Esos salarios que mereceréis

October 1, 2017

El problema no es que Juan, Carolina, Manuel o María devenguen salarios altos. El problema no es que los congresistas reciban salarios por encima del ‘tope’ socialmente imaginario, que haya periodistas que sean pagados con asignaciones dignas o que los pilotos reciban aumentos. ¿Qué problema genera? Además de envidia y recelo, no hallo la razón para que a una voz se exija que no aumenten, que no paguen o que despidan a una persona porque “su salario es alto”.

 

En últimas, esas voces buscan es que continúe pauperizándose el mercado laboral colombiano.

 

Por mi: que haya muchas más personas con ingresos mensuales como los que reciben Falcao, James, Teo, Chará y Nairo, por citar algunos de quienes reciben salarios altísimos. Ellos sí –a quienes casi veneramos cuando realizan gambetas o consiguen triunfos– son millonarios en el campo del deporte. ¡Ya quisieran muchos en Colombia ganar al mes, siquiera lo que gana Teo en un día! Pero, ellos son nuestros héroes de cada día. No cabe –ni en sueños– cuestionar las –esas sí– altísimas sumas que devengan. Merecidas las tienen, diría yo. ¡Y ojalá sigan incrementándose sus ingresos!

 

En otras profesiones u oficios no ocurre lo mismo. Ha habido casos de ingresos que han recibido el repudio de la ciudadanía por cuenta de denuncias formuladas públicamente.

 

Por ejemplo, el contrato de prestación de servicio suscrito por Canal Capital con la comunicadora social Claudia Palacios por cuantía mensual de 34 millones 800 mil pesos fue cuestionado por el ‘excesivo’ monto asignado a la profesional de las noticias. Compararon la cuantía de sus honorarios con el salario del Presidente de la República, pero no tuvieron en cuenta que cuando se contrata por prestación de servicios, la persona beneficiaria debe cancelar salud, pensión, riesgos profesionales, impuestos y tasas; y no tiene derecho a primas, vacaciones o a cesantía.

 

¿Era mucho? ¿Era justo?

 

El narrador deportivo Édgar ‘El Negro’ Perea ganaba mensualmente 14 millones de pesos en 1992, cuando un dólar costaba 680 pesos con 95 centavos, en promedio. ¿Y qué? Partido de fútbol que él narrara, partido que valía la pena escuchar. ¿Cuánto sería hoy su salario teniendo en cuenta la tasa de cambio del dólar?

 

Se dice que en 1996, el diestro César Rincón ganaba al mes 160 millones de pesos, que Faustino Asprilla devengaba 120 millones de pesos en el Newcastle, y pelotero Édgar ‘El nené’ Rentería cobraba cada mes 25 millones de pesos a los Marlins de la Florida, época en la que el entonces Presidente de la República recibía mensualmente seis millones 440 mil 724 pesos, pero el presidente de una compañía industrial podía cobrar mensualmente más de 20 millones de pesos.

 

Hay quienes dicen que en 2012, el periodista Julio Sánchez Cristo devengaba cerca de 150 millones de pesos al mes.

 

¿Todo es relativo?

 

No creo. Creo que cada quien debe cobrar lo que cree que merece. ¿Por qué dejar que otros impongan su ‘valor’? Eso sí, creo que cada quien deberá negociar con libertad y respeto su salario o sus honorarios.

 

Hace pocos meses, la Revista CIUDAD PAZ publicó el resultado de una encuesta realizada por internet y contestada por 2.400 periodistas del país, en la que se evidenció la inestabilidad e inequidad salarial que afecta al gremio de comunicadores.

 

“La gran mayoría de los encuestados manifestaron ganar cerca del salario mínimo mensual vigente en Colombia.


900 (42.9%) afirmaron devengar u obtener mensualmente entre 500 mil y un millón de pesos; 400 (19%) dijeron ganar hasta dos millones de pesos; 500 (23,8%) devengan entre dos y tres millones de pesos; 200 (9.5%) ganan cuatro millones de pesos o más cada mes; y 127, entre tres y cuatro millones de pesos. 273 no revelaron cuánto obtienen por su trabajo cada mes”.(1)

 

¡Esto sí que causa indignación! Que haya profesionales ganando el mínimo legal vigente, o que para sobrevivir laboralmente haya periodistas ‘independientes’ que dependen de vender pauta publicitaria.

 

No me indigna que haya –ojalá muchos profesionales– que ganen mucha plata. ¡Para eso estudian y se esfuerzan! Me indigna –y mucho– que se irrespete a las personas ofreciéndoles exiguas remuneraciones, sobre todo cuando las condiciones económicas de las empresas son favorables para generar distribución de la riqueza entre quienes aportan su esfuerzo al desarrollo de la misma.

 

No estoy de acuerdo con que les rebajen el salario a los congresistas, aun cuando sí creo que debe reducirse el número de los mismos en cada período legislativo. Ser responsable de la generación de leyes es un compromiso de alto nivel. Eso sí, necesitamos elegir bien a quienes vamos a delegar esa responsabilidad.

 

Tampoco estoy de acuerdo que no aumenten los salarios a quienes prestan servicio público, y definitivamente me opongo a las condiciones oprobiosas que generan con los contratos de prestación de servicio. O que ‘obliguen’ a sus colaboradores a laborar sin remuneración “mientras suscriben el contrato”.

 

Y creo que pilotos, azafatas, conductores, técnicos y quienes lo crean pertinente tienen derecho a presentar respetuosas peticiones para que nivelen o aumenten sus ingresos. Es un derecho generar mejoras en su calidad de vida. También es un derecho negociar con las empresas, y esta tienen el derecho a aceptar o no las propuestas, o presentar otras que permitan arreglos amigables.

 

He sabido de tantas personas que le dedicaron sus vidas a empresas que al final no valoraron sus sacrificios. Empresas u organizaciones que cualquier día despiden a cualquiera porque “el ciclo” se acabó, porque “el perfil cambió”, porque “hay que adaptarse” a las nuevas necesidades, porque –en definitiva– contratar a recién egresados les resulta más barato.

 

Por eso creo que el problema no es que Juan, Carolina, Manuel o María devenguen salarios altos. Bien por ellos y por quienes logran la justa compensación por sus esfuerzos.

 

Creo que mejorar los ingresos de quienes trabajan o suministran servicio permite generar mejoras en la calidad de vida de ellos y sus familias y, seguramente, prosperidad en el entorno en que se desenvuelven.

 

/ (1) https://www.ciudadpaz.com/single-post/2017/06/12/%C2%BFEn-qu%C3%A9-andamos-los-periodistas

 

 

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