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Con licencia para matar

November 1, 2018

 

“¿Qué nos pasa a los seres humanos que tenemos esa

maldita razón que nos tapa el corazón, los sentimientos? 

Si fuéramos un poquito más animales, no mataríamos a

nuestras crías, las criaríamos como sea”.

Estela Regidor.

 

En 2006, la Corte Constitucional dio vía libre al aborto en tres casos específicos con la Sentencia C-355, que permitía a las madres abortar en los siguientes casos: malformación del feto, cuando está en peligro la vida de la madre o cuando el embarazo se dio por acceso carnal violento.

 

No debemos desconocer el mercado clandestino que hay detrás de los abortos, que desde siempre ha dejado cientos de mujeres que han perdido la vida por realizarse el procedimiento de manera ilegal. Esta práctica llegó como un virus y dejó ver la incapacidad del Estado en materia de planificación familiar o la creación de políticas públicas dirigidas a prevenir el embarazo no deseado.

 

En 2009, Gustavo Páez, concejal de Bogotá, denunció que en la capital estaban realizando abortos a domicilio. Yo lo entrevisté para Caracol Televisión y nos habló sobre ese tema delicado. En la unidad investigativa de noticias Caracol recibí la llamada de una chica con siete meses de embarazo, lo que equivale a más de 28 semanas de gestación. Ella llamó para denunciar el negocio de los abortos ilegales, procedimiento que conoció cuando quiso acceder a ese trámite. Después de arrepentirse a la práctica del aborto, llamó para realizar la denuncia del ‘negocio’. Por mi parte, realicé la producción de la noticia y se realizó la nota de abortos a domicilio.

 

El día de la nota conseguí que una amiga, quien se cambiaría de apartamento durante esos días, me facilitara el espacio para realizar la producción en su vivienda. Esa mañana, a las 11 pasadas, llegó una señora acompañada de un hombre. Ella cargaba un maletín en el que se encontraba un sinnúmero de utensilios para realizar el procedimiento. El hombre no ingresó al apartamento, en cuyo interior estaba la chica con siete meses de embarazo sentada en una cama. La señora destapó su maleta y se dejaron al descubierto los aparatos con los cuales se iba a ‘cometer el homicidio’. Si, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Se iba a cometer un homicidio, sólo que esa vez la señora no sabía que la estaban grabando.
 

El concejal tenía razón. En Colombia, este flagelo y negocio, ha venido en aumento y no hay necesidad de asistir a ninguna clínica. La chica palideció al ver los aparatos que usan para extraer a criaturas indefensas del lugar donde deberían estar más seguras: el vientre de la madre. Luego de intercambiar unas palabras, la mujer trató infructuosamente de convencer a la embarazada para que se realizara el legrado. La embarazada rompió en llanto.

Los camarógrafos no ingresaron, pero pudieron grabar a la señora cuando salió de la casa sin dinero y sin realizar el procedimiento que claramente se utilizó para hacer la denuncia. Desde ese día estoy en contra del aborto. No podemos matar sólo por creernos superiores. Así sea nuestro hijo e hija, no tenemos derecho de cegarle la vida.

 

No olviden que eran siete meses de embarazo los que tenía la joven que me ayudó a realizar la nota.

 

La mujer del negocio clandestino de abortos realizaba el ‘trabajo’ por la módica suma de $140.000. Eso vale la vida en mi país, una vida negada. Bien tienen razón los magistrados Cristina Pardo, Luis Guillermo Guerrero y Carlos Bernal –quienes se apartaron de la mayoría argumentando que después de las 24 semanas de gestación el feto es independiente de la madre–.

 

¿Cómo puede ser posible que la Corte avale el aborto sin límite de tiempo cuando se le está negando la posibilidad de vida a un ser indefenso, cuyo único delito es no ser aceptado por su progenitora? En verdad me cuesta creer que la falta de políticas publicas en materia de reproducción familiar den vía libre a crímenes que la Corte Constitucional, en vez de velar por los derechos, los viole en el fundamental como es el derecho a la vida contemplado en la Constitución Nacional en el artículo 11: “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte”.

 

Si se da vía libre al aborto sin límite de tiempo en la gestación como lo dice la magistrada Pardo, entonces las mujeres a punto de tener el hijo, pueden disponer de su vida sin contemplaciones. Es una licencia que da la Corte para matar.

No es posible que una mujer con 33 años de edad tutele para el aborto cuando el feto está sobre la semana 26 de gestación y la Corte le favorezca el derecho al aborto aun cuando no presentó soportes que el feto tenía malformación o que la vida de la madre estaba en peligro.

 

El deber ser del Estado es crear políticas efectivas de reproducción familiar, para que tanto hombres como mujeres sean responsables de su sexualidad. Una mujer sabe cuando está en embarazo nada mas a las ocho o 12 semanas. No le neguemos la oportunidad de vivir a un ser que, como muchos han estado y dejado huella en nuestro mundo. No permitamos que se sigan cometiendo delitos contra seres indefensos que bien podrán ser en el futuro grandes contribuyentes al desarrollo de un mundo mejor. No sigamos permitiendo que, en muchos casos, la irresponsabilidad en materia de sexualidad oscurezca una vida que puede hacer la diferencia.

 

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