y receptivas).

Y los beneficios de la risa continúan. Una persona al reírse logra estimular el sistema nervioso. Con la risa se consigue oxigenar los pulmones y la piel. Pero hay más, reír ayuda a eliminar el estrés. Dicen algunos expertos en la materia (y yo lo creo) que si una persona se ríe por lo menos 15 minutos puede llegar a quemar hasta 50 calorías, pues afirman que al reírnos se activan más de 400 músculos, incluyendo los del estómago. Y como si esto fuera poco, la risa funciona para disminuir la tensión arterial y prevenir enfermedades cardiovasculares.

Pero más allá de que esto pueda ser o no comprobado científicamente, lo cierto es que la risa relaja, quita la ansiedad, acorta distancias entre las personas y tiende puentes de fraternidad. Es tan fácil y está al alcance de la mano que vale la pena probarlo. A reír se dijo, pues la amargura seca los huesos.

Y, por último, mantenga una vida espiritual saludable. Su comunicación con Dios a través de la oración y la lectura bíblica es clave para que el recorrido sea más placentero y libre de temores. Recuerde que Dios es alegre y Su alegría es contagiosa.

De igual manera, junto con una vida más alegre, espontánea y divertida no descuide el ejercicio físico y una alimentación saludable. Mente sana en cuerpo sano es una máxima que nunca pasa de moda.

Le invito entonces a bombardear este mundo con toneladas de buen humor. Porque vale la pena morirse, pero de la risa.

* Carlos Pulgarín es pastor y periodista