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Crisis de la Democracia: populismo y nacionalismo

February 1, 2017

La vida de la democracia está en periodos cíclicos, en los que se alza -en ocasiones- con destellos de grandeza, surgiendo la mayoría de las veces de crisis institucionales y personales más que del propio sistema democrático.
La Democracia es más que la voz del pueblo, es el buen gobierno. La gran apuesta del siglo XXI es la cobertura de los servicios públicos a poblaciones y regiones donde hasta ahora ni se había pensado en lograrlo.


En la conferencia de Davos, Suiza, de 1998 se trazó como objetivo cuidar el medio ambiente y nivelar económicamente las dos terceras partes de la población más vulnerable del planeta, particularmente radicadas en África, Latinoamérica y Asía meridional.


Tal objetivo fue plasmado en el documento elaborado por Klaus Schwab1, como parte de las memorias del más desafiante de los encuentros anuales en Davos. El Fin propuesto es erradicar la pobreza del planeta antes del año 2050.


No se entiende entonces como en la marco de la democracia subsisten modelos económicos excluyentes y el crecimiento de la pobreza, cuando es la democracia la llamada a ser la cuna de la prosperidad.


Es también ambicioso pretender que antes de pasar a un nuevo modelo de sociedad, sea la democracia la que tenga que resolver los más agudos problemas de la humanidad.  Es por eso que Rousseau llamó a la democracia la Utopía2 a pesar de ser el padre del Estado moderno, era consciente en la exposición de motivos de su idea de la Democracia, que ésta por sí sola no estaba llamada a resolver todas las cuestiones sociales, pero sí era la base para la reconstrucción de la sociedad con base en la participación directa y derivada de los pueblos.


Es también como Jean Bodin3 concentra todo el poder y legitimidad en el príncipe y coarta la libertad del ciudadano para que la voluntad del príncipe fuese directa realización de las políticas de desarrollo.
Se confronta también las ideas de Locke4 para demostrar que el poder de clases no es sinó el que ejerce la fuerza de los poderes económicos sobre quienes no tienen ni tierra ni riqueza.


Mario de la Cueva5, tal vez el sociólogo y jurista que más llevó sus ideas al positivismo del derecho laboral mexicano, expresa que al igual que lo expresó Cicerón, no se trata de tener un buen amo, sino de no tener ninguno. Tal vez esta frase resume en sí lo que busca una sociedad que se enfrenta en ideas por buscar la implementación de un modelo que permita el máximo de libertades y el máximo de beneficios de sus coasociados en dos frentes: libertad y progreso.


No es gratuito que el lema de las democracias modernas esté fundado en la defensa de la libertad y del progreso como garantía de la permanencia de ese modelo de desarrollo.


Nos enfrentamos hoy, en pleno Siglo XXI, paradójicamente cuando el mundo pensaba superado el cisma del NACIONALISMO, al resurgimiento de este sistema convulsivo de las sociedades; que ha producido más muertes y radicalización en las sociedades que todos los conflictos anteriores al siglo XVIII. Ni siquiera la inquisición radicalizó y dividió más a la sociedad que el Nacionalismo que se transforma en tentáculos de poder absoluto.


Hoy, cuando enfrentamos el más grave y agudo de los problemas del mundo moderno -como es la migración desbordada que lleva consigo pobreza, desplazamiento, violencia, resistencia y reacomodación a nuevos sistemas- es preciso que estemos preparados para abrir las puertas a una sociedad tolerante; donde las fronteras no sean una excusa para generar conflictos.


Hoy, Europa enfrenta el mayor movimiento migratorio de su historia, superando el registrado durante las décadas treinta y cuarenta.


Hoy, Colombia recibe por sus fronteras a hermanos venezolanos que escapan de un régimen totalitario; tal como lo hizo Venezuela cuando en los años sesenta y setenta recibió a más de 300.000 compatriotas que buscaban -después de una violencia fratricida- un nuevo porvenir.


Las fronteras sólo están en el imaginario, y debemos vencer los prejuicios que nos impiden compartir nuestras fortalezas y diferencias para construir una sociedad mejor.


Unidas las naciones podrán vencer los brotes de autoritarismo y nacionalismos que canceran el desarrollo.
Un mundo global, la gran aldea de la que hablara  el sociólogo canadiense Marshall McLuhan, debe enfrentar el gran reto de vencer el resurgimiento de nacionalismos y populismos, causantes de la decadencia de la democracia, que impiden gobiernos transparentes y positivos, gran objetivo de las democracias modernas.
Queda planteado el reto: ser innovadores atacando la corrupción que mina y mengua la democracia, implantando un modelo educativo tendiente al auto-gobierno; superando la sanción con cultura ciudadana.


Lo que el Profesor Gonzalo Araque -constitucionalista colombiano- denomina “El encuadramiento colectivo”. Ese es el reto que debemos enfrentar, buscando un relevo generacional y gubernamental que nos permita sembrar proyectos técnicos antes que políticos.

 

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1. Schwab, Klaus. Memorias del Foro Económico Mundial. Davos, Suiza, 1998.

2. Rousseau. La utopía de la Democracia.

3. Bodin, Jean. Los seis libros de la República.

4. Locke. La Justificación de la Dictadura.

5. De la Cueva, Mario. La idea del Estado. México. Fondo para la cultura económica. 1996.


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* Gustavo Alejandro Bohórquez García es abogado litigante, con experiencia en asuntos civiles y de familia. Experto en temas de inlcusión social y solución de conflictos sociales. Presidente de la Asociación País Digno.

 

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