La paz es posible…


Yo vi cuerpos mutilados por las minas colocadas indiscriminadamente en muchos –demasiados– sitios del territorio nacional. Vi sin piernas y sin brazos a jóvenes soldados de la Patria, a mujeres campesinas que sólo transitaban por caminos rurales... A niños y niñas despedazados... ¡Y no quiero ni puedo volver a verlos!

Vi viudas y huérfanos de las batallas que desconocían. Niños y niñas vulnerados en sus íntimos derechos... Jóvenes madres de hijos de padres abusivos y criminales. Les vi en esos campos que ignoran en las grandes ciudades, les vi llorando en estas ciudades inhumanas donde prefieren ignorar el dolor y el terror.


Vi los cuerpos sacrificados en el Altar de la Patria y presencié esos sepelios con banderas colocadas sobre los ataúdes y observé a esas madres y viudas desconsoladas.

Vi a muchas familias desesperadas porque no tenían noticias de sus padres, madres, hijos o hijas secuestrados... Varios de ellos pagaron rescates, incluso, para que les devolvieran los restos mortales de sus seres queridos. ¡Dios!


Vi mujeres violadas por actores delincuentes del conflicto y, también, las vi padecer la indiferencia de esta sociedad.


Como, igualmente, veo hoy la indiferencia ciudadana cuando se enfrenta a los desposeídos... Hombres, mujeres, ancianos y niños deambulando por las calles en busca de algo que calme la fatiga.


Yo vi más de lo que hubiera querido... Aun cuando no me arrepiento de haber estado en cada lugar a donde me llevó el destino y el trabajo que ejercía.

Es cierto, también estuve cerca a éxitos militares que brindaron sonrisas y alegrías al pueblo colombiano... Las Operaciones Jaque y Camaleón, durante las cuales le arrancaron a las Farc a personas que mantenían secuestradas en oprobiosas condiciones. Vi los rostros con miradas ansiosas de libertad y las cadenas oxidadas colgando de sus cuellos y los grilletes casi enterrados en la piel de las víctimas rescatadas.

Por eso... por eso, porque no podemos permanecer impávidos ante el terror y el dolor, creo que la paz es posible.


Sólo espero que las Farc –quienes la integran– puedan reinsertarse propositivamente a la sociedad y cumplan los compromisos que hayan adquirido en La Habana. Para que no siembren más minas que maten o mutilen... Para que no haya más viudas y huérfanos causados por la violencia... Para que la extorsión y el boleteo deje de ser sistemática en muchas regiones de Colombia.


Sólo espero que el Gobierno –quienes ejercen el poder– entienden que su misión es combatir las injusticias e inequidades sociales. Para que un día los soldados ejerzan soberanía sin tener que disparar contra sus hermanos...

Sólo espero que haya justicia… Que conozcamos las verdades disimuladas y escondidas en la selva, en las montañas, en el desierto y en cada población que ha sido escenario del conflicto.


Todo ello es necesario, como también lo es que desde nuestras experiencias contribuyamos a construir la paz. Que aportemos a la reconstrucción del tejido social y a insentivar la confianza de todo ello es factible.


En fin, creo que la paz es posible...


Si, para que cese la oscura noche que ensombrece nuestras vidas.


Una paz que le da triunfo a la Nación.


Una paz sin dueños...


Una paz de y para todos y todas. ¡Sin excepción!

Bogotá DC, 22 de junio de 2016

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