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La cruda realidad

March 1, 2019

“El activista no es quien dice que el río está sucio. El activista es quien limpia el río”.  

Ross Perot  

 

En Colombia hemos vuelto a ver los desastres ambientales perpetrados por grupos al margen de la ley, hemos tenido la desdicha de ver flotar cientos de miles de peces de ríos y quebradas, hemos tenido que ver diferentes especies afectadas por el derrame de crudo que ha contaminado las aguas. No vamos a satanizar a las empresas petroleras, pues son parte de la economía nacional. Tampoco podemos decir que la culpa total es del Gobierno, pues no estar de acuerdo con algunos actos de los grupos terroristas no es causal para la criminalización del medio ambiente afectando los recursos naturales y a las comunidades que se sirven de las fuentes hídricas.

 

Uno de los oleoductos más apetecidos por los criminales es el oleoducto Caño Limón-Coveñas, el cual, durante 2018 sufrió 89 atentados de los 107 que se perpetraron en el país, y 44, en 2017. ¿Qué está pasando por la mente de los grupos terroristas? No soy un experto en guerra de guerrillas, tampoco en terrorismo; pero creo que el grupo terrorista mal llamado Ejército de Liberación Nacional (ELN) está fallando en su estrategia, pues la afectación no es al Gobierno como tal, sino a las personas que dicen defender y al ecosistema. En los casos de derrame de crudo por los atentados de los grupos terroristas, la afectación va más allá de la pérdida del crudo. Estamos perdiendo todos, las personas que habitan las riveras de los ríos y toda la flora y fauna que se desarrollan a partir de las fuentes que se están contaminando.

 

Pero, ¿quién responde por los delitos contra el medio ambiente?

 

Según la Interpol, se consideran delitos contra el medio ambiente condenados y catalogados como graves y de ámbito internacional los siguientes: “la explotación ilícita de flora y fauna silvestres en cualquier lugar del planeta; y, delito de CONTAMINACIÓN, el comercio y la eliminación de residuos o materiales peligrosos en contravención de las leyes nacionales e internacionales (…) y, los delitos relacionados con la gestión del agua".

 

Pero, ¿qué puede hacer la policía internacional (Interpol) para contra arrestar esta clase de delitos? No es fácil este tipo de acciones legales contra grupos terroristas que han venido haciendo daño no solo a la infraestructura petrolera, sino a los recursos vitales de las comunidades.

 

Acertado o no, el Gobierno actual de Colombia levantó la mesa de diálogos con el grupo terrorista del ELN.  ¡Es lo que hay!, y tenemos que lidiar con lo que vendrá después, pues el atentado contra la Escuela de Cadetes de la Policía Nacional en el sur de Bogotá -el cual fue el detonante para el cese de diálogos- hace parte de la guerra y esta guerra está afectando no solamente a los directamente implicados en ella -como son el Gobierno y los líderes de las organizaciones guerrilleras-; está afectando al pueblo que lucha a diario para sobrevivir en uno de los países más 'felices' del mundo. Con Hidroituango la cosa es diferente. Han sido grandes empresarios quienes han venido afectando el cauce del río Cauca y son ellos los directos responsables y a ellos si tiene acceso la Policía y la justicia internacional para lograr que además de resarcir a los pobladores de las laderas del río, en lo posible lleguen a reactivar la economía pesquera y a aliviar el daño ambiental que la hidroeléctrica ha generado.

 

Trabajar en pro de un país mejor depende no solamente del gobierno de turno. Se hace necesario que nos concienticemos de lo que tenemos y nos apoderemos de ello. Las guerrillas y grupos que creen que el daño causado a un oleoducto es meramente el derrame y desperdicio del crudo están muy equivocados. El daño y la afectación la están afectando a personas inocentes y a su entorno. Esto no les genera respeto, todo lo contrario. Están logrando generar más rechazo que aceptación por parte del pueblo.

 

Colombia debe caminar en pro de la equidad social y del desarrollo económico que la globalidad exige. Y, en lo posible acercarnos a los diálogos con los grupos insurgentes que han nacido últimamente, para que caminemos la ruta de lo que será una Colombia en paz.

 

Para muchos, la inversión en la paz es sumamente alta. Pero si revisamos, la guerra es mucho más costosa. Pongámonos en la situación de quienes padecen el desabastecimiento de agua potable por la contaminación de crudo, y trabajemos en conjunto para concientizar sobre la protección al medio ambiente, a la flora y fauna que son quienes nos mantienen respirando.

 

Me duele mi país, me duele mi gente y sobre todo me duele el daño ambiental que están generando con atentados y los que ha generado el proyecto Hidroituango. La vida se está midiendo en pesos y no es así.

 

 

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