El país de mis sueños: Lola Salcedo

La periodista y escritora barranquillera Lola Salcedo Castañeda emprendió camino del no retorno. Triste noticia.


Hace tres días, Lola (@Losalcas) escribió en su Twitter: "Para más INRI, acabo este 2020 con tremenda moqueadera, encerrada en mi cuarto y deseando despertar mañana en otro planeta, otro plano espiritual, otra civilización: atenderán mi sueño allá arriba, donde deciden los destinos de los hombres cuando duermen?".


Como pocos y pocas periodistas, Lola siempre fue coherente con su pensamiento, inflexible ante lo sospechoso, jamás de rodillas ante el poder, enemiga de halagos y de egos inflados.


La prensa libre ha perdido una visión independiente. Paz a su alma. Consuelo a su familia.


El 26 de abril de 2010, el periodista Luís Emilio Rada publicó en su blogs (Radar Económico Internacional) un texto en el que Lola Salcedo precisa sus sueños de país. Una especie de testamento ideológico...


El país de mis sueños


Por Lola Salcedo Castañeda

No renuncio a las utopías, y mucho menos a las que se refieren al bienestar general, al rumbo del país y al futuro de todos.


Con esto sueño:


Sueño con un país donde no haya niños en los semáforos ni en los barrios, harapientos y famélicos.


Sueño con un país donde no encuentre médicos, arquitectos o ingenieros manejando un taxi porque no tienen otra salida.


Sueño con un país donde las mujeres no sean salvajemente golpeadas o asesinadas por sus maridos, y si sucede, les caiga el peso de la ley sin atenuantes.


Sueño con un país donde la educación en todos sus niveles sea posible para todos.


Sueño con un país donde los políticos corruptos y los ladrones de cuello blanco reciban sanción legal y moral.


Sueño con un país donde las armas sólo las posean las fuerzas armadas de la Nación.


Sueño con un país donde pueda confrontar a quien me abusa como ciudadana sin temor a que me peguen un tiro.


Sueño con un país, donde los adultos mayores, que ya sirvieron a la patria, no tengan que desmayarse en largas colas en los bancos para recibir una miserable ayuda.


Sueño con un país donde los discapacitados puedan disfrutar de amoblamiento urbano eficaz que les permita movilizarse y trabajar con seguridad.


Sueño con un país donde los recién graduados comiencen a trabajar enseguida.


Sueño con un país donde no haya niñas preñadas a los doce años ni prostitución infantil como forma de ingreso familiar y surgimiento de la miseria.


Sueño con un país donde nadie vuelva a decir “negro hp”, “mujer tenía que ser”, “indio mugriento”.


Sueño con un país donde a ninguno ni ninguna los golpeen y discriminen porque aman a los de su mismo sexo.


Sueño con un país donde se ejerza en libertad y con seguridad el derecho a disentir.

Sueño con un país donde los políticos sean transparentes, honestos y trabajadores por el bien general.


Sueño con un país de personas decentes, respetuosas del otro, sabedoras de sus derechos y capaces de asumir sus obligaciones tanto en el ámbito familiar como en el ciudadano.


Sueño con un país donde los parques naturales, el mar, los ríos, la montaña, las reservas de la biosfera y el cielo que nos cubre sean santuarios para todos.


Sueño con un país donde los centros de reclusión funcionen como sitios de transformación personal y desarrollo de la civilidad.


Sueño con un país donde todos cumplamos las leyes por voluntad propia.


Sueño con que la palabra dada y el apretón de manos vuelvan a ser sinónimos de compromiso, responsabilidad y asociación libre.


Sueño con que la vida y los dineros públicos sean sagrados.


Con eso sueño y sé que podemos lograrlo, aquí y ahora, ejerciendo el derecho al voto desde la razón y el corazón, apartando amiguismos, favores recibidos, promesas de beca, puesto, tejas o asfaltado de la calle, porque las circunstancias están dadas y es el momento histórico del cambio.

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