¿Hasta dónde?


Entiendo que estamos en época de elecciones, y existe este sentimiento de que el voto es esta herramienta poderosa, transformadora y definitiva, en todas partes, mensajes de: “Ojo, cuide su voto”, un saludo a la excelente campaña de “no se lo de a cualquiera”, etc. Y eso está bien, es sano para la democracia que le pongamos ese peso al voto, sin embargo, sepamos que el voto es uno de las muchas formas de apoyar que tenemos, no es, uy voté y me fregué, hasta las próximas elecciones vuelvo a poder decidir y “enmendar” mi error. No. Quienes nos representan no son más que eso, representantes de nuestra voluntad y sentir, y con nuestro constante apoyo y/o con nuestra indiferencia, es que logran legitimar sus acciones, el día que nos importe y estemos en contra, créanme, siempre, la voluntad del pueblo termina prevaleciendo (en unas veces se demora más que en otras).

Lo que leo hoy, son ciudadanos volcados a apoyar a sus candidatos, si les soy franco (y ojo que esta es mi percepción), veo mucho apoyo ciego, veo muchas personas justificando muchas fallas de sus candidatos, en algunos casos insólitos convirtiendo las fallas en fortalezas (la terquedad de Petro es templanza y la inexperiencia de Duque es “un nuevo aire”) y veo muy poco autocrítica en las posiciones tomadas, y en los sablazos que se le mandan a los de la orilla opuesta.

Sin embargo, la elección acaba ahorita, ya, por fin ¿y entonces? Desde un punto de vista objetivo y racional, ambos candidatos tienen problemas serios y generan preocupaciones razonables en caso de quedar. El simple hecho de que el país esté tan polarizado ya es preocupante, y una señal inequívoca de que quien quede, no representará los ideales y accionar de muchos.

Recuerdo en la campaña del No en el plebiscito, con tal de ganar, dijeron que el país se arrodillaría a las Farc, que estas se tomarían el congreso, que seríamos Venezuela, que a los pobres les quitarían los subsidios, blah, blah, blah, mentiras y mentiras. Claro, en ese momento no había como probarlo, cuando pasó lo que pasó, ni las Farc se tomaron el poder, ni se acabó Más Familias en Acción, ni Colombia es la Bolivariana que se teme. Los que íbamos por el Sí, constantemente contradecíamos estos argumentos, diciendo que eran cortinas de miedo para ganar votos ¡Carajo! El mismo gerente de la campaña así lo admitió. Pasa el tiempo, nos dimos cuenta y quienes apoyaron esas premisas, hoy siguen apoyando la candidatura de Duque, aún sabiendo que en su momento mintieron por beneficio electoral, pero no, esta vez es distinto.

Es por esto que escribo esta columna, para que podamos aterrizar y que desde ya obliguemos a uribistas y petristas a sentar posiciones, a que desde ahora nos digan hasta donde llegaría su apoyo (cuánto me habría gustado hacer este ejercicio durante la campaña del No), qué de las cosas que asustan a la otra orilla son paja, y cuáles, de pasar, serían determinantes para retirar el apoyo a su candidato, o al menos, a la acción a reprochar. Comencemos.

Para los petristas:

  • ¿Qué pasa si Petro aliena a los medios de comunicación? ¿Si llama corruptos, comprados y oligarcas a todos aquellos que no compartan su opinión? ¿Qué pasa si niega licencias a aquellos que hacen oposición ideológica?

  • ¿Qué pasa si no acata órdenes directas de la rama judicial (como lo hizo en las basuras en Bogotá)? ¿Qué pasa si aliena las cortes, y las llama de corruptas, bandidas, mafiosas y demás?

  • ¿Qué pasa si comienza a expropiar propiedad privada?

  • ¿Qué pasa si propone una constituyente?

  • ¿Qué pasa si busca modificar la constitución para reelegirse?

  • ¿Qué pasa si apoya a Maduro? ¿Si lo legitima?

  • ¿Qué pasa si desarrolla políticas que el resto de la institucionalidad considere fiscalmente irresponsables?

  • ¿Qué pasa si monta a miembros de las Farc en su gabinete?

  • ¿Qué pasa si busca figuras para volarse alguna de las ramas? (como hizo en Bogotá al pasar el plan de desarrollo por Decreto)

Entiendo que hay más dudas y miedos, por favor, pregúntele estas y otras preguntas a su petrista más cercano y anote sus respuestas ¿Hasta dónde llegaría su apoyo?

Vamos con los uribistas

  • ¿Qué pasa si Duque no acata órdenes judiciales contra Uribe?

  • ¿Qué pasa si se conoce algún escándalo de cupos indicativos, mermelada y burocracia a cambio de avance electoral? ¿Qué pasa si los hijos de Uribe, o personas cercanas a él, se enriquecen durante el siguiente mandato?

  • ¿Qué pasa si asumen una posición dura en contra de derechos civiles?

  • ¿Qué pasa si las líneas de un estado laico se perciben borrosas?

  • ¿Qué pasa si se cambia (o intenta cambiar) el artículo que prohíbe a los expresidentes volverse a lanzar a la presidencia?

  • ¿Qué pasa si Uribe le retira el apoyo a Duque?

  • ¿Qué pasa si destruyen los acuerdos de paz? ¿Qué pasa si se recrudece la guerra? ¿Qué pasa si comienzan a morir más soldados? ¿Qué pasa si aumentan las muertes de líderes sociales?

  • ¿Qué pasa si al unificar las cortes, se ve favorecido políticamente el partido de gobierno?

  • ¿Qué pasa si chuzan a opositores?

Lo propio, acérquese a su uribista de cabecera (bastantes hay), y atorníllelo a estas y las preguntas que le generen miedo.

En unos meses las revisamos

Amor y paz.

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