UNA GUERRA FRÍA

* La relación económica con los países desarrollados se torna en un capitalismo salvaje.

El mar del siglo XV no nos trajo las virtudes europeas. Llegaron la violencia y la codicia. Fue una invasión de malhechores sin honor que con saqueo y genocidio vinieron a descifrar a sangre y fuego a los dueños de estos territorios.


Ese tropezón violento de culturas desiguales dejó montada una élite con privilegios de injusticia, que en nombre de la Libertad, certifica una Autonomía para manejar a sus anchas todos los asuntos de estas tierras y sus recursos, configurándose el despojo del que son víctimas hasta hoy, muchedumbres descendientes con todas las mezclas, de la población original.


Han logrado mantener siempre a este pueblo lejos de sí mismo. Hoy, lo dividen en sectores, polarizan las tendencias y le inventan un patriotismo desvirtuado con cánticos, con fusiles y con fútbol.


No somos entidades colectivas con un pensamiento de carácter. He ahí nuestra indecisión, no somos determinantes. La decisión de un pueblo viene de su grado de comunidad.


No somos pueblos estables. La estabilidad se genera en una seguridad institucional que jamás hemos tenido.

Carecemos de fuerza espiritual, somos un pueblo sin serenidad interior. Estamos formados en un cristianismo hipócrita, que aflora y se extingue en una misa.


Un montón de técnicos y académicos se pasan vidas enteras opinando, diagnosticando estas repúblicas, desarrollando Investigaciones exhaustivas, escudriñando el pasado, el presente y el futuro, estudiando, acopiando información, elaborando análisis, abordando soluciones, que en manos de políticos, nunca conducen a nada.

En esa indefensión, ingresamos con nuestros conflictos a la geopolítica del siglo XX y del XXI.

La Guerra Fría es un periodo de tensión que surge como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Hitler, Alemania y su Eje perdieron esa guerra contra los Aliados.


Del bando vencedor, dos potencias se disputaron el liderazgo: Estados Unidos y la Unión Soviética. Dos formas distintas de interpretar, a su acomodo, este mundo. Por décadas, estadounidenses y soviéticos compitieron por extender la influencia de sus ámbitos, esencialmente el ideológico.

La idea de socialización de los medios de producción, viene del siglo XVI, bajo la forma de diversas teorías económicas basadas en el colectivismo agrario. El socialismo como sistema y el comunismo como doctrina, surgen del marxismo, un método de análisis científico de la economía, desarrollado por el judío alemán Karl Marx que en 1848 expone las bases del pensamiento comunista en conjunto con el prusiano Friedrich Engels en su obra “Manifiesto del Partido Comunista”.


El comunismo pretende la eliminación de las clases sociales hasta que quede la clase trabajadora solamente

Encaminada en esa propuesta, fue creada la Unión Soviética en diciembre de 1922, con la fusión de cuatro repúblicas socialistas. Los líderes rusos someten a sus pueblos a un cruel dilema: o se come o se piensa.

Amparados en burocracias voraces se usaron los conceptos del sistema socialista y de la doctrina comunista para reprimir brutalmente a los pueblos de los estados aliados de Albania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía, Yugoslavia y Alemania del Este, que son incluidos en los designios comunistas, constituyendo el bloque soviético, protagonista de la Guerra Fría.


Esta doctrina perdió la oportunidad de perdurar, cuando el pueblo de Checoslovaquia impulsó en enero de 1968 un socialismo tolerante con rostro humano, encaminado a prescindir del totalitarismo y la represión, bajo la premisa de que podía