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El fantástico Profesor Lora

April 23, 2018

Se llama Facundo Lora y se cree el más famoso profesor de cuantos existen en las Instituciones de Educación de esta parte del país, tanto en el sector privado, como en el sector oficial. Sabe de todo un poco, habla de todo un poco, opina de todo un poco, analiza de todo un poco, crítica y discute de todo un poco y está siempre pendiente y con el oído parado para ser el primero en meter la cuchara cuando hay una conversación, sea cual fuere el tema, y nadie lo ha llamado.

 

El profesor Lora, no es un teso, no tiene idea de la pedagogía de Piaget y tampoco ha oído hablar de Juan Amós Comenius, mucho menos de María Montessori y jamás ha leído nada de Bunge y tampoco de Vygotsky. Habla mal de los siete sabios de Grecia como si aún estuviesen vivos, se expresa con insulto cuando habla de Sócrates, Platón y a Aristóteles lo confunde con el de Jacqueline. Se cree un duro porque habla de todos ellos, y comenta siempre en la sala de profesores o en cualquier reunión acerca de lo que acontece en el mundo y expone teorías de pensadores que no existen.

 

Cuando está en su clase, el profesor Facundo Lora, cuyo nombre lo tiene bien puesto, habla de muchas cosas y de nada. Se rebusca y habla con los términos más desconocidos y recomienda libros y textos cuyos nombres ha escuchado a otras personas o por televisión, pero que él jamás ha leído o visto. Se pavonea ante sus estudiantes, hace alarde de sus muchos títulos nobiliarios, presume de sus amistades, especialmente de las  que están en el poder,  como también de las que son aristócratas. Usa colonia fina, mastica chicle, calza zapatos de cordobán, habla como argentino, camina como cubano y viste siempre como panameño, de guayabera azul celeste con adornos  y bordados en alto relieve con arabescos de figuras mitológicas que “he visto en los libros de mi biblioteca”, dice.

 

No pierde ocasión para meter la cuchara en temas políticos, pues cuando alguien que tiene aspiraciones electorales y éste quiere un asesor él es el primero que brinca como un gallo de pelea al ruedo.  Jamás lee un periódico, ni en físico y tampoco digital, pues esa es una labor de gente pueril, tampoco le dedica tiempo a las noticias de televisión, pues para él esa es una actividad de holgazanes y mucho menos escucha ninguna clase de noticieros, porque para él todos sus locutores y periodistas, están vendidos al gobierno. Cualquiera de esas actividades es una pérdida de tiempo, y desdeña de quienes son estudiosos y analíticos de los problemas de la sociedad.

 

Lora se cree un don Juan. Copia poemas amorosos y eróticos de escritores clásicos y se los envía a las zagalas con la firma de él. Si los políticos, desde el presidente para abajo, se roban la plata del pueblo, por qué yo no me puedo hurtar un simple poema, suele decir. No pierde ocasión para lanzar piropos a cuanta zagala encuentra en su camino, y como los caballeros de antes, hace una genuflexión de cortesía, se descubre el sombrero de Panamá que siempre usa y reza  el santo rosario cinco veces a las seis.

 

Ya mucha gente ha identificado a Lora, saben cómo es, quién es, y cuál es su bagaje intelectual, por eso cuando hay una reunión, por muy informal que esta  sea,  y llega Lora, inmediatamente todos se van. Algunas personas que no lo conocen, y tienen la dicha o la desdicha de toparse con él, a veces caen atrapados en las fauces de Lora. Para conocer a Lora basta una sola charla. Si la reunión es de médicos, Lora habla de medicina, si es de abogados, habla de jurisprudencia; si por el contrario la reunión es de arquitectos, Lora se libera hablando de arquitectura; si es de bromatología, Lora se desahoga hablando de los sabores. En fin, Lora, aparentemente es un personaje omnisciente. Habla del mundo como si lo tuviera en su mano. Nada escapa a la mente de Lora.

 

Lora no es loco y tampoco un iluso. No. Lora es un teso. Se enorgullece de la pila de diplomas que guarda en su residencia, fruto de otros tantos títulos comprados que le han dado caché. “Este es un país de títulos. Y los míos los compré en Universidades de Caché”, suele decir.  Nunca prepara una clase y tampoco investiga los temas de su especialidad. Para él el conocimiento no está en la investigación sino en el mundo que nos rodea. Su filosofía es práctica. En fin, como Lora hay muchos en este mundo, los encontramos en cualquier lugar, hablando y vociferando de lo que es y de lo que no es.

 

Cartagena de Indias

 

 

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