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Juegos florales de Cartagena


Los juegos Florales, que se realizan en diversos países del Continente y en España, no son nuevos y su origen se remonta a la antigüedad. En Grecia estaban consagrados a Cloris, diosa de los Jardines. Los romanos que se distinguieron por copiar, calcar e imitar dioses, costumbres, tradiciones, forma de gobierno, fundación de su ciudad capital, religión, mitos y todo cuanto la fantasía y el poder podía crear, también copiaron los Juegos Florales.

En Colombia, los primeros Juegos Florales[1] que se celebraron en la ciudad de Cartagena de Indias, ocurrieron a finales de 1860 y se extendieron hasta mediados de 1950. Debido a que no había fecha escogida para tal evento, estos podían realizarse en cualquier época del año, costumbre que se mantuvo hasta la segunda década del siglo XX en que comenzaron a realizarse en tiempos de la celebración de las fiestas de la Independencia.

Y fue desde mediados de los años 20 del siglo pasado, que los juegos florales comenzaron a celebrarse en las festividades del 11 de noviembre, Día de la Independencia, culminando con una gran fiesta patriótica y un reinado popular. Para aquellos días, la oficina de Instrucción Pública, convocaba a poetas, declamadores, narradores, oradores y dramaturgos, que desde todo el país y el continente acudían en tropel al llamado de Cartagena.

En el Teatro Adolfo Mejía, en la Plaza de los Coches y en muchos sitios de la ciudad, el pueblo sin distingo de ninguna clase, aglomerados, escuchaban las voces de poetas y narradores, dramaturgos y oradores, que traían en la maleta de su espíritu lo mejor de su producción intelectual para brindársela al público ávido de poesía y de conocimiento.

Los galardones apetecidos por los escritores participantes, eran:

  • Eglantina de Oro.

  • Violeta de Oro.

  • Caléndula de Plata.

  • Pergamino.

  • Mención.

Los Juegos Florales eran unas justas en la que participan poetas narradores, dramaturgos, mojigangas, mimos, narradores que ante el público leían sus trabajos, sus pretensiones teatrales, o cualquiera otra actividad, cuyo jurado era el público, que decidía con sus aplausos.

Talentos de la talla del cubano José María de Heredia, Luís Carlos López, el Peruano José Santos Chocano, Adolfo Martá, Jorge Robledo Ortiz (Santa Fe de Antioquia), Adel López Gómez, Jorge Artel, Daniel Lemaitre Tono, Miguel Rash Isla, Gregorio Castañeda Aragón, Alfredo Gómez Jaime, poeta de Tunja, fue varias veces premiado en dichas justas, Blanca Ocampo de Velasco (Beatriz Devel), Judith Porto de González, participaron en esas justas que legaron bellísimas piezas literarias al país, se colgaron en su cuello la eglantina de Oro. Para esos días, siguiendo la antigua tradición de la flor natural, la eglantina de oro y la violeta de oro.

HISTORIA DE LOS JUEGOS FLORALES

Importados por Roma, estos juegos fueron dedicados a Flora, diosa que protegía las flores y los jardines de los etruscos. El mito de Flora consiste en que se enamoró de Céfiro (El viento), que le dio el poder de conservar la primera juventud. A Flora, como a Cloris, se la representaba con la figura de una joven coronada de Flores y sosteniendo en la mano izquierda el cuerno de la abundancia. Es importante saber que los romanos copiaron de los griegos y etruscos, la mayor parte de sus fiestas, sus dioses, su arquitectura, y la flor era uno de los atributos de Venus.

Así como a Zeus lo crió la Cabra Amaltea, los romanos a los hermanos Rómulo y Remo, fundadores de Roma, le endilgaron que los había criado una Loba. En griego Cabra significa puta, de ahí proviene cabrón. Y en latín Loba, significa puta, de ahí se deriva lupanar.

En los tiempos modernos los Juegos Florales fueron instituidos por la Academia de los Juegos Florales de Tolouse en 1324, que había sido creada con siete miembros y que anualmente invitaban a trovadores, saltimbanquis, aedas, narradores para que participaran es las justas dedicadas a Flora. La Academia de los Juegos Florales adquirió tanto prestigio, que desde todos los lugares de Europa llegaban a la ciudad para participar y hacerse miembro de ella.

Hoy en Cartagena, la de Indias, y quizás en nuestro país, muy pocas personas recuerdan esta tradición que llevó no solo a los bardos, aedas, dramaturgos, trovadores y también a toda clase de artistas que se desvivían por participar en las justas de los Juegos Florales, ceñirse sobre sus sienes la eglantina de oro, coronar a la reina con un soneto y recibir un beso de la joven más bella de Colombia.

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[1] No tengo referencia que estos juegos se realizaran en otras regiones o ciudades del país.

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