ENSEÑANZAS DE LA PANDEMIA

* Hemos podido volver a encontrarnos con el sentido y el valor del otro.

Diferentes opiniones se han oído a propósito de la decisión del Gobierno sobre centros educativos, para que vuelvan a la presencialidad a través del modelo de alternancia, y desde luego con una serie de medidas y protocolos que deberán cumplirse con el fin de mantener los contagios y las muertes causadas por el Covid en unos límites aceptables para el sistema de salud.


Al respecto hay desde luego posiciones muy diferentes y contrarias, soportadas por diferentes razones, muchas realmente válidas. A favor del retorno paulatino a las aulas hay quienes afirman que muchos padres no pueden hacerse cargo de sus hijos por las obligaciones laborales. Que los jóvenes han perdido el interés, se deprimen, se muestran desanimados, sometidos a una virtualidad fría y eterna, que además, a pesar de los valiosos y loables esfuerzos de los docentes y las instituciones educativas, ha significado que la calidad en la práctica de la enseñanza se reduzca considerablemente.

Al final, todos los que integran una comunidad educativa han aprendido algo sobre la educación durante la pandemia y cada uno lo ha hecho a su propia manera.

En contra están los que ven en el riesgo de contagio su mayor preocupación, claramente por encima de la situación económica. Para ellos lo primero es la salud de los jóvenes y de las familias. No ven necesario volver a clases en un momento en el que el virus y las nuevas cepas se esparcen regularmente, y, además, la virtualidad ya ha establecido una dinámica propia a la que, a las a la buenas o las malas, terminan todos al final adaptándose. Lo interesante es que al final todos los que integran una comunidad educativa han aprendido algo sobre la educación durante la pandemia y cada uno lo ha hecho a su propia manera.


Los padres aprendieron a valorar el colegio. Y sobre todo a los profesores, reconociendo que no es fácil pasar el día tratando de educar a quien ellos mismos no han dedicado tiempo ni esfuerzo. Los hijos son una gran responsabilidad, sobre todo porque la educación no puede sustituirse con el sistema educativo. Los estudiantes han aprendido a valorar el colegio e incluso a sus profesores. La escuela es el lugar para aprender a vivir, para disfrutar del otro, y solo con el otro se puede ser humano. El otro son los profesores, porteros, conductores, tenderos...


Estos últimos han aprendido tristemente por la necesidad a extrañar y valorar a los estudiantes de los cuales dependen para dar vida a su economía. En fin, todos en medio de la dureza de la situación hemos podido volver a encontrarnos con el sentido y el valor del otro. Y precisamente de allí deberá venir la conciencia del autocuidado y la responsabilidad para aprender a vivir con algo que estará por mucho tiempo entre nosotros y con lo que la educación deberá aprender a funcionar.