UNA PIRÁMIDE

* Es la defensa del sistema feudal en una Edad Media atrasada.

A través del dolor y la tristeza se está cumpliendo el objetivo de los responsables de la matanza de líderes indígenas y de restitución de tierras, defensores del medio ambiente y excombatientes acogidos: impedir la devolución de miles de hectáreas usurpadas, conseguir que se permita la explotación de recursos naturales a costa del agua y de la vida y ahuyentar cualquier intento de consolidar un Acuerdo de Paz que conduce indefectiblemente a una Reforma Agraria.


Es esencialmente económica la razón, que soportan en una conveniente ideología 'anticomunista' de los terratenientes, de los grandes capitales y de entidades y mandos militares.


Es la defensa del sistema feudal en una Edad Media atrasada. Es ambición, es egoísmo, es mezquindad.


¿Cómo consiguen asesinar a tantos colombianos, sin que logre resultados la justicia?


La pirámide del crimen es una concepción del siglo XX, de la mafia italiana, de calabreses, de sicilianos, introducida en su momento por el cartel de Medellín. Requiere de una poderosa financiación. Una estructura paramilitar, un ente sin rostro es el Estado Mayor operativo de una organización compartimentada en forma de pirámide.


En cada región se ajusta un vértice superior conformado por un mando al que nadie identifica y dos contactos que él mismo escoge, que no se conocen entre sí. Se forma así el primer triángulo.


Los escogidos eligen, cada uno, a dos hombres (o mujeres) de su entera confianza, clonando el mecanismo. Éstos a su vez hacen lo mismo y sucesivamente así, conformándose un perfecto y tenebroso entrelazamiento de la muerte, donde cada miembro sólo conoce a otros tres: el que lo contactó y los dos que él mismo contrató. Los sicarios, los ejecutores, quedan en la última línea.


Esta geometría bloquea cualquier investigación.[1]

Los verdaderos determinadores, son inalcanzables, están blindados totalmente. La impunidad está garantizada.

Se manejan generosos pagos. Cuando es inevitable la captura de un sicario, no hay riesgo de que abra la boca, no hay nada que pueda decir, a nadie va a involucrar ni torturándolo. No sabe nada.


Los colombianos del siglo XXI hicieron de la muerte una empresa dinámica, con sus áreas administrativa y operativa, donde financieramente los gastos son realmente una inversión. Agregaron un seguro adicional: se desconfigura la investigación de los casos con la táctica de 'revelar' problemas personales, recrear teorías de ajustes de cuentas, líos de faldas y algo que funciona siempre: implicaciones con el narcotráfico.


Las comunicaciones, los contactos, la información, las consignas criminales, se transmiten de tantas formas y mensajes, con sencillas contraseñas coordinadas que hacen impenetrable la organización. Es la tecnología.


Los verdaderos determinadores, son inalcanzables, están blindados totalmente. La impunidad está garantizada.


A pesar de evidenciar una implacable sistematicidad, el plan incluye la insistencia en pregonar oficialmente que no es un proyecto sistemático. Un crimen casi perfecto…


[1] Una cara de la pirámide



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