Alberto Zabaleta Lombana: 'HOMBRE DE PRINCIPIOS'


"El historiador es el vidente

que vislumbra el pasado".

Anónimo

Conocí personalmente al doctor Alberto Zabaleta Lombana la tarde de un día de abril de 1998 en la Academia de la Historia de Cartagena, en una charla informal que tuvimos, después de la presentación de un libro con el cual se exaltaba la Membresía a la Academia a un ilustre personaje del interior del país, que había llegado a la ciudad meses antes, con bombas y platillos y luego terminó metido en líos con la justicia y al final, después de audiencias y más audiencias, fue a terminar en una celda de una penitenciaría de Bogotá.

Aunque no recuerdo quien nos presentó, si tengo presente que el erudito académico, famoso por su humor caribe, medio en broma, medio serio, nos dijo “ustedes pueden hablar mucho porque son de pueblos con raíces indígenas”. Y es así. Por la sangre del doctor Zabaleta Lombana fluía el alma Caribe, y era un orgullo para él hablar de los Yurbacos y para mí una alegría proverbial hablar de la valiente y heroica Nación Chimila, a la que perteneció la tribu Talaigua, epónima del nombre de mi Patria Chica.

Esa vez, cuando le dije mi apellido se sorprendió mucho, pues creía que yo era hijo de don Franco Daniels el antiguo pagador de la empresa ANDIAN, donde él había trabajado de médico al lado del doctor Dimas Badel. Le dije que era sobrino y que jamás conocí a mi tío, pues se había perdido del mapa en la década del cincuenta.

Recuerdo que cuando me dijo que también había sido colega del médico Dimas Badel,[1] comprendí entonces cómo aquel sabanero notable había escrito el Diccionario Histórico - Geográfico de Bolívar, una de las más completas e importantes obras del llamado antiguamente Bolívar Grande, que incluye a los territorios que hoy conforman los escindidos departamentos de Córdoba y de Sucre, señalando con una precisión proverbial cada ciudad, pueblo o lugar.

Desde el día en que lo conocí, siempre tuve una especial deferencia y admiración proverbial por el Dr. Alberto Zabaleta Lombana, pues no perdíamos oportunidades para hablar de historia, de investigación y de creación, hasta el punto que terminó haciendo parte de la Asociación de Escritores de la Costa y especialmente de su Junta Directiva.

Fue una persona que a lo largo de los casi quince años en que participó de nuestras reuniones, conferencias, foros, presentación de libros y conversatorios, y en el Parlamento Internacional de Escritores, siempre tuvo una participación preferencial y acertada sobre sus juicios que llevaban siempre la mácula de la sabiduría.

En una de aquellas reuniones memorables, en la residencia de doña Cecilia Arbeláez de Castellar, confrontó sus juicios con los escritores Franklin Howard, Jesús Cárdenas de la Ossa y Juan V. Gutiérrez Magallanes y con los médicos Carlos Cruz Echavarría y Jaime Camargo Franco, no sobre las Ciencias de Asclepios o Esculapios, sino acerca de quién había sido la primera persona y cuántas versiones se habían hecho de la canción ‘El Manisero’ de Moisés Simons. Recuerdo que la mínima cantidad que mencionaron fue 750 y hubo otro que dijo hasta ahora van 1.003 versiones de esa hermosa canción. Al final ninguno quedó conforme y meses después que coincidimos en la residencia del dirigente gremial Jesús Cárdenas de la Ossa, siguieron discutiendo sobre ese y otros temas relacionados con el béisbol y el boxeo.

Fueron muchas las razones que tuve para sentir admiración por el Dr. Zabaleta Lombana. Además de ser un hombre de principios y de sabidurías, poseía una personalidad que despertaba cariño, confianza, atracción, sentimiento, empatía. Pero, quizás en medio de todo eso, la palabra. Gran conversador de temas interesantes, especialmente de la historia. Las muchas veces que tuve la oportunidad de estar cerca de él, en Talleres de Creación Literaria con estudiantes adolescentes, tenía una facilidad para tocar la fibra y el alma de las palabras que calaban en el corazón de aquellos jóvenes ávidos del conocimiento.

Su vida transcurrió en Turbaco, ciudad donde nació el nueve de abril de 1923, en el hogar formado por Alberto Zabaleta Góez y Petrona Lombana y donde también contrajo nupcias con doña Ayda Puello, de cuya unión vinieron al mundo Ayda, Viky, Alberto, Rubiela, Ricardo y Érica.

De su pueblo, el que llevaba en un rincón predilecto de su alma, investigó todos sus vericuetos desde sus primitivos habitantes, pasando por Balboa, Heredia, y naturalmente Juan de la Cosa, el proceso de la colonización hasta llegar a nuestros días. Le legó a su Patria Chica el libro ‘Turbaco en la Historia’, obra que obligadamente debe estar en las baldas de las bibliotecas o en las cabeceras de las camas de los habitantes, porque en sus páginas se encuentran los orígenes, la fundación, organización y diversas acepciones y raíces de donde se origina la palabra Turbaco.

El doctor Zabaleta fue un prolífico investigador, fruto de esta labor fueron los múltiples trabajos sobre medicina, tales como ‘Médicos y Medicina’, trabajo con el que ingresó a la Academia de Medicina de Cartagena. La investigación médica y la investigación histórica para el Dr. Zabaleta fueron disciplinas privilegiadas. No claudicaba en la investigación, cuando un tema le llegaba a sus manos, el que asía por los cachos hasta que lo dominaba. De esas conductas heroicas que asumía frente al pensamiento y a la investigación dejó el legado ‘Historia de la Medicina en Cartagena’. El Diccionario Inútil, en el que recoge arcaísmos en desuso o poco utilizados, la Giardiasis Intestinal, que fue su trabajo de investigación para recibir el título de Médico Cirujano en 1948, otorgado por la Universidad de Cartagena. Y la obra cumbre la Bibliografía General de Cartagena de Indias, en coautoría con los médicos Miguel Camacho Sánchez y Pedro C. Covo Torres.

Las muchas veces que lo visité en su casa del residencial sector del Pie de la Popa a donde yo iba con mucha asiduidad, unas veces a reuniones y otras a consultarle temas de historia, a veces lo encontraba en su mecedora leyendo el periódico o hablando con su señora y con Viky, y otras veces en su biblioteca, donde se sumergía entre páginas y páginas escarbando el tiempo y la memoria de los libros.

Entre las muchas conversaciones amenas que tuve con el Dr. Zabaleta, unas veces en el Parque de Bolívar, de Cartagena o en la Casa de España, recuerdo que le pregunté por qué Turbaco no tenía una Academia de Historia, siendo una de las poblaciones con mas historial y pedigrí que Cartagena, famosa porque allí fue flechado Juan de la Cosa según lo cuenta el historiador Guillermo Hernández de Alba; residencia y sitio de reposo del Virrey Amar y Borbón.

También fue campamento militar del criminal Pablo Morillo, cuyo asiento fue la Hacienda Tordesillas, en donde llevó a cabo el fusilamiento de María Eugenia Arrázola, una niña de 14 años, que sería el primero en el territorio de la naciente República de la Nueva Granda, el día 30 de agosto de 1815.

En la misma Hacienda Tordesillas murieron a manos del criminal, José Acedo, Clemente Carreazo, Francisco Mendoza, José María Rodríguez y Pedro Villapol, todos el 20 de octubre de 1815. José Antonio García, el 20 de enero de 1816. Otro hecho importante en la historia de Turbaco, fue el asilo voluntario del general Antonio López de Santa Anna.[2] Y uno de los hechos notables en la historia de Turbaco lo signa el médico egresado de la Universidad de Cartagena, doctor Martín Amador Guerrero,[3] líder de la independencia de Panamá, y Primer Presidente de esa República.

He recordado al Dr. Zabaleta, historiador de Turbaco, a quien siempre le profesé admiración y gratitud, porque hace días un amigo residenciado en la Villa de Nuestra Señora de los Remedios del Río dela Hacha me llamó para preguntarme si conocía a alguien de la Academia de Historia de Turbaco. Naturalmente, me dejó lelo, puesto que tengo conocimiento de las Academias de Historia de Mompox, de Arjona y del Centro de Historia de Magangué. Pero de Turbaco, no tengo noticias de que exista esta institución.

Creo que es una excelente época para que los historiadores de Turbaco, tanto los consagrados, como los nuevos, escarben la choza de Clío, en estos momentos en que cada quien quiere escribir la historia, desatendiendo el rigor científico de esta disciplina. De erigirse dicha institución en Turbaco, atinaría a rendir un merecido homenaje al doctor Alberto Zabaleta Lombana, y naturalmente a estar a la altura de otras poblaciones y ciudades del país, con tanta historia, como la historia que se encuentra refundida en las norias y aljibes de Turbaco.

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[1] Dimas José Badel Martínez.- Sincé, 28 de abril de 1895 – Corozal, 10 de julio de 1972. Médico Cirujano de la U de C, en 1926. Autor de más de 20 libro, sobre folclor, Historia, Geografía. Mar Territorial y un Diccionario de Astrónomos.

[2] De allí fue trasladado a México por haber vendido 67 mil kilómetros cuadrado a Estados Unidos por 10 mil dólares, que concluyeron con la pérdida de Arizona, California y Nuevo México.

[3] Martín Amador Guerrero, nació en Turbaco el 30 de junio de 1833 y murió en Panamá el de mayo de 1909.

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