Realidad política y falsa politización


Las recientes marchas del 10 y el 15 de noviembre que convocaron a centrales de trabajadores, sindicatos y sobre todo a quienes integran y defienden la educación pública, han llamado la atención de la mayoría en el país. Además de caos en algunas ciudades, provocaron también que muchas personas que usualmente no toman parte de hechos y problemas públicos, ni siquiera opinando, tuvieran que tomar una postura sobre la causa de la marcha o por lo menos sobre las marchas mismas. Sin importar la calidad de sus posturas o su elaboración, el grado de conocimiento e información que tuviera, la gente se vio interpelada por la realidad y expresó de diferentes formas.

Las redes sociales se han convertido en el espacio privilegiado para esto. Se publican y circulan memes, fotos, videos, artículos, etc., que muestran cifras y análisis; hacen burlas, comparan, enseñan los excesos de quienes reclaman y de la policía, igual que las actividades legítimas y pacíficas que adelantaron los marchantes. Los medios han jugado también su papel como siempre en el manejo y la administración del caos, por lo menos a nivel del espectáculo radial y televisivo. Todo esto junto ha creado una sensación de politización en la gente que, dicho de forma clara, es mayoritariamente falsa y engañosa.

Tal politización falsa y engañosa consiste en que se puede pensar desprevenidamente que conocer una cierta información parcial, sin contexto, manipulada a través de una red social, expresada en forma de chiste, ironía u ofensa, da herramientas suficientes para interpretar y comprender un acontecimiento a cualquier nivel, social, económico, cultural etc., y que capacita a cualquiera para hablar de cualquier cosa y, aun mas, para ejercer algún tipo de ciudadanía activa que tenga alcance y significado político real. Y como todos podemos comprobar, considerando con detenimiento el resultado de esta suposición frente a las circunstancias, no es así. Esta ‘pluralización-democratización’ de la información y la opinión ha difuminado las líneas de la verdad y por esta vía ha comprometido la acción participativa efectiva, mediante la organización y la movilización, por ejemplo.

Esta realidad ha sido aprovechada por determinados sectores que han aprendido a usar de forma perversa las nuevas tecnologías, pero sobre todo los afectos y las emociones que son naturales en la política. Por otra parte, los voceros y representantes de las diferentes necesidades y reivindicaciones sociales, como en el caso las recientes marchas, se han mostrado incapaces de revertir esta falsa politización, lo cual es obvio en el hecho de que no han sabido ganarse al resto ni involucrarlo. Han fallado en la construcción de puentes de diálogo y de solidaridad con el resto del país, lo cual se hace evidente en el simple hecho de que las mayorías, que deberían estar interesadas en respaldar estas luchas comunes, a fin de cuenta han permanecido indiferentes.

¿Cómo involucrar a una población mayoritariamente indiferente en luchas que les incumben y les interesan? ¿Cómo superar la falsa politización? ¿Cómo jugar con los afectos y las emociones en la construcción de un proyecto político amplio sin caer en el juego dela falsa politización? Estas preguntas son parte de lo que debe preocupar ahora a los movimientos sociales, académicos e intelectuales. Enfrentar los desafíos que plantea nuestra actualidad política, que está atravesada por mecanismos verdaderamente novedosos de alienación y despolitización reclama igual nuevas estrategias y creatividad.

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