REIVINDICO A LAS MUJERES CONGRESISTAS


Hay temas que no son de derecha ni de izquierda. Hay temas que se circunscriben al respeto por el otro, en especial cuando hablamos del respeto a la mujer y el ámbito de sus acciones.

Es respetable la mujer que decide quedarse en casa, ser madre y cuidar de su entorno.

Es respetable la mujer que no se casa, decide no tener hijos y dedica su tiempo a trabajar, viajar, darse gusto o lo que ella decida.

Es respetable la mujer que decide ser madre soltera y trabajar para mantener a sus hijos.

Así como es respetable la mujer que decide tener pareja y no ser madre, ya sea trabajadora o ser ama de casa.

Tal como se ve, es una decisión personal y lejos del escrutinio público.

Pero cuando somos mujeres que decidimos entrar a lo público, sabemos que nuestras vidas no van a ser tan herméticas como lo deseamos.

Sin embargo, hay temas que jamás aceptaré que le digan a ninguna mujer: que nos manden para la casa, que nos digan cómo manejar nuestro hogar o como criar a nuestros hijos. Esto es parte del gran legado del machismo (que no solo es de los hombres), el patriarcado y demás conductas arraigadas en nuestra sociedad que nos condenan por ser mujeres, exitosas, por abarcar tanto nuestros espacios tanto públicos como privados, imponiéndonos roles exclusivos.

En la Comisión de Derechos Humanos, y durante mi trasegar en lo público, he conocido mujeres de todos los sectores políticos y de distintas ideologías (no me tienen que gustar sus pensamientos políticos e ideológicos) de quienes estoy profundamente orgullosa, que me han enseñado y con quienes he crecido.

En mi camino del feminismo como movimiento político, cultural, social y económico, he tenido la fortuna de crecer rodeada de mujeres brillantes, empoderadas, activistas y exitosas en lo público y en lo privado.

Hoy –como madre de Emilia, trabajadora, exitosa, feliz con el camino que he labrado autónomamente– quiero rechazar tajantemente la manera despectiva en la que otros entran a cuestionar la vida privada de las senadoras, que decidieron entregar su vida al crecimiento del país desde cualquier ala política y, así mismo, dedicarse al cuidado de sus familias.

Reivindico a todas las mujeres congresistas que tienen una dicotomía fuerte entre ser figura pública, madres, esposas y trabajadoras. Muchas han sido atacadas por su género, por su apariencia, por sus formas y por sus decisiones.

La virtualidad, en esta nueva modernidad, no nos permite dividir nuestra privacidad de la vida pública. Vemos a los hijos, las casas, los gustos, el desorden, las mascotas, etc.

Les pido a todos que respetemos esa parte tan especial que tenemos las mujeres trabajadoras, nuestra política del cuidado, nuestro espacio privado, y que entendamos las limitaciones y dificultades de los otros sin críticas o comentarios que perjudiquen.

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