ZARPE


…Navegaba a través de su pasado...

Cualquier día, los recuerdos llegaban con un mágico encanto.

Como la entrada en aquel puerto enclavado en el Caribe, con el ánimo dispuesto y cargado de expectativas.

El sol caía como tragándoselo el mar, el aire fresco en su rostro, las luces de otro mundo lleno de colores, de misterios y de voces diferentes acercándose, era un laberinto fascinante.

Esa emoción de estar de nuevo en tierra, esa necesidad de poner los pies sobre suelo firme y recorrerlo, esa urgencia de ver a su gente, de sentir sus vidas, aunque fuera de lejos en su universo acostumbrado, ese gusto de transitar esos caminos polvorientos tan familiares para ellos y tan nuevos para él y tan cargados de aventura.

Ese mar tan dulce, tan transparente y azul, esa lengua tan propia y extraña al mismo tiempo, sus palabras, su música que le llegaba al alma, su comida y todas esas cosas inolvidables. Ese tratar de llegar a su cotidianidad… y el tiempo se acababa, y era un deber volver al mar.

Zarpar de un puerto dejaba su huella y un sabor a nostalgia, despidiéndose del sol, saludando a la luna, viendo cómo se alejaban esos caminos recorridos… Esos lugares donde anduvo con alguna compañía y meditó sobre sus mundos tan distintos.

Se alejaba al paso de la marcha del barco, que se despedía con una pitada potente, profunda, vital, iniciando de nuevo su andar, lento, como diciéndole adiós a todo, pero guardando siempre la esperanza de un regreso.

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