‘La Paz es el enfoque que necesitamos’


  • El experto internacional Cornelis (kees) Steenken dialogó con CIUDAD PAZ de los procesos de paz y de su visión de las oportunidad que Colombia puede generar en el futuro.

CARMEN PEÑA VISBAL

Directora de CIUDAD PAZ

“La idea es llevar al país en una nueva dirección que todos puedan aceptar”, afirma el consultor internacional Cornelis (Kees) Steenken, refiriéndose a la realidad colombiana luego de firmarse el Acuerdo de Paz con las Farc y a las negociaciones que se adelantan con el ELN en Quito.

Steenken ha asesorado diferentes procesos de paz, entre ellos en Libia, Burundi, Somalia, Eritrea, Yemen, filipinas y Colombia.

Sostiene que la importancia de los procesos de paz adelantados en Colombia radica en la visibilización de las víctimas. “Gracias a la sociedad civil, la bandera de las víctimas es alta y fuerte. Y muchas personas están tratando de arreglar su situación”.

Del proceso de paz, del impacto en la realidad nacional y del futuro del país dialogamos con el consultor internacional.

¿Qué percepción tiene sobre el impacto del Acuerdo de Paz en Colombia? La gente ha cambiado mucho... Al principio se mostraba prevenida, lo que es entendible porque se trata de un cambio del Estado, un cambio de la sociedad, un cambio de situación de guerra hacia una sociedad en calma.

Sin embargo, más allá del Acuerdo de paz suscrito con las Farc, también hay que entender por qué existen bandas armadas en Colombia.

Hay que entender que con sólo reducir las organizaciones armadas –como han sido las Farc, AUC o ELN– no se logra la paz. Pero, ¿por qué han existido? Hay raíces del conflicto que no conocemos. Hay situaciones que se presentaron en la sociedad colombiana que impidieron que las personas que se vincularon a esas organizaciones no tuvieran voz, no tuvieran respeto.

Ahora, se han incrementado las Bacrim en Colombia. ¿Por qué hay Bacrim? Una de las razones es porque hay situaciones de desigualdad, situaciones que tienen que ser corregidas. Pero eso no se puede corregir de un día para otro. Eso tomará tiempo, pues se trata de implementar un cambio socio-económico, un cambio más global que implique mucho más que parar a las AUC, a las Farc o al ELN.

¿Cómo conciliar las necesidades de las personas que están desmovilizándose con las que fueron víctimas del conflicto? Ese es un punto clave de los procesos de paz en Colombia. La idea de las víctimas ha sido una situación particular de su país. Gracias a la sociedad civil, la bandera de las víctimas es alta y fuerte. La implementación de los acuerdos permitirá que muchas personas puedan arreglar sus situaciones.

El problema es que han sido más de 50 años de víctimas. Tenemos tres o casi cuatro generaciones de víctimas. Hay gente que ha sido desplazada hasta en cinco oportunidades, hay refugiados fuera del país...

En fin, es un punto importante para reconocer la existencia de las víctimas y su necsidad de ser escuchadas.

Pero, poder reaccionar y cambiar la situación de los ex combatientes al mismo tiempo que a las víctimas es el reto grande de Colombia.

No solamente debemos tener programas de las Fuerzas Armadas para seguir desarrollando operaciones contra las Bacrim y contra todas las organizaciones que causan daño a la sociedad, sino que se necesitan programas socio-económicos que refuercen el esfuerzo, que den capacitación –como la que ofrece el Sena, que es una de los mejores del mundo– para que la gente pueda acceder a mejores trabajos.

También urge adecuar y limpiar escuelas y rutas, dar electricidad, suministrar agua potable, para facilitar el acceso a la gente.

Si se puede cambiar la minería ilegal por la legal, si se pueden imponer impuestos sobre esos recursos de leña u oro, se puede llegar a la gente del campo y de las ciudades para ayudarla a cambiar su situación socio-económica.

Repito: no son unilateralmente las Fuerzas Armadas –que son la mano dura–, las que generarán los cambios y lograrán las transformaciones. La mano suave es la que se da a través de cambios socio-económicos, con el objetivo de apoyar la reintegración de los ex combatientes, de los desplazados y de las víctimas a la nueva Colombia.

Y, ¿cómo armonizar la paz entre quienes promovieron el proceso y quienes se opusieron? Esa es una pregunta clave. Tenemos que mirar que una sociedad tiene derecho a sus comunicaciones, tiene derecho a disentir u oponerse a un proceso, o a apoyarlo. Siempre hay campos políticos, campos socio-económicos…

La idea es llevar al país en una nueva dirección que todos puedan aceptar. Eso no es fácil. Es un cambio de sentido político, que exige escuchar más a los diferentes grupos dentro del país que pueden mirar adelante y establecer un nuevo clima político. Es decir, trabajar unidos en lugar de combatirse. De mirar adelante, a un futuro común en lugar de separar y romper la tela de la sociedad.

Ese es el punto clave. Para poder hacerlo necesitamos un clima que sea más o menos seguro.

Ya estamos en el punto de reducir la inseguridad, gracias a las negociaciones con AUC y Farc, y ahora con el ELN, pero queda un gran problema, que son las Bacrim, sobre las que tiene que continuar la presión, no sólo de mano dura. Se requieren programas socio-económicos para poder ayudar a la gente brindándoles una oportunidad, para que no se vean en la necesidad de entrar a las Bacrim. Oportunidad para que puedan recibir comida, salud, educación, vivienda o recursos…

¿Qué diferencias observa entre el proceso de paz suscrito con las Farc y otros en los que ha intervenido en el mundo? Cada proceso de paz es diferente. Podemos mirar, podemos entender, podemos aprender lo que pasó en otro proceso, pero cada uno de ellos –incluso los desarrollados en su país– es distinto.

Durante los catorce o quince procesos, o más desarrollados en Colombia durante los últimos cincuenta años, ha habido similitudes y grandes diferencias. Los procesos realizados con el M-19, con las AUC, con las Farc, y ahora con el ELN, han sido distintos. Se puede estudiar qué se hizo bien, qué hicimos mal, qué hicimos no suficientemente bien, qué se puede mejorar, qué fue exitoso… Para tener en cuenta y crear un nuevo programa.

Pero el ELN no es la Farc,.El ELN tiene raíces distintas, tiene otras capacidades, tiene maneras muy diferentes de resolver los problemas.

Gracias a los esfuerzos del Estado, y ojalá del ELN, podamos mirar hacia adelante para lograr la paz común en lugar de continuar con las batallas en el futuro.

Perspectiva de género, inclusión social y derechos de las minorías… No se trata sólo de inclusión de género, sino que el género forma parte del programa desde su inicio. Se trata de construir la paz junto con las mujeres, con las minorías, con los indígenas, con la población afro… Que desde los inicios formen parte de las comisiones, de la negociación. Todos y todas tienen derecho a incluir su visión en la nueva forma, porque se trata de un país que está conformado por diferentes grupos, masculinos y femeninos. Ha sido duro, pero se avanza. Si estudiamos la historia, durante los últimos 70 años ha cambiado mucho el mundo. Anteriormente, las mujeres no tenían ni el derecho a votar. Es un cambio que tenemos que trabajar, para poder decirle a todos y a todas que tienen derecho a estar incluidos en el programa. Hoy en día, en programas internacionales, hay muchas mujeres involucradas que están trabajando muy duro en el proceso. Igual sucede con hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas, que están comprometidos con los cambios de paradigmas. Además, hay lugares o situaciones a los que los hombres no pueden llegar, y hay otros a los que las mujeres no pueden acceder.

PAZ Y SECTOR PRIVADO ¿Qué responsabilidad compete a los empresarios en el posconflicto? Hasta ahora hemos visto gran voluntad de muchas compañías, grandes y pequeñas, que han brindado apoyo al proceso. Por ejemplo, contratando a ex combatientes y a víctimas del conflicto en sus organizaciones, para crear oportunidades laborales, generando cambios socio-económicos.

Es un esfuerzo que tiene que continuar en el futuro, y tenemos que marchar adelante con programas del Gobierno que incentiven a las compañías que apoyen el proceso, ya sea brindándoles reducción de impuestos o generándoles nuevas opciones.

No hay que olvidar que el mundo está conectado, que la capacidad de los colombianos es muy fuerte, y que el país cuenta con una posición geopolítica excelente. Colombia puede exportar a Asia, a Europa o a Norteamérica. Además, Colombia es privilegiada al contar con excelentes climas.

Hay que reforzar las capacidades, para que esas oportunidades se den pronto. Para ello hay que cambiar, poco a poco, la situación socio-económica, para que mejore la calidad de vida de quienes nada tienen, y que compartan los que más tienen.

Sin embargo, las contradicciones generan incertidumbre… Yo deseo lo mejor para el pueblo colombiano. Veo con optimismo el proceso que se adelantó con las Farc. Sabemos que ha sido duro y que enfrentará retrasos y problemas.

Mi consejo es que mantengan la visión adelante. La paz es el enfoque que necesitamos. Para que sea una paz duradera, una paz que no sólo involucre al Gobierno y a las Farc, sino que sea favorable para el pueblo colombiano.

Podemos hacer lo mismo con el ELN. Mirar hacia adelante y que todo el mundo sea honesto, objetivo, que podamos trabajar conjuntamente para poder llegar a la paz.

Además, poder mirar la situación de las Bacrim para poder cambiar, repito, no sólo con mano dura, sino implementando cambios que combatan las raíces del conflicto, y los problemas de inequidad y desigualdad que subsisten en su país.

EFECTO DEL NARCOTRÁFICO

Pero, hay influencia de narcotráfico en varias organizaciones armadas... La influencia del narcotráfico ha sido muy dura para todo el mundo. Las raíces del conflicto del narcotráfico están por fuera de Colombia. La demanda de coca está por fuera del país. Está en Europa, en Estados Unidos… Por supuesto que hay otras fuentes que proveen la coca y que en otros países también siembran o exportan coca, pero, las raíces del problema, de la demanda, están por fuera de Colombia.

Existen poblaciones en condiciones de pobreza que logran de tres a cinco cosechas por año, en lugar de una o dos, y que sembrando coca o amapolas han tenido la oportunidad de ganar algún dinero.

Se pueden reemplazar los cultivos de coca con frutales o vegetales, que mañana puedan exportar al mundo. Canadá o Suecia, por ejemplo, son países en los que la mitad del año no se cosecha nada debido al clima. En esos países es imposible producir cosechas en época de crudo invierno.

Colombia tiene que cambiar la dirección de su economía. Pero, para que un árbol crezca hay que esperar, eso no se da de un día para otro. Hay que empezar ya, para poder generar una situación socio-económica que sea mejor para los campesinos y las campesinas, para que puedan beneficiarse de un proceso que sea sostenible en el mañana.

Para que tengan comida sostenible, salud y escuelas sostenibles, rutas para sacar las cosechas, en fin, ingresos sostenibles…

Se dice que las disidencias de las Farc tienen el control del tráfico de coca. ¿Cómo cree que se puedan insertar a la legalidad del país? Normalmente, hay dos maneras. Con la fuerza dura, y con el cambio generado por la reducción de la demanda.

Sin embargo, reducir la demanda –que se genera fuera de Colombia– sería muy difícil.

Creo que hay que cambiar la manera en que se usa la mano dura contra los diferentes grupos de Bacrim.

También hay que cambiar los sistemas internacionales, pero eso exige tiempo. Colombia sola no lo puede hacer, tiene que hacerlo en sus relaciones con los demás países. Países donde consumen la mayor parte de los productos narcóticos.

No creo que sea responsabilidad de las Farc, de los disidentes de las Farc o de las AUC… Antes de ellos ya había gente cultivando, procesando y exportando esos productos.

Creo que es mejor no apuntar a una persona vinculada al tráfico de coca diciendo que fue guerrillera o de las AUC. Es mejor decir que el problema es el narcotráfico y preguntarse ¿cómo lo podemos arreglar?

Hay organizaciones internacionales con las que Colombia puede trabajar para enfrentar esa problemática, y lograr la reducción de la cantidad de drogas producidas, ojalá sin usar productos químicos que matan mucho más que la coca.

  • EL CONSULTOR

Holandés de nacimiento, canadiense por adopción.

Ex miembro de las Fuerzas Armadas canadienses. Se retiró con grado Capitán de Corbeta.

Possé licenciatura en comercio.

En 1992 fue asignado Observador Militar de Naciones Unidas en El Salvador, momento desde el cual se comprometió con los procesos de paz.

En 1997, con el Centro Pearson de Preservación de Paz (de Canadá), dictó cursos en la Universidad de los Andes y Universidad Javeriana, relacionados con procesos de paz.

Ha colaborado con el fortalecimiento de procesos de reintegración en Bosnia, Guatemala y Kosovo, y asesorado procesos de paz en Libia, Burundi, Somalia, Eritrea, Yemen, filipinas y Colombia, entre otras naciones.

En 2002 asumió como Director de Programas de DDR en el Centro Pearson de Preservación de Paz, de Canadá.

Es coautor de la Guía de Desarme, Desmoviliazación y Reintegración (DDR).

Posteriormente hizo parte del Grupo Integrado de Entrenamiento de DDR (IDDRTG).

Entre 204 y 2008 fue Consejero Mayor de DDR en el Colegio Nacional Sueco de Defensa.

Coautor de la estandarización, por parte de Naciones Unidas, de los procedimientos y terminología para DDR (ver www.unddr.org). En 2008 fue designado como primer Coordinador del Grupo de Trabajo Inter-institucional de DDR de la ONU.

Ayudó a coordinar 21 agencias de la Naciones Unidas relacionadas con política de DDR, gestión del conocimiento y formación. Desde 2009 es consultor internacional y facilitador multilingüe: inglés, español, francés y holandés.

  • TÉRMINOS DEL DDR*

Los programas de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR) de ex combatientes se han convertido en parte integral de las operaciones de mantenimiento de la paz y planes de reconstrucción después de los conflictos. Programas DDR constituyen un vínculo vital entre los aspectos militares y civiles de las operaciones de paz.

DESMOVILIZACIÓN se puede entender como lo contrario de reclutar combatientes (movilización) por un grupo armado. En el sentido militar, desmovilización implica la disolución de una unidad armada, reduciendo el número de combatientes en un grupo armado, o representa una etapa provisional antes de reensamblar la totalidad de las fuerzas armadas, sean regulares o irregulares.

DESARME forma parte de la desmovilización, cuando el objetivo es reducir el número de combatientes o disolver una unidad armada. Las armas utilizadas por el personal deben ser entregadas a las autoridades, que son responsables del almacenamiento seguro, redistribución o incluso la destrucción de esas armas.

REINTEGRACIÓN se define como el proceso por el cual ex combatientes adquieren estatus civil y acceder a las formas civiles de trabajo e ingresos. Es esencialmente un proceso social y económico con un plazo abierto, sobre todo llevando a cabo en las comunidades a nivel local. Es parte del desarrollo general de un país y una responsabilidad nacional, que a menudo requiere ayuda externa.

* Definiciones tomadas del texto: Disarmament Demobilisation and Reintegration. A Practical Field and Classroom Guide.

Autores: Ian Douglas, Colin Gleichmann, Michael Odenwald, Kees Steenken, Adrian Wilkinson.

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