Si no es el Coronavirus, será el hambre


No sé si nos pasó a todos, en cuanto a mí, cuando apareció el virus en la China y veía en las noticias que las personas de Wuhan estaban en aislamiento y el personal de salud tenía que usar trajes especiales para evitar contagiarse del virus, pensé que eso jamás llegaría a nuestro país y que era cosa del continente asiático y que a decir verdad ¿a quien le importaba lo que les pasara a los chinos? Pero, la vida nos cambió en tiempo récord.

Cuando se inició el simulacro de aislamiento en Bogotá no nos habíamos dado cuenta de la tragedia que se avecinaba para todos los colombianos. La misma que ya venía afrontando la mayor parte de la humanidad, sólo que a los países a los que les llegó primero la pandemia son países con economías más sólidas que la nuestra. Colombia tenía su guardado, los estratos de clase media baja y media alta ya eran iguales de pobres que los de los estratos bajos, sólo que vivían en una burbuja de mentiras que la misma sociedad les ayudó a crear con la ayuda de los malos gobiernos que se enriquecen a costa del pueblo y le han entregado todo a unos pocos.

No estoy en contra de las grandes empresas que han creado a los ricos colombianos, lo que no está bien es que el gobierno de turno tenga que bajarse los pantalones haciéndolos más ricos con el dinero de quienes vivimos al diario y a las clases media y baja, cada día las hace más pobres por la ambición de quienes son dueños del país.

Es así como Iván Duque, gastándose el cupo de endeudamiento, deja comprometidos a todos los colombianos sabrá Dios por cuantos años. A costa de nada, el Presidente decide salvar a empresas que ni siquiera son colombianas, como el caso de Avianca que ha sido una de las que más caro le cobra los boletos a los connacionales y que se aprovechó de la tragedia de la vía al llano para desangrar a quienes por necesidad tenían que ir al departamento del Meta. Tampoco es posible que Colpensiones tenga que hacerse cargo de los afiliados de los fondos privados quienes se han lucrado con el dinero de los trabajadores y ahora saltan del barco.

La vida nos cambió. Es entendible y también se entiende la pérdida de valor de la moneda por la caída del precio del petróleo, pero el víacrucis de los colombianos apenas comienza y no es sólo por la pandemia que nos agarró sin confesarnos, o como se dice popularmente 'con los calzones abajo'. El Gobierno lanza su plan de ayudas y las distribuye para que la corruptela regional maneje la bolsa a su antojo. Es tal el descaro que facturan las latas de atún a más de $20.000, la misma que en el mercado cuesta entre $3.000 y $4.000, y a las personas les entregan migajas que no se les puede llamar mercado. Los entregan y esperan que se les agradezca como si estuvieran haciendo una labor muy digna. Descarados es lo que son. Se aprovechan de la desgracia de millones de personas y hacen política con mercaditos paupérrimos que calman el hambre de dos días y la encerrona va para largo. Ya alcanzamos los dos meses de aislamiento y en muchas localidades de Bogotá DC ni siquiera se han dignado los del gobierno ir a ver si aún hay gente con vida. Y, no hablo solamente del Gobierno nacional, también de los gobiernos Distrital y Local.

La Alcaldía saca videítos entregando mercados, pero vaya uno a saber a dónde han ido. En mi barrio, por ejemplo, antes de la pandemia solamente se veían las banderitas rojas de las carnicerías, pero ahora -a dos meses de aislamiento- esto parece un matadero. Las banderas rojas o trapos rojos aparecen por todo lado. No es justo, pero tampoco es justo que el Gobierno por medio de su Vicepresidenta diga que la gente no puede ser atenida al Gobierno. No señora, los atenidos son los grandes empresarios que tienen sus cuentas llenas de dinero mientras siguen pidiendo ayuda al Gobierno, y éste, sin mayor negativa, solamente les gira y, ¿el pueblo? – ¡Bien, gracias!

Bogotá encabeza la lista de mayor número de afectados con el virus, y se ve mucha gente en redes opinando “como no quieren quedarse en casa”. Pero, la realidad es otra. Si a la gente no la mata el virus, la va a matar el dueño de casa porque no ha podido pagar el arriendo. Encerrados no van a conseguir para pagar los servicios públicos, pues estos no dan espera y tampoco ha habido rebajita. Y ni qué decir de sus alacenas, que permanecen vacías. Si no es una cosa es la otra. Ya vale madres el #coronavirus. Se sabe que es silencioso, pero las tripas si hacen ruido, el hambre desespera y el miedo a infectarse pasa a segundo plano cuando tiene que ver a su familia pálida de hambre y en espera de que salga a buscar algo para comer. He visto personas que solamente pueden comer unas papas con sal. Eso parte el alma. Muchos pasan el día sin probar comida. Eso desmorona a cualquiera que tenga corazón, menos a los políticos que han hecho su agosto con el dinero de las ayudas.

El virus nos llegó a mala hora. Nos llegó cuando no teníamos un Gobierno a favor del pueblo. Nos llegó durante un Gobierno ideado para ricos y ellos son sordos y son mudos ante las necesidades colectivas. Aclaro, no todos.

A la señora vicepresidenta Marta Lucía Ramírez le digo: la gente tiene hambre y no es por ser atenida al Gobierno. Los colombianos, a pesar de sus malos gobiernos, hemos sabido mantener la economía. Pero, esto nadie lo esperaba. Se sabe que esperar del Gobierno es como sentarse a esperar lluvia en el desierto. Ésta es más posible cuando tenemos gobernantes que en plena crisis pagan millonarias sumas de dinero para tratar de mejorar la imagen de la ineptitud.

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