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Con ojos de generosidad

November 16, 2017

Colombia es un país con unas desigualdades sociales que producen vergüenza. Mientras los grandes capitalistas y las entidades financieras tienen ganancias descomunales; los campesinos, los obreros, los artesanos se mueren de hambre, no pueden educar a sus hijos, no tienen un sistema de salud eficiente, carecen de viviendas adecuadas, la justicia cojea constantemente y se vive en contradicción con los más elementales requerimientos de su población.


Del mismo modo, se carece de carreteras para comunicarse con los centros de abasto, los servicios públicos son obsoletos o no existen, conseguir un empleo requiere estar dispuestos a soportar una prueba de paciencia cercana a la actitud del santo Job y la seguridad social casi que se trata de una utopía. Es evidente que esa amplia mayoría ha sido olvidada por el Estado. 
Los diferentes gobiernos del país, partiendo desde la historia del siglo XX y lo que va del XXI, han legislado de espaldas a las necesidades reales de la gran mayoría de colombianos. Piensan siempre en aquellos negocios que son rentables para el gobernante de turno y jamás se preocupan por darle bienestar a la mayoría.


Por eso, urge insistir en la responsabilidad social que deben tener los gremios económicos del país. Esa práctica común del empresariado nuestro de recibir toda clase de prebendas a cambio de nada debe acabar casi que de manera inmediata. El entender que el progreso de un país viene de la mano de darle un nivel de vida digno a la clase trabajadora es un compromiso que los industriales y financistas tienen que comenzar a considerar. Saber ver a los empleados con ojos de generosidad hace que, contrario a lo que se piensa, el rendimiento productivo sea mayor, pues las posibles tensiones desaparecen y se crean relaciones más armónicas entre patrones y asalariados.


En este orden de ideas, por lo tanto, es preciso terminar con los nocivos contratos temporales y volver a la práctica de contratos a término indefinido, con el consecuente pago de las prestaciones sociales indispensables. La estabilidad laboral trae como consecuencia que al empleado le disminuye la tensión sicológica de sentirse siempre “en la cuerda floja”, lo cual hace posible un mejor rendimiento; se convierte igualmente en un estimulo para auto-superarse, ejecuta su labor con mayor compromiso y siente a su empresa como suya, siendo ésta, en últimas la gran beneficiada.


Hay que considerar también el factor salarial. Cuando se devenga un sueldo justo, se genera un mayor poder adquisitivo y, por lo tanto, todos los sectores de la economía se reactivan y empieza a sentirse un ambiente de armonía general que hace posible una convivencia más pacifica. La ausencia de conflictos permite que los inversionistas perciban un clima de seguridad para sus intereses financieros, puesto que, casi de manera inmediata, se da una notoria disminución de la violencia.


No es mentira que en un hogar, donde los padres se sienten satisfechos con sus labores cotidianas hay un espacio abierto al diálogo y una menor incidencia de las agresiones, tanto verbales como físicas. Dicha estabilidad conduce, sin duda, a abonar el camino para una paz a largo plazo. Las familias felices educan para un porvenir lleno de acciones positivas en pro de la comunidad donde no hay cabida para la guerra. El bienestar social se deriva por añadidura.


En este orden de ideas, es bueno tener en cuenta que para construir una paz verdaderamente estable y duradera , los grupos poderosos del país deben hacer una clara conciencia de que es urgente dejar atrás los nocivos postulados de la mentalidad neoliberal. Es una prioridad ponerse en los zapatos del otro.


Ese observar a los demás con “ojos de generosidad” se convierte en el requisito indispensable para disminuir la amplísima brecha económica existente entre ricos y pobres. Dicha actitud supone un cambio en las propuestas educativas que les trasmita, de generación tras generación, a los hijos de los empresarios una concepción de vida donde siempre se mire al otro como su igual, con el concepto de que se está frente al prójimo y no de una especie de siervo de gleba, sobre el cual se puede disponer a su antojo. Es tomar conciencia que mucha de la rebeldía de los grupos al margen de la ley, proviene de los continuos abusos de poder de las clases dominantes. Si se mira a través de las carencias sistemáticas que padece el pueblo asalariado, es fácil de entender que se hayan tomado caminos desesperados como el narcotráfico, el paramilitarismo, la guerrilla y la delincuencia común.


Los financistas y empresarios deben pensar que sus empleados tienen las mismas necesidades básicas que tienen aquellos que poseen bienes de fortuna. Es indispensable aceptar que la lucha por un país más equitativo no es una conducta unilateral de ‘x’ o ‘y’ gobierno sino de todos los colombianos.


Resulta fundamental despojarse de posturas netamente mercantilistas y egoístas, para adquirir una conciencia de que se trata de un compromiso con nuestra sociedad que es indispensable e impostergable. Buscar, de la mano del poder político, soluciones que impliquen diseñar proyectos educativos, de salud, de creación de empleo, ofrecer un reajuste a las pensiones de jubilación, para que todos aquellos que llegan a la tercera edad, puedan disfrutar de su descanso sin depender de otros, sin pasar grandes necesidades y contando con gran eficiencia en lo que respecta a su salud. Deben estar dispuestos a colaborar con programas innovadores dirigidos a la capacitación rural, establecer incentivos, para que los pobladores del campo estén en condiciones de conseguir, a futuro, empleos bien remunerados y estables, que frenen el desplazamiento hacia las grandes ciudades.


Se deben establecer parámetros conducentes a proteger a la infancia para que no esté obligada a dedicarse al rebusque. Igualmente es necesario esforzarse por establecer conductas conciliatorias, dejando atrás la intolerancia y la exclusión. Urge detenerse a pensar en este tipo de soluciones no es ni mucho menos, entrar en el camino de las propuestas descabelladas. Es invertir en el verdadero futuro de la nación. Y es entender que se gana más cuando van despareciendo las desigualdades y se formulan las condiciones más idóneas   para proyectar un futuro más próspero para sus propias inversiones.


La estabilidad de un país es también garantía de grandes beneficios a corto, mediano y largo plazo. No se está proponiendo fortalecer el hipócrita sistema de aparentar hacer “dádivas generosas” pero lo que en realidad se pretende es evadir impuestos. Se está pensando en generar cambios que lleven a políticas duraderas en pos del bienestar de todos. Es comprender que se debe abandonar la conducta esa que considera que el lucro debe verse rápidamente e ir acompañado de ganancias absurdamente desproporcionadas.  De esta manera se puede lograr un mayor crecimiento económico, no de pocos, sino de todos. Se busca es cimentar al país con raíces efectivas y solidas. El resultado será encontrarnos con una nación que este andando, con paso firme, hacia el progreso.

 

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