LA INDIFERENCIA DE LOS TESTIGOS


“No me duelen los actos malos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena…” Martin Luther King

Los hechos de esta semana me traen muchas preguntas. Veo los videos, releo las noticias, trato de analizar todos los puntos de vista de las víctimas, de la Policía...

Los jóvenes –quienes han salido a protestar, integran una franja de los 15 a los 30 años, abandonados históricamente por el Estado y los gobiernos nacionales y locales. Una población sin educación, ni trabajo que aún creen que los escucharán con violencia–. Pero, esa será una reflexión de otro momento.

Cada uno de ustedes tendrá una visión y postura de los hechos acontecidos, pero mi reflexión, y quiero llamar la atención de todos ustedes, es sobre las palabras de Martin Luther King y la indolencia e indiferencia de los hombres buenos.

En el video del señor Javier Ordóñez hay algo que me llama la atención. Ángulos del video me permiten inferir que hay muchas personas con un celular filmando. Se escuchan voces un tanto pasivas, pausadas, sin angustia, casi preparadas para el video diciendo “déjenlo, así no”. Me preocupa pensar que, si estoy con personas que me quieren como amigo, esas personas se queden quietas, cuando deberían reaccionar para, al menos, tratar de salvar mi vida, que intentarían quitar de encima a la persona que me está haciendo daño, que por lo menos harían la suficiente bulla para que los vecinos, que también están en las ventanas haciendo lo propio con sus celulares, intentaran limitar una acción que pueda hacerme llegar a perder la vida.

Al otro día, algunos de esos videos son vendidos a los noticieros. Salen personas hablando sobre los hechos, que deben –por demás– ser castigados por la ley, sin el más mínimo remordimiento por no haber hecho un solo acto que hubiera salvado la vida de Javier: un hombre, un padre, un esposo, un hijo, si nos ponemos a pensar como usted o como yo.

Pensemos en Ruanda, un lugar con baños de sangre. Yo creo que la mayoría de ruandeses eran amantes de la paz, creían en un país en paz para sus hijos; los alemanes, que nunca les dieron mucha credibilidad a los nazis y se sentaron a observar la situación, cuando se dieron cuenta ya su país estaba tomado y muchos de los que solo observaron estaban en campos de concentración.

Ejemplos históricos como China o Rusia, donde la mayoría de las personas no quisieron tanto dolor y sangre en sus países; y el más cercano en tiempo, los musulmanes, que para mí la mayoría son creyentes en la paz, se sentaron a ver cómo unos pocos extremistas hablaban por ellos y hoy son declarados enemigos del mundo, siendo la mayoría grandes personas. En todos estos ejemplos los ciudadanos no reaccionaron, la gente buena –que es la mayoría– fue indiferente, y cuando quisieron reaccionar ya era tarde.

No les estoy diciendo que salgan a incendiar, a matar, a acabar; porque nos pareceríamos a lo que tanto criticamos. Iniciemos por lo básico: la empatía, si agreden a alguien no miremos para otro lado, si vemos a una mujer que se siente incómoda con los comentarios de alguien cuidémosla, si vemos a una niña saliendo de una disco pasada de copas llevémosla adentro y esperemos con ella hasta que alguien la recoja; si vemos una injusticia gritemos hasta que ayuden, hasta despertar la conciencia de los demás. Seamos solidarios, pensemos siempre que la víctima podría ser usted, o su hijo, su hermano.

Por último, a quienes hoy son los espectadores de los acontecimientos de Colombia les pido que tengan cuidado con quienes quieren encender la hoguera, los fanáticos, los extremistas, y les digo que están en ambos lados. Los que ya iniciaron campaña, porque ellos no ponen los muertos. Somos nosotros, dejemos de ser contemplativos ante esta situación y pongamos fin a tanta violencia.

Los buenos somos más, de eso estoy segura.

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