El viejo nuevo enemigo: la corrupción


Muchos argumentos se han esgrimido por parte del Gobierno Nacional y en especial el señor presidente Juan Manuel Santos para tratar de convencer a los Colombianos de las bondades del acuerdo de paz con las Farc, entre algunos de estos argumentos se ha dicho por ejemplo que se dará un recorte importante en el presupuesto que originalmente se destinaban a la guerra y que dichos recursos se destinaran al sector educación y salud, de igual forma se ha dicho que nuestro país con la paz alcanzada lograría en pocos años un incremento significativo del PIB.

Todos estos argumentos me parecen más que valederos y esperaría que se materializaran en una realidad a corto-mediano plazo, pero particularmente pienso que una de las grandes ventajas que tiene el hecho histórico de haber alcanzado la paz con las FARC es que podremos dedicarnos de lleno a combatir otros males que aquejan a nuestro país y en especial hoy me quiero referir a la corrupción existente.

La corrupción no surge en el país en los últimos meses, ni es el resultado que deja el proceso de paz alcanzado con la guerrilla más antigua del mundo, en nuestro país los hechos de corrupción son tan antiguos como lo era esa misma guerrilla que se logró acabar.

En Colombia nos habíamos acostumbrado a vivir con la corrupción ya que existían temas que, al parecer de muchos, eran más graves y requerían de la atención nacional como lo era combatir las guerrillas y el narcotráfico, los dos flagelos que en un momento determinado parecían que iban a ganarle el pulso a la institucionalidad y por tal motivo se requería concentrar todos los esfuerzos de la Nación con el fin de combatirlos.

Es tan así, de que la corrupción llegó a ser tolerada en el país, que un presidente de la república a finales de los años 70 y principios de los 80 dijo de una forma muy clara y directa que 'LA CORRUPCION DEBÍA SER REDUCIDA A SUS JUSTAS PROPORCIONES' como si se estuviera hablando de un fenómeno que debía ser admitido por la sociedad colombiana como normal en el ejercicio de lo público.

Desde que tengo uso de razón he escuchado de la existencia de actos de corrupción que son presentados como normales y constantes en todo aquello que envuelve al servicio público. La corrupción tuvo la gran habilidad de camuflarse a la vista de todos los colombianos detrás de la guerra que se venía librando contra los dos flagelos de los que hemos hecho ya mención: la guerrilla y el narcotráfico.

Los colombianos nos volvimos tan permisivos con los actos de corrupción que nos parecía normal que cualquier funcionario público, por insignificante que fuera su responsabilidad, solicitara dinero a cambio de hacer o de no hacer la función que le habían asignado.

¿Qué colombiano no tuvo en algún momento en su imaginario la idea de que todos los agentes de tránsito eran corruptibles?, llegándose al descaro de que sin mediar palabra el ciudadano entregaba los documentos al mencionado funcionario y ya dentro de los mismos iba un billete para que el mismo lo tomase y dejase ir al potencial infractor de la norma.

¿Cuántas veces no supimos que para lograr sacar adelante un trámite en lo público lo mínimo que se debía hacer era invitar a almorzar al funcionario a cargo del mencionado trámite? y, en muchas ocasiones en medio del almuerzo, hacerle entrega de un sobre que contenía una gruesa suma de dinero.

Y qué decir de los procesos de adjudicación de los contratos en el sector público donde se llegó al descaro, no en pocas ocasiones, de que los pliegos de condiciones los elaboraba quien luego sería el beneficiado con la mencionada adjudicación.

Estas prácticas llegaron a ser tan comunes que los colombianos acuñamos otra frase de esas que hacen historia y son la demostración de que no somos bobos, pero si permisivos con la corrupción: “QUE ROBEN PERO QUE HAGAN ALGO”.

Pues bien, finalizada la confrontación con la guerrilla de las Farc se requiere combatir otros flagelos que han venido azotando al país, y todo parece indicar que el enemigo a vencer por parte de la sociedad y el Gobierno es la corrupción.

Desde hace más de un año y medio y, aún mas, desde cuándo se implementó el cese bilateral al fuego con dicha guerrilla, el país ha podido vivir con más tranquilidad, lo que le ha permitido fijar su atención en otras situaciones que empiezan a mirar con preocupación y sobre las cuales exige se tomen medidas drásticas para combatirlas.

Tenemos, entonces, que la corrupción no es un hecho nuevo en el país. Lo que al parecer es nuevo es la exigencia que viene haciendo la sociedad de que se combata de forma clara y contundente dicho flagelo, y que se le dé la misma importancia que en un momento se le dio a la lucha contra los grupos subversivos y del narcotráfico.

Y al parecer los altos funcionarios del Estado han captado el mensaje y estarían dispuestos a librar dicha guerra contra el viejo nuevo enemigo como lo es la corrupción, en especial, nos referimos, al Fiscal General de la Nación actual, quien ha demostrado su compromiso con dicha lucha.

El actual Fiscal ha dejado saber a los colombianos, que, sin descuidar la lucha contra todas las formas de delincuencia, su Fiscalía no se enfocaría en perseguir al pequeño ladrón que hurta una cadena de oro en la Avenida Jiménez en Bogotá. Ha sido claro que su Fiscalía tendrá como meta perseguir esa delincuencia de cuello blanco y de altas esferas que existe en el país y que está especialmente enquistada en el sector público.

Y para muestra un botón: los colombianos hemos venido asistiendo, en calidad de testigos, a los avances que la Fiscalía ha realizado en investigaciones tan importantes como lo son REFICAR y ODEBRECHT, las cuales han arrojado los primeros resultados.

Al momento de escribir estas líneas, se conoce que fue objeto de captura el senador de la República Bernardo 'el ñoño' Elías, por existir serias pruebas que lo involucran con el escándalo de Odebrecht. Si bien dicha captura fue ordenada por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, toda la investigación que sirve como base para dicha decisión la ha adelantado la Fiscalía General de la Nación.

Llama fuertemente la atención los pronunciamientos realizados por el Fiscal General de la Nación, doctor Néstor Humberto Martínez Neira, en el sentido de que como estrategia para combatir la corrupción se deben adelantar procesos de colaboración con otros países, especialmente Estados Unidos, dirigidos a implementar procesos de extradición como normalmente se hace con el delito de tráfico de estupefacientes.

Si bien siempre hemos pensado que como país de leyes que somos no debemos entregar a otras naciones la potestad que tenemos de juzgar a nuestro nacionales por los delitos cometidos, también somos conscientes que en muchas ocasiones medidas tan drásticas como lo es la de la extradición se convierten en mecanismos apropiados de disuasión, y en tal sentido se hacen necesarios, o negaremos que el hecho de haber extraditado hace unos años a un grupo de taxistas que se dedicaban en Bogotá al paseo millonario no tuvo como efecto directo un disminución muy significativa en la comisión de esta clase de delitos en la capital del país.

Si se opta por esta medida tan drástica, como es la de extraditar a quienes sean hallados culpables de delitos que conlleven hechos de corrupción tengo la absoluta seguridad que servirá como medio de prevención para que en el futuro no se repitan esta clase de comportamientos.

Y sé que el Fiscal General de la Nación y sus asesores están convencidos de lo mismo, por lo que puedo decir con absoluta certeza que no existe ninguna posibilidad de que no sea extraditado el ex fiscal anticorrupción, doctor Luis Gustavo Moreno Rivera, ya que se quiere demostrar que la lucha contra la corrupción se inicia por la casa.

Bienvenida pues la paz con las Farc, bienvenida la lucha contra la corrupción. Ya es hora de que en Colombia empecemos a combatir con toda contundencia este flagelo; bienvenida la extradición para los corruptos. En poco tiempo espero que veamos carteles de se busca y de recompensa con la foto de muchos ‘personajillos’ que todos conocemos y sabemos de sus andanzas.

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