VIVIR MÁS CON MENOS

* Vale entonces la pena retomar esa pregunta que tantas veces nos hemos hecho. ¿Quién soy? ¿Cuál es el propósito de mi vida?

Puedes tener mucho dinero, muchos bienes materiales, y aún así vivir miserable. O puedes tal vez tener lo básico y ser feliz. Tú decides. ¿Quién eres y hacia donde vas?, esa es la pregunta. No hay duda, la dirección en la que caminas determina tu destino.

Una mañana te levantas, echas una mirada a tu alrededor y te das cuenta que estás rodeado de muchas cosas que no usas, que no te son útiles, que solamente ocupan espacio en tu vida y que son factores distractores que absorben tu tiempo.

¿En qué momento comenzamos a llenarnos de tantas cosas? ¿Cuándo fue que empezamos en la carrera meteórica de acumular? Creo que desde el mismo momento de nuestra infancia en que tuvimos uso de razón nos embarcamos en esa carrera loca por tener más. Una competencia que es potenciada por nuestra sociedad de consumo.

Al final del día, podemos darnos cuenta que no es la casa lujosa la que te brinda un hogar.

La máxima de nuestra cultura pareciera ser: “Tener más te hace feliz”. Pero, ¿es cierto? No lo creo. Con el tiempo y la experiencia entiendes que es todo lo contrario: “Tener más te hace infeliz, te hace esclavo de lo que tienes”. ¿Cómo entonces podemos salirnos del círculo vicioso que nos plantea la vida?

Y es que no solamente se trata de la acumulación de bienes materiales, se trata también del hecho de llenarnos de otras cosas menos tangibles, llenarnos de compromisos y obligaciones innecesarias, por ejemplo.

Al final del día, podemos darnos cuenta que no es la casa lujosa la que te brinda un hogar, y que no son las cosas que posees las que le dan valor a tu vida. En otras palabras, no eres lo que tienes, eres lo que eres. Y eso no cambia por la marca de ropa que usas o el carro que compras.

Vale entonces la pena retomar esa pregunta que tantas veces nos hemos hecho. ¿Quién soy? ¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Es el acumular bienes el todo de la vida? La respuesta rotunda es NO.

Creo que sin darme cuenta he caminado por la vida tratando de desarrollar una filosofía minimalista. Mi interior busca ser feliz con menos, de eso estoy seguro. Pero esa batalla que mi mente libra día a día contra la sociedad de consumo es brutal y no se me hace fácil la tarea, pues pareciera que todo gira en torno al concepto de que lo que tienes determina lo que eres.

Y vas por la vida arrastrando con más y más cosas, acumulando deudas, compromisos innecesarios. Y la cultura te dice que la fachada es importante, que el éxito es eso, tener, acumular, poseer. Las redes sociales empiezan a controlar tus decisiones, pues vives según los estándares de otros. Vives para complacer a la mayoría. Al final, tu paz interna, tu salud física, emocional y espiritual pasan una cuenta de cobro alta.

¿Está todo perdido? ¿Qué podemos hacer entonces? La clave es vivir más con menos. Y es que vivir más no es sinónimo de tener más. Vivir más está directamente relacionado con el propósito. Encontrar el propósito me hace buscar en lo que puede no tener valor para otros, pero es un tesoro para mí. El propósito de mi vida está definido y dirigido por Dios, de eso no hay duda.

¿Qué es lo que tienes? Y puedes responder dos casas, tres carros, un negocio próspero (y la lista podría continuar). Pero, ¿tienes paz interior? ¿Eres feliz? Cuando miras el futuro, ¿cómo te ves? ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que te hace saltar de la cama cada mañana? Me temo que la respuesta --en la mayoría de los casos-- es otra vez un rotundo no. ¿Y entonces?

Jesús, el maestro más sabio de todos los tiempos –cuando el término minimalista ni siquiera se había inventado--, preguntó: “¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo mas que la ropa?” (Mateo 6:25).

Pero el Salvador no solamente nos inquietó con esa pregunta sobre el afán y la ansiedad que nos hacen volver a lo esencial, hizo otra que aun me estremece cada vez que la leo: “¿Quién de ustedes, por mucho q…