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Tiranos MODERNOS

September 1, 2019

“Que corra la sangre”.

Frase del Tirano

 

Aunque hace pocos días se puso de moda en esta parte del mundo, la palabra tirano entre algunos presidentes, representantes de gobierno, correvediles y mandaderos de la OEA, del Pacto de Lima, y de otras organizaciones de bolsillos de guayaberas, que ante la prensa, después de opíparos banquetes y suculentas bebidas, vociferaban a tutiplén como los antiguos heraldos y corifeos de la Comedia latina gritando: ¡Que se vaya el tirano! Lo cierto es que estos personajes vienen atados a la historia de la humanidad y no han desaparecido de nuestro medio y conviven entre nosotros como si fuesen estadistas.

 

Historiadores y juristas consideran que el origen de los tiranos se remonta a los donativos que daban los emperadores a los soldados cuando asumían el poder, que en su origen era de un congio, palabra que derivó a congiarios, es decir, el soldado que recibía un donativo de Su Emperador. Esto llevó a que los congiarios para recibir más donativos, ponían y quitaban emperadores a su antojo, lo que originó una prole de tiranos, en tiempos de Pertinax y de Diocleciano.

 

No obstante, el origen del tirano, es mucho más antiguo pues se remonta a la aparición de Teogonía de Hesíodo,[1] donde Urano, Cronos y Zeus, siguen una línea de sucesión, siempre asesinando al padre para adueñarse del poder y erigirse en el Tirano del Olimpo.

 

La Tiranía consiste en hacer uso de un poder que se tiene, pero no para hacer el bien de quienes están bajo tal poder, sino para propia ventaja de quien lo ostenta. El tirano no se guía por la ley, sino por su propia voluntad y sus mandatos no están dirigidos a la conservación de las propiedades de su pueblo, sino a satisfacer su propia ambición.

Es importante aclarar que existe diferencia entre  los términos tirano y déspota. Tirano es el que oprime a otro, aunque sea su igual en la sociedad. Déspota, es el que tiene derecho de mando y trata mal a sus subalternos. Déspota, el  que gobierna sin sujeción a las leyes, sin traba ni cortapisa alguna, sin otra ley que su caprichoso arbitrio. De allí que haya tiranos que son unos verdugos en el trato de los demás.

 

El interés de todo tirano es que no se conozca la verdad, que siempre esté oculta o tergiversada, guardada en gavetas y anaqueles, a donde solo pueden registrar sus pares y adláteres. El tirano se sostiene en el poder con la mentira y la represión, la que es multiplicada por sus subalternos.

 

“El Verdadero tirano empieza siempre reinando sobre la opinión, porque esta se apodera del esfuerzo que solo puede resplandecer en la clara luz de la verdad. Utiliza los medios, riega dádivas, invita a sancochos, ofrece comidas, da parrandas, en fin soborna a quienes emiten la noticia, ya que su intención es mostrarse generoso y benévolo con sus subordinados”.[2]

 

Los tiranos no han sido ajenos a la pluma de Santos, filósofos y  narradores.  En el tratado “Gobierno de los Príncipes” de Santo Tomás de Aquino (1224-1274), define al tirano como aquel que desprecia el bien común y busca sus propios objetivos.

 

En la misma línea de la escuela escolástica creada por Santo Tomás, el filósofo inglés J. Locke (1632-1704), con base en el derecho natural desarrolló su teoría política sobre el origen y la legitimidad de los gobernantes, el derecho a la propiedad y sobre todo al derecho a resistirse a una autoridad injusta y en última instancia al derecho a realizar una revolución opositora.

 

Según Locke, donde termina la Ley empieza la Tiranía. El que excede el poder que da la ley y hace uso de la fuerza para imponer a sus súbditos cosas que la ley no permite, cesa de ser magistrado para convertirse en tirano. En relación con esta cuestión, Locke, habla de Magistrados subalternos y Magistrados superiores. Los primeros actúan como ladrones enviados por encargo de otro; los segundos son los que tiene grandes riquezas y poder y la utilizan directamente para ejercer la rapiña y la opresión. Locke afirma que ninguno de ellos actúa según derecho. Nadie puede exceder los límites de la autoridad, ni el gran ministro ni el pequeño funcionario; y la tiranía no puede justificarse ni en un rey ni en un alguacil.

 

EL TIRANO EN LA LITERATURA

En la Literatura castellana, el tirano lo encontramos como protagonista en diversas novelas. Amalia de José Mármol, aunque para algunos críticos es una novela romántica, otros por el contrario la consideran como una novela que fustiga al dictador de Argentina, Juan Manuel Rosas (1835-1852). Tirano Banderas (1926) de Ramón del Valle Inclán. Yo el Supremo, de la autoría de Augusto Roa Bastos, alude a la figura José Gaspar Rodríguez de Francia, más conocido como el Doctor Francia, que fue dictador de Paraguay, desde  1814 hasta 1849.

 

EL TIRANO EN LA MITOLOGÍA

Los textos antiguos, desde Teogonía, Iliada, Odisea, Anábasis, los Nueve Libros de la Historia y muchos más, son ricos y prolíficos en narraciones de tiranos. En cierto sentido el origen de los tiranos, tiene su fundamento en el inicio de las religiones primitivas. Religiones llamadas peyorativamente por la Primitiva Iglesia cristiana paganas (pai: país, pueblo). Los primeros tiranos fueron n su orden: Urano, Cronos y Zeus. Un rápido paseo por fuentes mitológicas, nos muestra una serie de personajes todos estrambóticos y esperpénticos.

 

Equeto, prototipo del tirano cruel, llamado espanto de los mortales. En la Odisea se amenaza al mendigo Iro con entregarlo a Equeto, quien le cortará la nariz y las orejas y lo tirara a los perros para que se los coman crudos.

Licaón, que nació de la sangre de los gigantes, era tan cruel que a toda persona que llegaba a su palacio le hacía quitar la vida. Júpiter que llegó disfrazado y en forma de hombre, viendo que le servían carne humana, con su rayo destruyó el palacio y a Licaón lo convirtió en lobo.

 

Pheidón, Tirano de Argos, ordenó se acuñaran las primeras monedas de oro y de plata en Grecia. Periandro, tirano de Corinto, solo se apaciguaba cuando escuchaba las melodías de Arión, un músico de Lesbos.  Meliteo, hijo de Zeus y de la ninfa Otreis, criado milagrosamente por un enjambre de abejas. Se apropiaba de cuanta joven veía. Cierta vez se enamoró de Aspalis, ésta al saber que era conducida a la presencia del tirano se ahorcó. Su hermano Astigites se puso  los vestidos de la muchacha, ocultando debajo de ellos una espada, y se dejó conducir como si fuese Aspalis. Al hallarse ante el tirano, lo mato. Los habitantes de la ciudad arrojaron el cadáver al rio y elevaron al trono a Astigites.

 

El Poeta Filoxeme, fue tirado a una caverna por orden del Tirano Dionisos, por haber desaprobado un poema  de éste. Hieron, tirano de Sicilia, fue el primero que hizo esculpir su imagen en una moneda, trescientos años antes de JC, lo que fue copiado por Constantino y Julio César.

 

Gianmasched, tirano de Persia, probó el suplicio de la sierra por orden del príncipe árabe, Dubak. David, según lo narra la biblia condenó a un grupo de monitas a sufrir el suplicio de la Sierra.

 

En Cefalonia, Grecia, Prono, un tirano, hacía llevar a su alcoba a las doncellas que iban a contraer matrimonio, murió a manos de Antenor, que se disfrazó de doncella y al llegar al lecho mató al tirano de una puñalada y luego se erigió en el trono.  Uno de los más crueles tiranos de la antigüedad fue Falaris. A sus enemigos los encerraba vivos en un toro de bronce puesto al fuego en donde gemían y bramaban como un toro. Procusto es otro tirano que se hizo famoso porque ordenaba descuartizaran vivos a sus amigos o enemigos. O los hacia acostar en una cama de piedra y ahí vivos, les hacía cortar los brazos y las piernas.

 

En Roma, el juramento que hacía el Senado por medio del cual se comprometía a cumplir las normas y decretos expedidos por el Emperador reinante y el de sus antecesores se denominaba jus jurandum in acta. En este juramento se excluían aquellos edictos expedidos por gobernantes que habían sido tiranos, como Nerón, Domiciano, Maximino, Tiberio o Calígula.

 

Son famosos los treinta Tiranos que Lisandro, el general espartano, dejó en Atenas después de someterla. También Roma tuvo sus treinta tiranos. Y en cada caso, algunos fueron sucedidos por sus propios asesinos.

 

La historia de los pueblos está llena de tiranos que han ejercido la tiranía en connivencia con sus pares o mandaderos. En la actualidad hay muchos tiranos. Tiranos modernos, cuyas actuaciones son arropadas por sus palafreneros y su séquito de comunicadores. Un mandatario elegido, puede erigirse en un tirano o en un Presidente Honesto. Mientras el Presidente Honesto aplica las leyes que limiten su poder y su finalidad es el bienestar de la comunidad, el Tirano busca que sus secuaces aprueben que toda norma esté de acuerdo con su voluntad, su apetito y el de su grupo.

 

Es importante saber que los tiranos  a veces pelean entre ellos, pero cuando un enemigo los acecha se unen para combatirlo. Ya lo hicieron los griegos y los romanos en tiempos de las invasiones  de los 'bárbaros',  y los tiranos de nuestros días no son la excepción.

 

En fin, el término se ha popularizado tanto que hoy, donde uno menos cree encuentra un tirano o una tirana. En la Escuela y en la Universidad, en la alcaldía y en la gobernación, en la presidencia y en el Congreso. Encuentra Tiranos que se sostienen dando dádivas a sus amigos para poder sostenerse en el poder. Son los Tiranos Modernos.

 

 

@jocetalaigua

__________________

[1] Hace 2800 años

[2] TRATADO DE LOS DELITOS Y DE LAS PENAS. Imprenta de Doña  Rosa Sanz. Madrid, 1820.

 

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