Un Congreso rocambolesco


Vine a caer en la cuenta que Pierrot, payasos y polichinelas, personajes palaciegos que en las bacanales, comilonas y francachelas de las antiguas y corruptas democracias griegas y las corrompidas cortes europeas, con sus gestos, mimos y toda clase de triquiñuelas hacían reír y deleitaban a sus gobernantes y a sus invitados, para ganarse de una u otra manera la vida, no eran personajes de museos o invenciones de historiadores, antropólogos, escritores o profesores de literatura, sino que en pleno siglo XXI, aún todavía se reencarnan y tienen vigencia en los desprestigiados Congresos del mundo, y en especial en el Rocambolesco Congreso colombiano.

Guardadas las proporciones, y sin ofender a aquellos personajes inolvidables que eran tan necesarios en las cortes, que estudiaban una y otra vez el teatro y que originaron grandes y revolucionarios movimientos en el tablado, en nuestros días, estos personajes caricaturescos, vanidosos, deshonestos y pervertidos, han ido apareciendo al lado del poder ejecutivo y del judicial, no como aquellos polichinelas de la comedia latina, sino como los palafreneros, corifeos y cacos del siglo XXI, que están pendiente de qué hace o qué no hace el rey de turno … para ser el primero en festejarlo y vociferarlo a través de los canales y medios de comunicación.

Cómo muchos colombianos, aun no comprendo cómo personajes como éstos con las características de Satur, el Hartón de la Comedia Persa de Plautos, sin ninguna clase de sindéresis y criterio para pensar y exponer libremente sus juicios, son elegidos y relegidos al Parlamento, donde se presume debiese llegar gente ilustrada, ávida de generar controversias y movimientos en el paquidérmico, roñoso, cavernario y exorable congreso nacional.

Semejando unas veces a los personajes de la Batracomiomaquia obra atribuida a Homero, y otras veces a los de La Gatomaquia, de Félix Lope de Vega y Carpio, la opinión colombiana durante los últimos años ha tenido que aguantarse los groseros e injuriosos debates, de baja calidad, con un lenguaje procaz, vulgar y grotesco a toda una prole de congresistas exorables y de bajo perfil, que se insultan y denuncian mutuamente de los delitos que cada uno debajo de la manga esconde, mientras otros como el famoso Heliogábalo comen con voracidad o simplemente duermen y roncan a pierna suelta como Morfeo y otras vece como Proteo.

De toda esa prole de turiferarios que acolitan y celebran, y contrarios al payaso, bufón, arlequín, cómico o pierrot, que con sus actuaciones y mímica producían hilaridad en el público, éstos producen rabia, pues viven riéndose, burlándose, aplaudiendo y poniendo una alfombra de demagogia a las trampas y triquiñuelas, que no solo le hacen al pueblo, sino también a las leyes y a la propia Constitución Política. Aquel Senado Romano en el que Calígula nombró Cónsul a su caballo Incitatus, le quedó pequeño.

Y es que estos personajes, como el Rocambole de Pierre Alexis, que salen a representar al país a otras naciones cuyos Parlamentos la mayoría de las veces no los reciben porque conocen sus trampas o los identifican por el hedor a corrupción, se pasan de la raya, violan todas las normas de la decencia, como viles callejeros gritan, insultan, sabotean y hablan por los micrófonos frente a las cámaras, sin ninguna vergüenza, sobre las indulgencias y bondades de las trampas, dolos, fraudes y engaños que los otros congresista realizan en el Parlamento, mientras ocultan sus delitos y sus rabos, sobornando a quienes tienen el deber y derecho de juzgarlos.

Y lo peor seguramente es que de esas hornadas de exorables congresistas, que cree que los oyentes se tragan sus payasadas, porque la mentira en ellos es proverbial, que en el Congreso comercian su voto, chupan el erario, crean organizaciones fantasmas en connivencia con funcionarios nacionales y departamentales para birlarse pilas de millones de pesos, que debieran estar tras las rejas purgando sus delitos, volverán orondamente al Congreso en la próxima legislatura a robar y a vender al mejor postor su voto y a sobar la chaqueta del mandatario de turno.

Menos mal que el país los conoce y los identifica por sus conductas punibles y seguramente, con la cantidad de candidatos buenos que surgen por todos lados, que llevan buenas intenciones, que esperan una oportunidad, sabrá a quien elegir para que haya un Congreso renovado, con nuevos actores, no salidos de la Gatomaquia o de la Batracomiomaquia, sino de las entrañas de la honestidad, la rectitud y naturalmente de la conciencia de la persona. De no hacerlo, serán otros cuatro años en que seguiremos aguantándonos el Congreso Rocambolesco, con la hornada de exorables y perversos personajes, expidiendo leyes inútiles, saqueando el erario y actuando con los pierrots, payasos, polichinelas o colombinas de la Comedia latina.

Cartagena de Indias, 9 de febrero de 2018

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