Una oportunidad


ÁLVARO CARBONELL NÚÑEZ, autor de esta crónica, es uno de los diez finalistas del Premio Nacional de Crónica CIUDAD PAZ.

Una madrugada de abril de 1990, la boreal aurora bañaba con su rocío la espesa vegetación que la rodeaba, los primeros rayos de sol amanecidos conformaban un arcoíris dándole un hermoso contraste al amanecer, de repente se escucharon los frenos de un vehículo y hacían eco en las montañas los gritos exasperados de Anselmo, quien invadido por la angustia y la felicidad de la venida de su primer hijo, a gritos llamaba a Teresa, partera de la región, quien había heredado el oficio de su madre y por muchos años llevaba a cabo esa labor, Anselmo era un campesino de los más prósperos del sector, casado con Mercedes hacía poco menos de un año, el desde muy corta edad perdió a su padre y se encargó como único hijo de velar por Paulina, su madre y de administrar la finca cafetera.

Teresa y Anselmo, abordaron el Jeep Willis modelo 1950 que durante años perteneció a su difunto padre, transporte que después de 40 años aun funcionaba a la perfección, era el vehículo apropiado utilizado por los pobladores de la zona, ya que por el mal estado de sus vías de acceso se hacía casi imposible transitar por ellas, la ausencia prolongada del Estado no permitía un correcto desarrollo de estos pueblos, convirtiendo sus trochas en trampas mortales en las que constantemente suceden accidentes y pierden la vida muchos campesinos de la región.

Al llegar a la hacienda, sin apagar el vehículo, atravesaron el florido jardín, cultivado con orquídeas y rosas, que impregnaban el espacio con su estela perfumada, entraron a la hermosa casa… siguieron a la habitación donde Mercedes, esposa de Anselmo, ya se encontraba en trabajo de parto, acompañada de Paulina su suegra; Teresa, se encarga y trae al mundo dos criaturas de sexo masculino, la felicidad abordó a los presentes, quienes en ningún momento imaginaban que sería doble la partida, Anselmo deja en compañía de su madre a su esposa e hijos, lleva en su jeep a Teresa y se devuelve a su finca.

Juan y Alberto, como fueron bautizados, crecieron sin necesidades, por años solo se interrumpía la tranquilidad de la hacienda, con la visita mensual del “Choncho”, como era llamado el jefe guerrillero por su grotesca figura, quien exigía a los hacendados de la región vacunas para el sostenimiento de la causa.

Transcurrieron los años… los hermanos crecieron distinguiéndose como los mejores estudiantes de la escuela, para el día de su grado, un 30 de Noviembre del 2007, Anselmo y Mercedes por ese motivo, organizan una fiesta en la que invitan a todos sus vecinos, La banda del pueblo sonaba, jóvenes y adultos bailaban, ingerían licor y deliciosas viandas, era el último día del mes de Noviembre, el ambiente navideño reinaba, se escuchaba el estallido de la pólvora y la música de Buitrago, compositor de la época, sus canciones daban el toque tropical a las festividades y se escuchaban en todas las fiestas y cantinas.

En lo mejor de la fiesta a eso de las 12 de la noche, llegaron en un camión, 20 individuos con sus rostros cubiertos por pasamontañas negros, uniformados con camuflados y provistos de armas sofisticadas de distintos calibres, irrumpen de manera violenta agrediendo a los invitados, se llevan a Mercedes y Anselmo ante el estupor de sus hijos y los asistentes a la reunión. Al siguiente día encontraron sin vida y baleados los cuerpos de sus padres, con una pancarta que los acusaba de colaboradores de la guerrilla.

El dolor por la muerte de la joven pareja, causó la desaparición a los pocos días de su abuela Paulina, los hermanos sumidos en la tristeza reciben la visita del “Choncho”, jefe guerrillero quien los invita a sus filas y les advierte que en un mes los recogería, esto fue del agrado de Alberto, quien deseaba vengar a sus padres, pero no de Juan, que quería otra oportunidad; los hermanos vendieron lo que pudieron de la finca y así Juan, logró viajar a la capital, mientras Alberto esperaba.

Llegó para él la anhelada fecha… el Choncho y sus muchachos como irónicamente los llamaba, descendieron de las frías montañas, esta vez por la cuota y por sus nuevos reclutas, al llegar el jefe guerrillero no oculta su inconformismo por la partida de Juan, este insulta a Alberto y molesto asciende con él la montaña. Para Alberto, a pesar de ser dura la experiencia que afrontaba, el odio que guardaba en su corazón le daban las fuerzas que necesitó para enfrentar su calvario, era un obediente guerrero, que a pesar de las vicisitudes y malas condiciones, siempre estaba listo para acatar las órdenes y con valentía las cumplía, llevándolas al final esperado, poco a poco escala grados por sus importantes logros, desde su primera misión se destacó ya que le salvó la vida a su jefe de cuadrilla, el que herido de muerte fue cargado en hombros por Alberto y llevado hasta el campamento subversivo, su última misión fue la del rapto de 11 hacendados de la región, los que departían en una fiesta y fueron sorprendidos por el grupo subversivo, conformados por más de 15 hombres armados, quienes secuestrando a los invitados, profundizaron con ellos en la manigua.

Mientras… Juan sufría. A los dos meses aún sin trabajo en la ciudad, se ve obligado a dormir en la calle… en su periplo, conoce a John, quien lidera un lavadero de autos. Éste le da trabajo y permite que duerma en el local. Juan se da cuenta que su jefe vendía drogas, le propone que le permita trabajar en ello, John acepta y con ello Juan logra mayores recursos, consigue una habitación, en una residencia cercana a la plaza de mercado con vista al Bar, ofreciéndole un primer plano de las prostitutas invitando a los transeúntes, en las noches recordaba su habitación en la hacienda, cuando observaba por la ventana en las mañanas, bajar a los recolectores con sus mulas cargadas de café, recordaba a Consuelo, cuando le entregó su virginidad aquella tarde de Noviembre en la quebrada, donde se bañaron a pocos metros del aljibe, ojo de agua donde brotaba el precioso líquido, el que a medida que resbalaba por la falda de la montaña, se hacía más ancho y desembocaba en una roca formándose una cascada, allí se entregaron sus virtudes, entre caricias y besos experimentaron lo nunca sentido.