SALUD PARA SOBREVIVIR Y FRENAR LA CORRUPCIÓN


Todos dependemos de todos, hagan lo que hagan unos, no es menos bueno o malo que lo que hagan otros. Querámoslo o no, todos perdemos con la guerra, así la codicia de algunos obnubile su pensamiento haciéndoles creer que están sacando ventaja, al pasar por encima de la dignidad y los derechos de las personas, demostrando, con la persecución de unos hacia otros, la gran degradación del ser humano.

Esas brechas que se han ido surcando con el pasar de los tiempos en el país y que se profundizan cada vez más, por la inequidad que reina en él y la violencia que ha llenado de dolor y sufrimiento a todos los hogares, pues no es privilegio de nadie, sino que precisamente entre unos y otros, se ha acrecentado por el odio y la sed de venganza; es necesario cerrarlas, emprender la lucha, que en este caso, conduzca al dialogo y la reconciliación, para encontrar puntos de encuentro que sanen las heridas del pasado y posibiliten el entendimiento con base en puntos de equilibrio equitativos rescatando así la esperanza de poder construir una Colombia incluyente y equilibrada donde todos sus habitantes encuentren oportunidades de progreso y desarrollo.

La adicción al dinero y todo lo que él trae ha sido el gran factor que ha propiciado y motivado la violencia y por medio de ella, los elevados índices de injusticia social que registra la historia del país y que no cesan de producirse. Es imposible no recordar las miles de personas que perdieron y pierden su vida por atreverse a denunciar y a enfrentar los innumerables casos de corrupción y abuso que desafortunadamente suceden en el país.

La indolencia de unos pocos, porque ni siquiera alcanzan a un número considerable, plantea un desequilibrio del que la patria está cansada y agotada; son innumerables las víctimas. Los elevados niveles de delincuencia con el que se actúa para ejercer esa dominación rayan en la inmoralidad, la indecencia, la infamia y la ilegalidad vulnerando los derechos y pasando por encima de los principios y la integridad de los demás.

La delincuencia a todo nivel no es otra cosa que el motor de la inequidad que nos golpea en todos los sentidos. Nos tiene divididos porque ello conviene a los intereses de quienes están a la cabeza de los bandos o como quieran llamarse, cada uno de ellos saca provecho de la situación y por lo tanto no hay interés real en el cambio ni en la solución de las dificultades que afectan a las personas. Unos pocos lucrándose con el dolor, el sufrimiento y las necesidades ajenas, sustentados en unos “supuestos” objetivos y principios que no son otra cosa que el argumento para manipular a las personas enfrentándolas y poniéndolas en situación de vulnerabilidad para convenientemente obtener beneficios a consta de ellos.

Durante la pandemia que azota a la humanidad por estos días se han evidenciado estas bajas manifestaciones que comprueban la degradación del ser humano, es realmente indignante ver cómo roban y manipulan las ayudas y campañas que se desarrollan para socorrer a los damnificados poniendo en riesgo su vida de múltiples maneras vulnerando, lesionando y trasgrediendo los derechos de los compatriotas; el más importante de ellos la salud física y mental.

Sin salud no hay esperanza, es un derecho que a todos pertenece y sin el cual no podremos hacer frente a la corrupción; la gente buena que lucha contra la injusticia siempre depondrá su bienestar en pro del de su colectividad.

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