Ser diferente en medio del conflicto armado de Colombia


Son pocos, poquísimos, los temas que podemos decir le son comunes tanto a los miembros de los grupos paramilitares como a los miembros de la guerrilla, tal vez el más conocido es el tratamiento que estos dos grupos le han dado al negocio del narcotráfico, llegándose a situaciones inimaginables de ser socios en algunas regiones del país en el cultivo, procesamiento y distribución de dichas sustancias.

Pero otro tema que los une y los hace reaccionar de maneras muy similares es su aversión y malquerencia en contra de aquellas personas que en materia sexual han decidido optar por un camino diferente al tradicional, una sexualidad diversa a la tradicional se diría, estos son los miembros de la comunidad LGBTI.

Y queda entonces uno preocupado al comprobar que tanto la extrema izquierda como la extrema derecha terminan coincidiendo en algunos puntos y uno de ellos es el querer desconocer los Derechos que les asisten a las personas que tienen una inclinación sexual diferente y no contentos con desconocer esos derechos hacer blanco a dichas personas de amenazas que en muchas ocasiones ponen seriamente en peligro sus vidas.

Dentro del capítulo de víctimas del conflicto armado en Colombia existe un grueso número de personas que lo son no por ser auxiliadores de uno o de otro bando, no por tener ideas políticas diferentes al grupo que hace presencia en su región, los son únicamente por su tendencia y gusto sexual el cual difiere del tradicional o del cual se considera “normal” entre la mayoría de habitantes de la región.

En la actualidad se consideran que existen más de 2000 miembros de la comunidad LGBTI que son víctimas directas del conflicto armado, número que sigue creciendo conforme pasan los días, por temas de su sexualidad y que dicha violencia a la que han sido sometidos y de la que han tenido que escapar proviene tanto de grupos de paramilitares como de miembros de la Guerilla de las FARC.

No se puede olvidar como según reportes de medios de comunicación en el año de 2003 en el municipio de San Onofre el paramilitar Marco Tulio Pérez Guzmán conocido con el alias “el oso” y quien para ese momento era el segundo comandante del frente Canal del Dique ordeno que 16 jóvenes reconocidos como “gays” de la región se tranzaran en una pelea a puños en un ring improvisado con el fin de “curarles la maricada” frente a toda la población y aquellos que se negaran debían huir de la región con el fin de evitar ser asesinados.

Pero por el lado de las FARC el tratamiento a los miembros de la comunidad LGBTI no ha sido diferente al que era recibido por los paramilitares, para muestra tenemos como se encuentra documentado que algunas mujeres lesbianas que se encontraban haciendo parte de dicho grupo subversivo fueron retiradas de sus filas por que dicha conducta sexual ‘faltaba a la disciplina’ que debía existir al interior del grupo,

Esta también documentado como en algunas regiones del país donde dicho grupo guerrillero ejercía su dominio obligaban a la población a practicarse pruebas de VIH y el bloque 59 en su área de injerencia ordeno el desplazamiento de personas señaladas de pertenecer a la comunidad LGBTI.

En un reportaje que se puede encontrar en la página web COLOMBIA PLURAL la comandante Isabela San Roque afirma; “venimos de una tradición muy campesina, con posiciones conservadoras en asuntos morales, la mayoría de nuestras y nuestros combatientes provienen de familias cristianas”, por tal motivo manifiesta que la guerrilla de las Farc es una guerilla “heterosexual” y que si bien es seguro que dentro de sus filas hay miembros de la comunidad LGBTI la posición oficial de dicha guerrilla es que no se permiten en sus filas a personas que se identifiquen con dichas inclinaciones sexuales, termina diciendo una frase que deja mucho que pensar frente a como se trata a los miembros de la comunidad LGBTI en nuestro país “la guerrilla es un reflejo de la sociedad colombiana”.

Aun así, no podemos dejar pasar por alto que en el acuerdo suscrito el pasado 24 de noviembre de 2016 entre el Gobierno Nacional y las Farc conocido como “el acuerdo del teatro colon”, en 16 ocasiones se hace mención a la comunidad LGBTI; acordando que no se continuara con la estigmatización de los miembros pertenecientes a dicha comunidad, reconociendo que dichas personas han sido víctimas del conflicto por sus preferencias sexuales, acordando que en la implementación de dicho acuerdo se le respetaran los derechos a los miembros de la comunidad LGBTI entre otros aspectos.

Dicho lo anterior, no podemos limitar la persecución y estigmatización de los miembros de la comunidad LGBTI a estos dos solos actores del conflicto armado dejando de paso libre de responsabilidad (sin estarlo) a otro actor crucial en el conflicto armado como lo es el Estado Colombiano.

Si bien no se encuentra por escrito que exista una política de Estado encaminada a discriminar y vulnerar los derechos de los miembros de la comunidad LGBTI no es un secreto para nadie que poco o nada hizo el Estado colombiano en un momento determinado para respetar y hacer respetar a aquellas personas a las cuales se les consideraba diferentes por el solo hecho de tener un gusto sexual inclinado a personas de su mismo sexo.

Solo hasta hace unos pocos años y no en todos los niveles gubernamentales se empezaron a reconocer dichos derechos a los miembros de la comunidad LGBTI, no olvidemos como algunos mandatarios municipales, departamentales y hasta del orden nacional se han opuesto a realizar inversiones que vayan encaminadas a visibilizar y proteger a la comunidad LGBTI.

En resumen, ser miembro de la comunidad LGBTI en Colombia en un momento de la historia de nuestro país se convirtió en sinónimo de ser un paria, un enfermo contagioso que solo merecía y debía ser apartado de la sociedad.

Y es ahí donde la reflexión hecha por la Guerrillera Isabel San Roque nos lleva a pensar seriamente de cómo son vistos y tratados los miembros de la comunidad LGBTI en el país, cuando nos dice que la guerrilla es un reflejo de la sociedad colombiana.

Colombia es un país HOMOFOBICO por naturaleza, el cual no ha querido reconocerles los más mínimos derechos a los miembros de dicha comunidad y que en muchos casos no solo ha sido testigo silente sino determinador de los más atroces crímenes perpetrados en contra de sus miembros.

No es igual ser miembro de la comunidad LGBTI siendo profesional, teniendo recursos económicos, posición social, viviendo en una Ciudad pluricultural como lo puede ser la capital del país, que ser miembro de esa misma comunidad LGBTI no siendo ni adinerado ni profesional y viviendo en poblaciones perdidas de la geografía nacional donde los estereotipos y los señalamientos son las que imperan y dominan

Esperemos que verdaderamente con este acuerdo de paz que se empieza a implementar los miembros de la comunidad LGBTI cuenten con las garantías mínimas para poder vivir de forma pacífica, sin miedo a ser perseguidos y violentados, porque de no ocurrir esto de nada sirvió el sacrificio de muchos de ellos y estaríamos avocados a continuar asistiendo a actos de violencia injustificada por el simple hecho de tener gustos diferentes en materia sexual.

La anterior reflexión la hemos realizado teniendo en cuenta que estamos en el mes donde se celebra a nivel mundial el orgullo gay que ha permitido que ciudades como Madrid (España) durante una semana hayan realizado el Gay World Pride que les permitió tener un ingreso de por lo menos 4 millones de euros en tan corto tiempo, nos alcanzamos a imaginar que significaría para una Ciudad como Bogotá una inyección de recursos económicos de este volumen por el simple hecho de ser tolerantes y respetuosos de una realidad mundial como lo es la diversidad sexual.

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