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Divide y vencerás


Escribo estas líneas, días después de las elecciones presidenciales del 27 de mayo de 2018, y al no haber alcanzado ninguno de los candidatos más del 50 por ciento de los votos depositados, iremos a una segunda vuelta en tres semanas entre los dos candidatos que hayan conseguido las mas altas votaciones, en este caso Iván Duque y Gustavo Petro.

Antes de continuar con el análisis político que me propongo, debo hacer un alto para resaltar un hecho que es incuestionable y en el cual no se ha querido ahondar por parte de los analistas políticos que tan habitualmente no dejan pasar ningún detalle, veamos:

Hace muchos, pero muchos años, no se habían dado unas elecciones en el clima de total paz como las del pasado domingo 27 de mayo. Es más, creo que en todos mis años de vida es la primera vez que escucho que no hubo ni la más mínima alteración del orden público durante toda la jornada electoral.

Y ¿a qué se debe atribuir este fenómeno? La respuesta es muy sencilla y no se puede buscar ninguna diferente. Es el resultado del PROCESO DE PAZ CON LAS FARC. Es otro de los beneficios palpables que ha traído ese proceso tan criticado por algunos sectores, pero en especial por unos de los grupos políticos que, paradójicamente, se benefició de forma directa del clima de paz que se vivió ese día.

La votación histórica que se dio en la jornada electoral, más de 19 millones de votos, no se habría podido conseguir si en algunas regiones del país se hubieran presentado las interferencias que habitualmente se presentaban, bien a mano de la guerrilla o de los paramilitares, quienes a punta de amenazas intimidaban a la población con el fin de que no votase o de hacerlo tenía que ser por los candidatos que dichos grupos ilegales apoyaban.

Con la paz, que tanto nos ha costado a los colombianos, se pudo acceder libremente a las urnas y de esta forma expresar nuestras preferencias. Así pues, ¿quién duda de los beneficios de la paz como este al que hacemos mención, sumado a otros más, como la reducción absoluta de soldados heridos o muertos como resultado de esa guerra fratricida en la que nos encontrábamos enfrascados?

Por esto podemos decir, sin duda a equivocarnos, que el gran ganador de esa jornada electoral no estaba en el tarjetón electoral y no es otro que el presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón.

En la semana de elecciones no sólo logró asegurar que estas transcurrieran en absoluta paz, sino que además se conoció la noticia del ingreso del país a la OCDE y a la OTAN, que sin poder anticipar si esto será bueno o no para los colombianos, si podemos decir que marca la diferencia y coloca al país en otro nivel.

Por último, en este punto, puedo decir que en muy pocos años no sólo los colombianos sino a nivel global, se le va a reconocer al presidente Santos todos los sacrificios hechos por este con el fin de alcanzar la Paz. La historia se lo reconocerá.

Volviendo a nuestro tema original, tenemos ante nosotros dos candidatos que pasan a segunda vuelta y solo uno de ellos se alzará con la victoria, que no es otra que ser elegido Presidente de la República el próximo 17 de junio.

Pues bien, ambos candidatos representan opciones diametralmente opuesta y quien gane impondrá un modelo de gobierno que no es compartido para nada por el otro sector representado por el candidato perdedor.

Se tejen una cantidad de hipótesis frente a lo que vaya a ocurrir ese día de la segunda vuelta principal, pero la mayoría de dichas hipótesis dan como ganador de la Presidencia de Colombia para el período, en principio, 2018-2022, a Iván Duque, representante del partido Centro Democrático y, lo mas importante, representante del ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Y en ese último hecho es en el que radica el convencimiento que existe en la mayoría de los colombianos de que Duque va a ganar la Presidencia el próximo 17 de junio. No podemos olvidar que en los últimos 16 años de historia del país, Álvaro Uribe Vélez se ha consolidado como el gran elector, ganando elección tras elección en cabeza propia o a través de quien el designe.

Y es que por sí solo Iván Duque no le dice nada a los colombianos. Es un hombre joven que ha tenido mas una carrera por fuera del país que dentro de él. Su experiencia administrativa es nula y los colombianos sólo lo hemos conocido como senador de la República en el periodo que terminará el próximo 19 de Julio.

No desconocemos que tenga la preparación intelectual que se consigue cuando se es educado en universidades extranjeras, pero de ahí en adelante todo lo demás es una gran incógnita de cómo podrá ser un gobierno dirigido por él.

La realidad es que en la situación en que nos encontramos evidencia que el próximo presidente de la República será una persona con escasa preparación administrativa para afrontar un cargo de tanta responsabilidad.

En primer lugar, por lo que ya dijimos. Es el ungido por el gran elector que ha tenido Colombia en los últimos años, Álvaro Uribe Vélez, quien quiera que hubiera sido el ungido, con experiencia o sin experiencia, partía con una gran ventaja frente a los demás competidores, por el simple hecho de ser el dueño de los afectos del ex presidente.

Pero, a eso, agreguemos que lamentablemente los sectores democráticos de centro y de izquierda que están en la competencia no pudieron anteponer sus intereses particulares a la necesidad imperiosa que existe de unir fuerzas para poder afrontar la jornada electoral del 17 de junio.

Parecía, inicialmente, que no se suscitaría mayor inconveniente para lograr el objetivo de llegar todos unidos a dicha segunda vuelta, craso error, ya que con el paso de los días hemos podido ver que son más fuertes los odios, los resentimientos, los egos y las diferencias entre los miembros de dichos sectores que la necesidad imperiosa de unirse con el fin de no permitir que gane las elecciones Iván Duque y, a través de él, a Álvaro Uribe Vélez y esa vieja clase política que se encuentra acomodada a su lado, léase, Alejandro Ordoñez y compañía.

Vemos con asombro y estupor que muchos de quienes hasta hace uno días invitaban a pensar en el futuro del país, hoy prefieren que gane la opción que representan Duque y Uribe y no unirse dando su voto a Gustavo Petro, demostrando con esta actitud que no son los intereses de la Patria los que los mueve a hacer política, y que prefieren que al final esta sufrida Nación vuelva a repetir las oscuras páginas de violencia y corrupción que ya se vivieron en su momento.

¿Qué coherencia puede existir en haber votado, el domingo pasado 27 de mayo, por Sergio Fajardo y hoy estar pensando en votar el 17 de junio por Duque? o ¿como mínimo votar en blanco? Créanme que no he podido entender ni entenderé dicha 'coherencia'.

Pero así están las cosas. ¿Qué podemos hacer? Al estar divididas estas fuerzas, de persistir en esa posición, nada se podrá hacer, no se alcanzará la votación necesaria y suficiente para que Gustavo Petro pueda ganarle la Presidencia a Duque.

Y esta división es la que algunos sectores quieren que se continúe dando, ya que de persistir serán ellos los que ganarán, al estar unidos alrededor de su candidato y tener claro para qué y a qué es que quieren volver al poder.

Esperemos que esa frase dicha ya hace muchos años por Jorge Eliécer Gaitán se vuelva una realidad en este momento: "Los pueblos son más grandes que sus dirigentes". Esperemos que sea el pueblo el que al final no se deje dividir y acuda unido el 17 de junio a votar por Gustavo Petro.

Sólo espero que aquellos que dejaron que sus odios y rencores estuvieran por encima de las necesidades del país, no se estén rasgando las vestiduras cuando presenciemos las cosas que están por venir como la terminación del proceso de paz, violencia en los campos colombianos, corrupción desde las altas esferas del gobierno y muchas más que ni siquiera alcanzo a imaginar.

Tienen vigencia las palabras de Dante Alighieri, en su obra La Divina Comedia: “Los confines mas oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.

@DAGRAMAR2010

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