Los impotables


El trámite de aprobación de un Presupuesto Nacional consiste en lograr la cosa más difícil del universo: darle gusto a todo el mundo.

Su iniciativa es competencia exclusiva del Gobierno, pero debe someterse a debate en el Congreso antes de convertirse en Ley. Esa discusión es un trámite esencialmente político y no un instrumento de simple 'debe y haber' como si fuera una contabilidad de tienda llevada en dos puntillas, porque debe estar alineado con un plan de desarrollo y un programa de gobierno.

Este Gobierno que apenas cumple sus primeros 90 días ya ha enfrentado dos paros, una moción de censura contra el Ministro de Hacienda y una consulta popular que no alcanzó el umbral requerido, aparece rodeado de una intensa presión mediática con protesta social que lucen bastante prefabricadas.

El paro más fuerte afecta el sector educativo y ya logró que se destinaran 3.3 billones de pesos adicionales al sector, comprometiendo recursos de las regalías cuya destinación debió concertarse con los gobernadores encargados de ejecutarlas.

A pesar de ello, los voceros de los estudiantes desconocen los acuerdos pactados entre el Gobierno y los Rectores de las universidades públicas, exigiendo que se incremente YA el presupuesto en 18 billones más y reclamando un 'reconocimiento' que, a punta de bulla, pretende hacer ver la parálisis como una “gestión administradora y constructiva”.

El país ya está curtido en estas lides y sabe que la impotable línea de extrema reivindicación de derechos, esa que abusa de una protección reforzada y que no mide el alcance de sus pretensiones, sólo se atraganta en su discurso populista y condena al fracaso las iniciativas futuras. Esa absurda mentalidad que afirma “pedir no cuesta nada”, es suicida en términos de legitimidad y de construcción social.

Nadie niega ni ignora la deuda que tiene la Nación con la Educación, la Salud, la Infraestructura, la Equidad o la Cultura. Pero hoy sabemos que con sólo desmontar el conflicto armado con la mitad de las Farc, todos los indicadores que deberían mostrar mejorar sustancial inmediata no lo logran, en buena parte por el esquema de corrupción que nos lega el gobierno anterior.

Hoy sabemos también que no es tarea fácil el desmonte de esas estructuras de corrupción enquistadas en todos los niveles del Estado, desde lo nacional hasta lo regional y local, que permanecen funcionales a pesar del enorme esfuerzo realizado por la Fiscalía.

Es fácil reconocer también que la 'denuncia social' se ocupa exclusivamente en criticar cualquier propuesta del nuevo gobierno por resolver estos temas, achacando responsabilidades y vociferando catástrofes mucho antes de que las medidas sean implementadas. Para un sector, el único referente válido es “lo que dicen los acuerdos de paz” y no les sirve ninguna otra cosa.

Hay quienes llegan al colmo de reivindicar derrotas políticas y electorales como si fueran mandatos ciudadanos y exacerbar odios de siglos pasados para encender la mecha de la indignación ciudadana. Parece una suerte de sitio mediático que opta por tumbar lo que hay en vez de construir un país viable bajo el mandato que ganó las últimas tres elecciones.

A estos personajes hay que recordarles que lo firmado en la opereta trágica del Teatro Colón ni refundó la república, ni le hizo mella a la institucionalidad a la cual las Farc 'políticas' hoy dicen obedecer. Y a los 'estudiantes' con facha de colectivos que atacan sedes de medios de comunicación que informan de manera distinta a lo que ellos piensan, no hay otra opción que judicializarlos.

La gobernanza es el primer reto de cualquier gobierno que asuma un partido que haya ejercido la oposición al que reemplaza. Por ello es tan difícil y sensible la escogencia de los nuevos directores de los equipos de trabajo institucional, llámense ministerios, agencias o entes descentralizados.

El compromiso de éstos funcionarios (y de los que se heredan de la administración anterior) con el nuevo programa de Gobierno, tiene que ser irrestricto y superar cualquier crítica.

Siempre se ha dicho que “cada torero torea con su propia cuadrilla”. Pues ya va siendo hora de que el tercio cambie y la corrida se ponga de cara al sol, no a la espalda del torero. Colombia no puede ser el efecto trasnochado del esquema que se cae a pedazos en los demás países de la región.

Ñapa: Que el Gobierno sigue teniendo problemas de comunicación es más que obvio. Así quedó demostrado con la dificultad de transmitir los contenidos de la Reforma Tributaria que busca pagar los costos del desastre heredado. Preocupa la fricción que se anticipa en la gestión ante el Congreso y la efectividad de la Ministra del Interior para patinar la iniciativa ante la opinión.

Incluso en las bases del uribismo hay quienes sin medida ni matiz critican el proyecto. ¿Será que es más importante buscar puesto o réditos políticos que ayudar a encontrar soluciones?

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